L&S.- Los tatuajes y piercing acompañan al ser humano desde hace siglos. Han servido como símbolos religiosos, marcas de pertenencia, signos de rango, elementos rituales y, en épocas más recientes, como una forma de expresión personal y estética. Lo que antes podía identificar a determinados colectivos se ha convertido hoy en una práctica muy extendida que atraviesa edades, estilos y grupos sociales.
Sin embargo, tatuar o perforar el cuerpo no es un gesto completamente inocuo. Ambas técnicas atraviesan la barrera protectora de la piel o de las mucosas y, por tanto, pueden producir infecciones, reacciones inflamatorias, alergias o cicatrices. La mayor parte de los problemas pueden prevenirse escogiendo un establecimiento autorizado, utilizando material estéril y siguiendo correctamente los cuidados posteriores.
Tatuajes: qué ocurre realmente en la piel
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Un tatuaje permanente se realiza introduciendo pigmentos mediante agujas en la dermis, una capa más profunda que la epidermis. Precisamente por quedar depositada allí, la tinta permanece durante años y no desaparece con la renovación normal de la superficie cutánea.
El procedimiento provoca miles de pequeñas perforaciones. Durante los primeros días es normal encontrar cierto enrojecimiento, sensibilidad y una ligera inflamación. Lo que no debe considerarse normal es que el dolor aumente progresivamente, aparezca pus, fiebre, enrojecimiento que se extiende o una hinchazón intensa.
Cuidados de un tatuaje recién hecho
El cuidado durante los primeros días es fundamental para evitar infecciones y favorecer una buena cicatrización. El tatuador debe explicar qué hacer según la técnica utilizada y el tipo de apósito aplicado. Algunos tatuajes se cubren inicialmente con una película protectora convencional y otros con apósitos adhesivos específicos que pueden mantenerse durante más tiempo.
En general, conviene lavarse bien las manos antes de tocar la zona, limpiar suavemente el tatuaje siguiendo las instrucciones recibidas y secarlo sin frotar. No debe rascarse ni arrancarse la piel que se vaya desprendiendo durante la cicatrización, porque además de aumentar el riesgo de infección puede alterar el dibujo.
Durante este periodo también es prudente evitar piscinas, jacuzzis, baños prolongados y cualquier actividad que mantenga la zona húmeda durante mucho tiempo. Cuando el tatuaje haya cicatrizado, protegerlo del sol ayuda a conservar mejor los colores y disminuye el daño solar sobre la piel.
¿Qué efectos secundarios pueden producir los tatuajes?
Además de la infección, pueden aparecer reacciones alérgicas a determinados pigmentos, granulomas —pequeños nódulos inflamatorios alrededor de sustancias que el organismo reconoce como extrañas— y cicatrices hipertróficas o queloides en personas predispuestas.
También pueden aparecer reacciones inflamatorias meses o incluso años después de haberse realizado el tatuaje. En raras ocasiones se han descrito sensaciones de quemazón o hinchazón durante una resonancia magnética. Esto no significa que una persona tatuada no pueda someterse a una resonancia, pero conviene informar al personal sanitario.
Tintas para tatuajes: no todo vale
La seguridad del tatuaje no depende únicamente de que la aguja sea estéril. La propia tinta también debe ser segura y estar correctamente fabricada y conservada.
Incluso una tinta contenida en un envase aparentemente nuevo puede contaminarse con microorganismos si ha existido un problema durante su fabricación. La FDA ha documentado infecciones provocadas por tintas contaminadas y sigue realizando alertas cuando detecta lotes con microorganismos patógenos.
Tintas de tatuaje homologadas y regulación en Europa
En la Unión Europea existe una regulación específica sobre determinadas sustancias presentes en tintas para tatuaje y maquillaje permanente. Desde 2022, el reglamento REACH restringe miles de sustancias que pueden ser cancerígenas, mutágenas, tóxicas para la reproducción, irritantes o sensibilizantes cuando se utilizan en estas preparaciones.
Esto no significa que todas las tintas sean idénticas ni que cualquier producto comercializado por Internet sea apropiado para inyectarse en la piel. Antes de tatuarse conviene comprobar que el profesional utiliza tintas destinadas específicamente al tatuaje y conformes con la normativa aplicable.
¿Puede un tatuaje transmitir hepatitis o VIH?
El riesgo aparece principalmente cuando se reutilizan agujas, material contaminado o se trabaja sin las debidas condiciones higiénicas. El material que entra en contacto con sangre debe ser estéril o de un solo uso.
Un establecimiento profesional debe aplicar procedimientos adecuados para evitar la transmisión de microorganismos y enfermedades transmitidas por la sangre, entre ellas hepatitis B, hepatitis C y VIH. Por eso no es recomendable realizar tatuajes domésticos o acudir a lugares donde no pueda garantizarse la esterilidad del material.
Puede ampliarse información sobre las hepatitis y sobre el VIH y sida en nuestros artículos específicos.
Piercing: riesgos diferentes según la zona
Un piercing también rompe la barrera de la piel o de una mucosa, pero las complicaciones varían mucho dependiendo de dónde se realice. Puede haber sangrado, inflamación, infección, alergia al metal, cicatrización excesiva o rechazo de la joya.
Las perforaciones realizadas en cartílago, como determinadas zonas de la oreja, pueden presentar infecciones difíciles de tratar porque el cartílago tiene una irrigación sanguínea más limitada que otros tejidos.
Los piercing de boca y lengua presentan riesgos adicionales. La joyería puede lesionar dientes y empastes, producir recesión de las encías, interferir con el habla o la masticación y favorecer infecciones. Puede consultarse también nuestro artículo dedicado a los piercing orales.
Cómo cuidar un piercing nuevo
También en este caso la higiene es esencial. Conviene tocarlo únicamente con las manos limpias, mantener la zona según las instrucciones del profesional y observar cualquier cambio. En los piercing bucales puede recomendarse un enjuague sin alcohol durante la cicatrización.
Si aparece dolor creciente, inflamación intensa, secreción purulenta, fiebre o enrojecimiento que se extiende, debe solicitarse valoración sanitaria. Ante una posible infección no conviene retirar la joya por cuenta propia sin asesoramiento, ya que el orificio puede cerrarse y dificultar el drenaje.
Antes de hacerse un tatuaje o piercing
La decisión merece algo más de reflexión que elegir únicamente el dibujo o la joya. Es importante comprobar la higiene del establecimiento, que el material desechable se abra delante del cliente cuando corresponda, que exista una correcta esterilización del instrumental reutilizable y que se expliquen tanto los riesgos como los cuidados posteriores.
También conviene pensar en la permanencia. Los gustos y las circunstancias cambian con los años. La eliminación con láser ha avanzado mucho, pero puede requerir numerosas sesiones, ser costosa y no siempre consigue borrar por completo todos los pigmentos sin dejar cambios en la piel.
Tatuajes y piercing: una elección estética que también requiere seguridad
Tatuarse o colocarse un piercing forma parte de la libertad estética de cada persona y no tiene por qué ocasionar problemas cuando se realiza correctamente. La clave está en no tratarlo como un procedimiento trivial. Se está perforando la piel e introduciendo pigmentos o un cuerpo extraño, por lo que la higiene, la calidad de los materiales y los cuidados posteriores son fundamentales.
Elegir un buen profesional, utilizar tintas y joyería adecuadas, seguir las indicaciones de cicatrización y consultar ante cualquier señal de infección permite disfrutar de estas formas de decoración corporal reduciendo considerablemente los riesgos evitables.
Fuentes y referencias
- FDA — Tattoos, Temporary Tattoos & Permanent Makeup
- FDA — Think Before You Ink: Tattoo Safety
- European Chemicals Agency — Tattoo inks and permanent make-up
- American Dental Association — Oral Piercing and Jewelry
- NHS — Infected piercings


nanaa
🙁 madre mia ooooooooooooooo