Sistema nervioso parasimpático y nervio vago
L&S.- El sistema nervioso parasimpático forma parte del sistema nervioso autónomo, la red encargada de regular muchas funciones que nuestro organismo realiza sin que tengamos que pensar en ellas: frecuencia cardíaca, digestión, secreciones, respiración, micción o determinados aspectos de la función sexual.
A menudo se describe como el sistema del “reposo y la digestión” porque favorece muchas funciones relacionadas con la recuperación, el mantenimiento y la actividad digestiva. Sin embargo, no funciona como un simple interruptor que se enciende cuando el sistema simpático se apaga. Ambos sistemas trabajan de forma continua y coordinada para adaptar el organismo a cada situación.
Contenidos
Nota: El sistema nervioso parasimpático es una de las ramas del sistema nervioso autónomo y trabaja de forma coordinada con el simpático, el entérico y los centros de regulación del sistema nervioso central. En este artículo verás cómo favorece funciones de recuperación, conservación de energía y digestión y, desde el menú siguiente, podrás situarlo dentro del conjunto.
El sistema nervioso parasimpático es una de las grandes divisiones del sistema nervioso autónomo. Su función principal consiste en regular procesos que predominan especialmente cuando el organismo se encuentra en situaciones de seguridad, descanso y recuperación.
Entre sus acciones se encuentran:
La Cleveland Clinic describe el sistema parasimpático como la parte del sistema nervioso autónomo asociada especialmente con las funciones de reposo, digestión y conservación de energía.
El sistema simpático y el sistema nervioso parasimpático producen efectos diferentes sobre numerosos órganos.
El simpático suele aumentar su actividad cuando el organismo necesita movilizar recursos: ejercicio, estrés, frío, peligro o situaciones que requieren una respuesta rápida. El parasimpático favorece muchas funciones relacionadas con el mantenimiento cotidiano del organismo y la recuperación.
De forma muy simplificada:
| Función | Simpático | Parasimpático |
|---|---|---|
| Corazón | Aumenta frecuencia y fuerza de contracción | Puede disminuir la frecuencia cardíaca |
| Pupilas | Favorece su dilatación | Favorece su contracción |
| Digestión | Puede reducir temporalmente algunas funciones digestivas | Favorece motilidad y secreciones |
| Estado general | Movilización y respuesta a demandas | Mantenimiento, digestión y recuperación |
Pero esta tabla no debe hacernos pensar que uno es “bueno” y el otro “malo”. Necesitamos ambos. Lo importante es que el organismo sea capaz de modificar su actividad de forma flexible según las circunstancias.
Uno de los grandes protagonistas del sistema parasimpático es el nervio vago. Este es el décimo nervio craneal y constituye una de las principales vías de comunicación entre el tronco encefálico y numerosos órganos del tórax y del abdomen. también participa en la regulación de:
Una característica especialmente interesante es que gran parte de las fibras del nervio vago transportan información desde los órganos hacia el cerebro. Es decir, el cerebro no solo envía órdenes al cuerpo: también recibe continuamente información sobre lo que está ocurriendo en él.
Esta comunicación es una pieza fundamental del llamado eje intestino-cerebro.
La expresión inglesa rest and digest —reposar y digerir— resume bastante bien una parte de la actividad parasimpática. Cuando el organismo se encuentra en una situación de relativa calma, el sistema parasimpático favorece la actividad digestiva mediante mecanismos como:
Esto no significa que la digestión se detenga cuando aumenta la actividad simpática. El aparato digestivo continúa funcionando, pero puede modificar su ritmo y prioridades.
Para entender mejor cómo se organiza la actividad nerviosa del intestino, puedes consultar El intestino es el segundo cerebro: qué significa realmente.
El aparato digestivo posee además su propio sistema nervioso: el sistema nervioso entérico. Esta extensa red de neuronas controla buena parte de la motilidad, las secreciones y otros procesos digestivos. Puede funcionar con un elevado grado de autonomía, aunque mantiene una comunicación constante con los sistemas simpático y parasimpático. Por tanto el sistema digestivo no depende exclusivamente de órdenes procedentes del cerebro.
La conexión entre sistema nervioso central, nervio vago, sistema nervioso entérico y microbiota forma parte de una red de comunicación mucho más amplia que hoy conocemos como eje microbiota-intestino-cerebro.
El principal neurotransmisor utilizado por el sistema parasimpático es la acetilcolina. Las neuronas preganglionares liberan acetilcolina sobre receptores nicotínicos y las neuronas postganglionares parasimpáticas liberan principalmente acetilcolina sobre receptores muscarínicos de los órganos diana.
Esta señalización permite regular funciones tan distintas como la frecuencia cardíaca, la actividad gastrointestinal, la contracción de la vejiga o el tamaño de las pupilas.
Uno de los efectos parasimpáticos más conocidos aparece en el corazón.
A través del nervio vago, el sistema parasimpático puede disminuir la frecuencia con la que el nodo sinusal genera impulsos eléctricos.
Esta influencia es especialmente importante en reposo.
El corazón, sin embargo, no está gobernado únicamente por el parasimpático. La frecuencia cardíaca resulta del equilibrio dinámico entre múltiples señales nerviosas, hormonales y metabólicas.
Durante una situación de estrés, el organismo modifica su regulación autonómica.
Puede aumentar la actividad simpática y disminuir temporalmente determinadas funciones asociadas al reposo y a la digestión.
Eso explica algunos síntomas frecuentes durante períodos de estrés intenso:
Pero sería incorrecto afirmar que el estrés “bloquea” por completo el sistema parasimpático. Ambos sistemas siguen activos y su relación cambia según las necesidades del organismo.
Se habla mucho de “activar el parasimpático”, pero conviene interpretar bien esta expresión.
No disponemos de un interruptor voluntario con el que podamos apagar el sistema simpático y encender el parasimpático.
Lo que sí podemos hacer es favorecer situaciones en las que disminuya progresivamente el estado de activación fisiológica y aumenten las condiciones asociadas al descanso y la recuperación.
Entre ellas pueden resultar útiles:
Puede interesarte también nuestro artículo sobre relajación profunda.
La respiración es especialmente interesante porque es una función automática que también podemos modificar conscientemente.
Respirar más despacio puede influir sobre la regulación autonómica y suele acompañarse de una reducción de la frecuencia cardíaca y de la sensación subjetiva de activación.
No es necesario forzar grandes inspiraciones. Una respiración tranquila, cómoda y algo más lenta puede ser suficiente para favorecer un estado fisiológico de mayor calma.
No. Su función es mucho más amplia.
El parasimpático participa diariamente en:
Por eso reducirlo simplemente a “el sistema de la relajación” deja fuera buena parte de su importancia fisiológica.
Una persona sana necesita aumentar su nivel de activación para levantarse, caminar deprisa, hacer deporte, trabajar, resolver un problema o reaccionar ante un peligro. Después necesita recuperar.
El objetivo no es mantener siempre predominante el sistema nervioso parasimpático, sino conservar la capacidad del organismo para adaptarse. Esta flexibilidad autonómica permite aumentar la actividad cuando las circunstancias lo requieren y reducirla cuando la demanda desaparece.
Comprender esta relación ayuda también a entender por qué el estrés, las emociones y el estado de alerta pueden sentirse con tanta claridad en el corazón, la respiración o el aparato digestivo.
Cleveland Clinic. Parasympathetic Nervous System
Cleveland Clinic. Autonomic Nervous System: Function and Divisions
Gershon MD, Gross Margolis K. The gut, its microbiome, and the brain: connections and communications
Enteric nervous system: sensory transduction, neural circuits and gastrointestinal motility
Última revisión: Agosto de 2026
Contenido revisado con fines divulgativos. Este artículo no sustituye el diagnóstico, tratamiento ni las recomendaciones individualizadas de un profesional sanitario.
Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.
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