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Genotipo ahorrador: qué es y qué tiene que ver con engordar

Genotipo ahorrador: qué es y qué tiene que ver con engordar

15 febrero, 2016 by Beatriz Puente Deja un comentario

L&S.- El genotipo ahorrador, también llamado de forma popular “gen ahorrador”, es una hipótesis que intenta explicar por qué algunas personas parecen tener una especial facilidad para almacenar energía y ganar peso.

La idea es sencilla: durante gran parte de la historia humana hubo épocas de abundancia y otras de escasez. En ese contexto, un organismo capaz de aprovechar muy bien la energía y guardar reservas podía tener una ventaja.

Sin embargo, una idea atractiva no es lo mismo que una teoría completamente demostrada. La ciencia sigue discutiendo hasta qué punto este mecanismo explica realmente la obesidad actual.

Quizá no exista un único “gen ahorrador”, pero el cuerpo sí sabe adaptarse a la escasez.

Genotipo ahorrador: ¿qué significa exactamente?

Contenidos

La hipótesis del genotipo ahorrador fue propuesta para explicar por qué determinados rasgos genéticos que favorecieran almacenar energía podrían haber resultado útiles en épocas en las que conseguir comida no estaba garantizado.

Por ejemplo, si dos personas atravesaban una época de escasez, quien hubiera conseguido almacenar mejor la energía disponible podría haber tenido más posibilidades de sobrevivir hasta que volviera la comida.

El problema aparece cuando trasladamos ese supuesto organismo “ahorrador” a un entorno moderno donde disponemos continuamente de alimentos muy energéticos y, además, nos movemos bastante menos.

La despensa de nuestros abuelos y el “por si acaso”

Quien haya conocido a personas que vivieron una guerra o una época de verdadera escasez probablemente haya visto algo curioso: la despensa siempre estaba llena “por si acaso”.

Después de haber pasado necesidad, guardar alimentos tenía todo el sentido del mundo.

El cuerpo no recuerda una guerra como la recuerda una persona, claro. Sin embargo, sí puede mantener durante un tiempo adaptaciones puestas en marcha durante una etapa de restricción energética.

Después de adelgazar pueden cambiar el gasto energético y las señales relacionadas con el hambre y la saciedad. Eso ayuda a entender por qué mantener el peso perdido puede resultar más difícil de lo que parecía mientras estábamos haciendo la dieta.

El cuerpo no piensa, pero responde

No existe una pequeña voz metabólica diciendo “guarda esto porque mañana quizá no haya comida”.

Pero sí existen mecanismos hormonales, nerviosos y metabólicos que responden a la disponibilidad energética.

Por eso, tras una restricción prolongada, el organismo puede comportarse de una manera que favorezca recuperar reservas cuando vuelve a aumentar la ingesta.

Eso conecta directamente con lo que explicamos al hablar del efecto rebote o efecto yo-yo.

El perro que guarda el hueso

La naturaleza está llena de estrategias de ahorro.

Un perro al que le sobra parte de un alimento puede esconderlo y volver a buscarlo más tarde. No hace cálculos sobre el futuro ni prepara un plan de supervivencia. Simplemente expresa una conducta que puede resultar útil cuando la comida no está siempre disponible.

Nuestro metabolismo no entierra huesos, evidentemente, pero también dispone de mecanismos para afrontar periodos de menor disponibilidad energética.

La comparación no demuestra la hipótesis del genotipo ahorrador, pero ayuda a entender por qué almacenar y conservar energía puede tener sentido desde el punto de vista de la supervivencia.

¿Existe realmente el genotipo ahorrador?

Aquí es donde debemos separar una historia muy convincente de lo que realmente ha demostrado la genética.

La hipótesis clásica propone que determinadas variantes genéticas relacionadas con el almacenamiento de energía fueron seleccionadas porque ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir durante periodos de hambre.

Sin embargo, los estudios genéticos no han encontrado un patrón suficientemente claro que confirme esta explicación como una regla general.

Algunos análisis de variantes relacionadas con obesidad y diabetes no han encontrado las señales de selección natural que cabría esperar si los llamados genes ahorradores hubieran sido una ventaja evolutiva dominante. Otros autores consideran que la hipótesis es demasiado simple para explicar la enorme variedad de respuestas metabólicas que observamos entre personas.

Eso no significa que la genética no influya en la obesidad. Influye, y mucho. Lo que no está demostrado es que exista un único mecanismo evolutivo que explique por qué unas personas almacenan energía con mayor facilidad que otras.

¿Entonces hablamos de “gen ahorrador” o de “genotipo ahorrador”?

Genotipo ahorrador es una expresión más correcta.

Hablar de “gen ahorrador” puede dar la impresión de que existe un único gen responsable de almacenar grasa, y la realidad es mucho más compleja.

La predisposición al peso corporal depende de numerosos genes, además de la alimentación, la actividad física, el sueño, la edad, las hormonas, la medicación y el entorno.

La hipótesis no está confirmada, pero el ahorro energético sí existe

Este es probablemente el punto más importante.

Aunque la hipótesis clásica del genotipo ahorrador siga siendo discutida, la capacidad del organismo para adaptarse a una restricción energética sí es real.

Cuando perdemos peso, pesamos menos y necesitamos menos energía. Además, pueden aparecer adaptaciones que favorezcan el hambre y reduzcan parcialmente el gasto energético.

Por tanto, después de dos meses haciendo una dieta muy restrictiva no siempre basta con volver a comer “como antes” y esperar que el nuevo peso permanezca inmóvil.

Es precisamente por eso que el mantenimiento tiene tanta importancia después de adelgazar.

Genotipo ahorrador y efecto rebote

Imaginemos una situación bastante común.

Una persona pasa dos meses reduciendo mucho su alimentación y consigue perder diez kilos. Después termina la dieta.

Al principio apenas ocurre nada. Luego recupera lentamente uno, dos, tres kilos. Como el cambio es gradual, puede pasar desapercibido durante meses.

Finalmente, siete u ocho meses después puede encontrarse muy cerca del peso inicial o incluso por encima.

Esto puede ocurrir, pero no significa que sea inevitable ni demuestra por sí solo la existencia de un genotipo ahorrador.

Lo que sí muestra es que perder peso y mantenerlo son dos fases diferentes.

En nuestro artículo sobre el efecto rebote explicamos con más detalle por qué recuperar peso no significa que el metabolismo haya quedado roto.

¿Por qué unas personas engordan más fácilmente que otras?

Porque no todos los cuerpos funcionan exactamente igual.

Dos personas pueden comer cantidades parecidas y tener resultados diferentes debido a diferencias en:

  • masa muscular;
  • actividad física;
  • metabolismo basal;
  • edad;
  • hormonas;
  • genética;
  • sueño y estrés;
  • medicación;
  • y hábitos cotidianos.

Por eso conviene entender también qué es el metabolismo basal y cómo cambia nuestra relación entre peso y edad.

El entorno moderno también cuenta

Nuestros antepasados no tenían un supermercado abierto hasta las diez, comida a domicilio ni una silla delante de una pantalla durante ocho horas.

Además, hoy disponemos de alimentos muy densos en energía que pueden consumirse con muy poco esfuerzo físico.

Por eso resulta demasiado sencillo culpar únicamente a nuestros genes.

La obesidad actual surge de una interacción compleja entre genética, biología, comportamiento y ambiente. La propia investigación evolutiva propone modelos alternativos al genotipo ahorrador clásico, como la llamada hipótesis del “genotipo errante” o drifty genotype. :contentReference[oaicite:1]{index=1}

Entonces, ¿tenemos un genotipo ahorrador o no?

No podemos saberlo de una manera sencilla ni utilizarlo como diagnóstico.

La hipótesis sigue siendo interesante porque plantea una pregunta muy buena: ¿pueden algunas características que ayudaron a sobrevivir en un entorno de escasez convertirse en un problema en un entorno de abundancia?

La respuesta probablemente sea más compleja que un único gen.

Algunos investigadores incluso siguen estudiando posibles ejemplos concretos de cambios evolutivos que podrían haber favorecido mecanismos ahorradores, mientras otros consideran que la evidencia global no apoya la versión clásica de la hipótesis. :contentReference[oaicite:2]{index=2}

En definitiva, el genotipo ahorrador es una hipótesis sugerente, pero no una explicación cerrada de la obesidad.

Quizá nuestros genes no lleven una despensa dentro. Pero nuestro organismo sí está preparado para sobrevivir cuando la energía escasea.


Última revisión: Agosto de 2026.

Contenido revisado editorialmente por Línea y Salud.

Advertencia: Este artículo tiene finalidad divulgativa y no pretende atribuir el sobrepeso o la obesidad a una única causa genética. El peso corporal depende de múltiples factores biológicos, ambientales y conductuales.

Acerca de Beatriz Puente:
Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.


Wang G, Speakman JR. Analysis of Positive Selection at Single Nucleotide Polymorphisms Associated with Body Mass Index Does Not Support the “Thrifty Gene” Hypothesis. Cell Metabolism. 2016. Consultar estudio.

Revisión sobre los orígenes evolutivos de la obesidad. La hipótesis del genotipo ahorrador resulta atractiva, pero puede ser demasiado simple para explicar la compleja distribución genética del riesgo de obesidad. Consultar estudio.

Southam L, et al. Is the thrifty genotype hypothesis supported by evidence based on confirmed type 2 diabetes- and obesity-susceptibility variants? Diabetologia. 2009. Consultar estudio.

Johnson RJ, et al. Do thrifty genes exist? Revisiting uricase. Obesity. 2022. Revisión de argumentos actuales a favor y en contra de posibles mecanismos genéticos ahorradores. Consultar estudio.

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Publicado en: Adelgazar, Línea Etiquetado como: dieta, dietas de adelgazamiento, efecto rebote, yoyó

Acerca de Beatriz Puente

- Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
- Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
- Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios

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