La hiperplasia de próstata puede provocar chorro débil, urgencia, nocturia y sensación de vaciado incompleto, aunque la intensidad de los síntomas no siempre depende del tamaño prostático.
L&S.- La hiperplasia de próstata, denominada con más precisión hiperplasia benigna de próstata (HBP), es un crecimiento no canceroso de esta glándula que se vuelve cada vez más frecuente a medida que el hombre envejece. No significa tener cáncer ni es lo mismo que una prostatitis, aunque las tres situaciones pueden producir algunos síntomas urinarios parecidos.
La próstata se encuentra justo debajo de la vejiga y rodea la primera parte de la uretra, el conducto por el que sale la orina. Por eso, cuando aumenta de tamaño o cambia la resistencia de los tejidos prostáticos, puede dificultar el paso de la orina y provocar chorro débil, necesidad de levantarse por la noche, urgencia, sensación de no vaciar completamente la vejiga o dificultad para empezar a orinar.
Sin embargo, el tamaño de la próstata y la intensidad de las molestias no siempre van de la mano. Hay hombres con próstatas bastante aumentadas que apenas tienen síntomas y otros con crecimientos menores que presentan problemas urinarios importantes. Por eso actualmente se presta tanta atención a los síntomas del tracto urinario inferior y a cuánto afectan a la calidad de vida.
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La hiperplasia significa que aumenta el número de células del tejido prostático. Conforme este tejido crece, puede comprimir la uretra y aumentar la resistencia que encuentra la vejiga para expulsar la orina.
La expresión tradicional “hipertrofia prostática benigna” todavía se utiliza con frecuencia, pero hiperplasia benigna de próstata es el término más preciso. También se habla de próstata agrandada o crecimiento benigno prostático.
Conviene aclarar algo que aparecía incorrectamente en versiones antiguas de este artículo: la hiperplasia benigna de próstata y la prostatitis no son la misma enfermedad. La prostatitis engloba procesos inflamatorios e infecciosos y síndromes de dolor pélvico que explicamos en nuestro artículo dedicado a la prostatitis.
No. La HBP es un crecimiento benigno y no constituye un cáncer de próstata. Tener una próstata aumentada no significa que ese crecimiento vaya a transformarse en maligno.
Eso no quiere decir que un hombre con HBP no pueda desarrollar cáncer de próstata de forma independiente. Ambas enfermedades son frecuentes a determinadas edades y pueden coexistir. Por esta razón, cuando aparecen síntomas urinarios el médico valora el conjunto de la situación y no atribuye automáticamente cualquier molestia a una próstata agrandada.
La edad es uno de los factores más claramente relacionados con la hiperplasia de próstata. A lo largo de los años se producen cambios hormonales y celulares en el tejido prostático que favorecen su crecimiento.
Los andrógenos participan en este proceso, especialmente la dihidrotestosterona (DHT), que se forma a partir de la testosterona por acción de la enzima 5-alfa-reductasa. De hecho, algunos de los medicamentos utilizados para reducir progresivamente el volumen prostático actúan precisamente inhibiendo esta enzima.
Esto no significa que la HBP se produzca simplemente porque un hombre tenga “demasiada testosterona”. La biología del crecimiento prostático es bastante más compleja y depende de la edad, la actividad hormonal dentro del propio tejido y otros mecanismos celulares.
Los síntomas que tradicionalmente se atribuían al “prostatismo” se denominan actualmente síntomas del tracto urinario inferior o LUTS, por sus siglas en inglés. Se dividen en síntomas relacionados con el vaciado, con el almacenamiento de la orina y con lo que ocurre después de orinar.
La urgencia puede llegar en algunos hombres a producir incontinencia de urgencia, pero es importante no confundir cualquier dificultad para orinar con incontinencia. El chorro débil o la dificultad para empezar son problemas de vaciado; la pérdida involuntaria de orina es otra manifestación diferente.
No. Y esta es una distinción importante. Los mismos síntomas pueden aparecer por alteraciones de la vejiga, infecciones urinarias, prostatitis, determinados medicamentos, problemas neurológicos, diabetes, estrechamientos de la uretra y otras enfermedades.
Además, un hombre puede tener una próstata agrandada y que parte de sus molestias procedan realmente de una vejiga hiperactiva. Por eso no siempre es correcto pensar: “orino mucho porque tengo próstata”. El diagnóstico debe intentar averiguar qué mecanismo está provocando cada síntoma.
Levantarse varias veces para orinar es una de las molestias que más afectan al descanso, pero la nocturia tampoco es exclusiva de la hiperplasia de próstata.
Beber gran cantidad de líquido por la noche, consumir alcohol o cafeína a última hora, ciertos medicamentos, trastornos del sueño, diabetes, insuficiencia cardiaca y otros problemas pueden aumentar la producción nocturna de orina.
Por eso, cuando la nocturia es el síntoma predominante, conviene estudiar sus posibles causas en lugar de asumir automáticamente que todo procede de la próstata.
La relación entre HBP, síntomas urinarios y función sexual es compleja. Los hombres que presentan síntomas urinarios importantes tienen con mayor frecuencia problemas de erección, pero eso no significa necesariamente que la próstata agrandada comprima algún mecanismo responsable de la erección.
La edad, la salud vascular, la diabetes, la hipertensión, algunos medicamentos y otros factores pueden intervenir simultáneamente. Además, determinados tratamientos prostáticos pueden afectar a la eyaculación o a la función sexual.
Por eso conviene valorar ambos problemas por separado. La erección depende de mecanismos vasculares, neurológicos y hormonales mucho más amplios que el tamaño de la próstata.
La valoración comienza con algo tan sencillo como conocer exactamente los síntomas. El médico preguntará con qué frecuencia aparecen, desde cuándo existen, cuánto molestan y qué medicamentos o suplementos toma el paciente.
Con frecuencia se utiliza el International Prostate Symptom Score (IPSS), un cuestionario que permite puntuar la intensidad de las molestias y valorar cómo afectan a la calidad de vida.
También puede realizarse una exploración física que incluya abdomen, genitales y tacto rectal. Este permite estimar las características de la próstata, aunque por sí solo no determina con precisión su volumen ni diagnostica todas las causas de los síntomas urinarios.
No todos los hombres necesitan todas las pruebas. Según los síntomas, la edad y los hallazgos de la exploración, pueden utilizarse diferentes estudios.
El PSA o antígeno prostático específico merece una explicación propia porque un valor elevado no equivale automáticamente a cáncer. La HBP, una inflamación y otras circunstancias también pueden modificarlo.
En internet son frecuentes búsquedas como “hiperplasia de próstata grado 1”, “grado 2” o “grado 3”. Sin embargo, estas denominaciones no constituyen por sí solas una escala universal que determine la gravedad clínica.
Un informe ecográfico puede clasificar el aumento de volumen de diferentes maneras, pero lo verdaderamente importante es combinar tamaño de la próstata, intensidad de los síntomas, flujo urinario, residuo posmiccional y repercusión sobre la calidad de vida.
Una próstata grande no obliga necesariamente a operar, del mismo modo que una próstata de tamaño moderado puede producir síntomas importantes.
El tratamiento se elige en función de la intensidad de los síntomas, el tamaño prostático, el riesgo de progresión, las complicaciones, la función sexual y las preferencias del paciente. No existe una única solución adecuada para todos.
Cuando las molestias son leves y no existen complicaciones, una opción perfectamente válida es la vigilancia activa acompañada de cambios de hábitos. Si los síntomas afectan a la calidad de vida, pueden utilizarse medicamentos. Y cuando existe obstrucción importante, complicaciones o una respuesta insuficiente al tratamiento conservador, hay diferentes procedimientos quirúrgicos y mínimamente invasivos.
Algunas medidas sencillas no reducen necesariamente el tamaño de la próstata, pero pueden disminuir bastante las molestias urinarias.
Algunos descongestionantes utilizados para resfriados contienen sustancias con efecto alfa-adrenérgico que pueden dificultar todavía más la micción en hombres susceptibles. Algunos antihistamínicos también pueden favorecer retención urinaria. Esto no significa que haya que suspender por cuenta propia un medicamento necesario, sino consultar si coinciden el tratamiento y un empeoramiento de los síntomas.
Los alfabloqueantes, como tamsulosina o alfuzosina, relajan el músculo liso de próstata y cuello de la vejiga y pueden mejorar relativamente pronto el flujo y los síntomas. No reducen de forma importante el tamaño prostático y pueden provocar efectos adversos como mareo o alteraciones de la eyaculación.
Los inhibidores de la 5-alfa-reductasa, como finasterida y dutasterida, actúan sobre el metabolismo de la DHT y pueden reducir progresivamente el volumen de la próstata. Su efecto tarda meses y se utilizan sobre todo cuando existe un crecimiento prostático suficientemente importante o riesgo de progresión.
En algunos hombres se combinan ambas familias. También existen tratamientos destinados principalmente a síntomas de almacenamiento, como urgencia y frecuencia, y el tadalafilo puede utilizarse en determinados pacientes con síntomas urinarios, especialmente cuando también existe disfunción eréctil.
La cirugía ya no constituye una única técnica ni se reserva simplemente para “próstatas muy grandes”. Se plantea cuando los síntomas son importantes y no responden suficientemente a otras medidas, cuando existe una obstrucción relevante o cuando aparecen determinadas complicaciones.
Entre los procedimientos actuales se encuentran la resección transuretral de próstata (RTU/TURP), técnicas de enucleación con láser como HoLEP y diferentes procedimientos mínimamente invasivos. La elección depende del tamaño y anatomía de la próstata, la experiencia del centro, las enfermedades del paciente y la importancia que conceda a conservar determinadas funciones, incluida la eyaculación.
Por eso, antes de una intervención resulta razonable preguntar qué técnica propone el especialista, por qué la recomienda en ese caso y qué efectos puede tener sobre micción, erección y eyaculación.
La fitoterapia prostática tiene una larga historia y algunos preparados han sido estudiados mucho más que otros. Aquí conviene evitar dos extremos: afirmar que todo producto natural funciona porque se ha utilizado durante décadas, o descartar automáticamente cualquier planta porque la evidencia no sea comparable a la de un medicamento.
Lo razonable es observar qué producto concreto se estudió, qué extracto se utilizó, en qué dosis, sobre qué síntomas y con qué calidad metodológica.
El saw palmetto (Serenoa repens) es probablemente uno de los productos naturales más conocidos para los síntomas prostáticos.
Se han propuesto diversos mecanismos relacionados con la actividad de la 5-alfa-reductasa y procesos inflamatorios. Sin embargo, los resultados de los ensayos clínicos y revisiones no han sido uniformes y dependen también del tipo de extracto empleado. Por ello no es correcto afirmar simplemente que “desinflama la próstata con eficacia demostrada” para cualquier producto comercial.
Algunos hombres refieren mejoría de los síntomas y determinados extractos estandarizados cuentan con una tradición clínica importante, pero no debe utilizarse para retrasar una valoración médica cuando aparecen síntomas nuevos o importantes.
La maca roja resulta especialmente interesante desde el punto de vista experimental. Diversos trabajos realizados por investigadores peruanos han observado que extractos de maca roja reducen el peso de la próstata en modelos de hiperplasia inducida por testosterona en ratas.
En algunos de estos experimentos se observó una respuesta relacionada con la dosis y se han investigado posibles mecanismos asociados a glucosinolatos y receptores hormonales. Son resultados que justifican interés científico, pero todavía existe una diferencia importante entre demostrar un efecto en un modelo animal y disponer de ensayos clínicos sólidos que demuestren que la maca roja reduce el volumen prostático en hombres con HBP.
Por eso la situamos como una posibilidad experimental y prometedora, no como un tratamiento humano demostrado.
Las semillas de calabaza y su aceite tienen una tradición extensa en el cuidado urinario masculino y, en este caso, sí existen algunos estudios realizados directamente en hombres.
Un ensayo de un año realizado en más de 1.400 hombres con síntomas urinarios relacionados con HBP encontró mejoría sintomática con semillas de calabaza, aunque el extracto utilizado en cápsulas no mostró la misma diferencia frente a placebo. Otros ensayos más pequeños han encontrado reducción de la puntuación de síntomas con aceite de semillas de calabaza.
En un estudio clínico que lo comparó con tamsulosina, ambos grupos mejoraron, aunque la tamsulosina produjo una reducción mayor de los síntomas. Estos resultados son interesantes y apoyan que merece seguir investigándose, pero no permiten asegurar que el aceite de calabaza sustituya a los tratamientos médicos cuando estos están indicados.
Puede ampliarse información en nuestro artículo sobre aceite de semillas de calabaza.
El beta-sitosterol es un fitoesterol presente en diferentes plantas y suplementos prostáticos. Algunos ensayos han observado mejorías en puntuaciones de síntomas y flujo urinario, aunque no está tan claro su efecto a largo plazo sobre el crecimiento prostático o las complicaciones de la enfermedad.
Es otro ejemplo de sustancia que puede tener interés para determinados síntomas sin que eso permita afirmar que “cura” la hiperplasia o reduce necesariamente la próstata de manera significativa.
Esta es una de las preguntas más habituales y necesita una respuesta matizada. Que un producto mejore la frecuencia urinaria o el chorro no demuestra necesariamente que haya reducido físicamente la próstata.
En medicina convencional sí existen fármacos capaces de reducir progresivamente el volumen prostático en determinados hombres. Entre los productos naturales hay señales interesantes, especialmente experimentales en el caso de la maca roja y clínicas pero todavía limitadas en productos derivados de la calabaza y algunos extractos vegetales.
Por tanto, puede haber ayudas complementarias, pero conviene distinguir entre mejorar síntomas y demostrar una reducción del tamaño de la próstata.
La HBP está muy relacionada con el envejecimiento y no suele hablarse de “cura” en el sentido de eliminar definitivamente la tendencia biológica que favorece el crecimiento de la próstata.
Lo que sí puede hacerse es controlar muy bien sus síntomas, reducir el volumen prostático con determinados tratamientos y, cuando es necesario, eliminar o retirar parte del tejido que está obstruyendo la salida de la orina mediante diferentes procedimientos.
Muchos hombres pueden permanecer durante años con síntomas leves y estables, mientras que otros necesitan tratamiento porque las molestias progresan. La evolución es individual.
Los síntomas de la hiperplasia de próstata suelen evolucionar lentamente, pero algunas situaciones necesitan valoración médica más rápida.
La retención urinaria aguda, en la que el hombre tiene la vejiga llena pero es incapaz de orinar, requiere atención médica urgente.
Una próstata agrandada puede resultar muy molesta, especialmente cuando obliga a levantarse repetidamente durante la noche, condiciona los viajes o hace que el hombre esté pendiente de localizar continuamente un baño. Sin embargo, disponer de síntomas no significa necesariamente que la enfermedad vaya a progresar hasta necesitar una operación.
La clave es saber qué está provocando las molestias, medir su intensidad y revisar su evolución. Entre la simple resignación y la cirugía existe actualmente un abanico muy amplio de opciones: cambios de hábitos, seguimiento, medicamentos, tratamientos complementarios y procedimientos mínimamente invasivos o quirúrgicos cuando realmente hacen falta.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración individual por un profesional sanitario. Los síntomas urinarios pueden tener diferentes causas y conviene estudiarlos antes de atribuirlos únicamente a una próstata aumentada.
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.
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