L&S.- Cuando una pareja deja de tener relaciones sexuales con la frecuencia que antes tenía, es fácil pensar que algo se ha roto. Pero muchas otras veces la falta de actividad sexual tiene una explicación bastante menos dramática: cansancio, estrés, preocupaciones, dolor, cambios hormonales, medicamentos, rutina o simplemente dos personas cuyo deseo no aparece al mismo tiempo.
La falta de actividad sexual no significa necesariamente falta de amor ni anuncia por sí sola el final de una relación. Lo importante es comprender por qué ha cambiado la intimidad y, sobre todo, si alguno de los dos está sufriendo por ello.
Falta de actividad sexual: cuando disminuye el deseo en la pareja
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El deseo sexual no es una constante. Puede aumentar, disminuir o desaparecer temporalmente a lo largo de la vida. El estrés, la falta de sueño, las responsabilidades familiares, los problemas laborales, una enfermedad o un periodo emocional complicado pueden hacer que el sexo quede en segundo plano.
También pueden intervenir causas físicas. El dolor durante las relaciones, la sequedad vaginal, la menopausia, determinados problemas hormonales, la disfunción eréctil y algunos medicamentos pueden reducir considerablemente las ganas de mantener relaciones sexuales.
Por eso conviene evitar una interpretación demasiado rápida: menos sexo no equivale automáticamente a menos amor.
No todas las personas sienten el deseo de la misma manera
Durante mucho tiempo se habló del deseo como si necesariamente tuviera que aparecer primero y conducir después a la excitación. Sin embargo, actualmente sabemos que en algunas personas ocurre de otra forma.
Existe un deseo espontáneo, que aparece sin necesidad de estímulos previos, y un deseo responsivo, que puede surgir después de comenzar a disfrutar de la cercanía, las caricias, el contacto o una situación íntima. La ausencia de unas ganas repentinas de mantener relaciones no significa necesariamente que el deseo haya desaparecido.
Esta diferencia puede explicar muchos malentendidos en parejas estables: uno espera que el otro “tenga ganas” antes de acercarse, mientras que el otro necesita primero sentirse relajado, querido o estimulado para que esas ganas aparezcan.
El problema de la falta de actividad sexual muchas veces no es la frecuencia
No existe una cantidad de relaciones sexuales que convierta una pareja en saludable. Algunas parejas mantienen relaciones varias veces por semana; otras, algunas veces al mes; otras atraviesan etapas prolongadas con muy poca actividad sexual y continúan sintiéndose íntimamente unidas.
El conflicto aparece especialmente cuando existe una diferencia importante de deseo: una persona quiere mantener relaciones con mayor frecuencia que la otra y esa diferencia empieza a generar rechazo, frustración, presión o resentimiento.
La medicina sexual considera hoy esta discrepancia de deseo uno de los motivos habituales por los que las parejas buscan ayuda. El objetivo no debería ser determinar quién tiene “la frecuencia correcta”, sino encontrar un punto en el que ninguno se sienta obligado ni rechazado.
La rutina también puede apagar la curiosidad
Después de muchos años juntos puede desaparecer una parte de la novedad que acompañaba al comienzo de la relación. El trabajo, las obligaciones y la convivencia hacen además que la pareja pase mucho tiempo junta, pero no necesariamente tiempo dedicado a ser pareja.
Recuperar intimidad no exige organizar constantemente viajes románticos ni grandes acontecimientos. A veces consiste simplemente en recuperar espacios sin prisas, conversación, contacto físico, humor, caricias o pequeños gestos que habían ido desapareciendo.
Incluso reservar tiempo para estar juntos puede ser útil. Planificar un encuentro íntimo no lo convierte necesariamente en artificial: la anticipación también puede formar parte del deseo.
Cuando el sexo empieza a convertirse en obligación
Intentar recuperar la actividad sexual mediante presión suele empeorar el problema. Mantener relaciones para evitar una discusión, demostrar cariño o cumplir una determinada frecuencia puede hacer que el sexo termine asociándose con ansiedad o rechazo.
Lo mismo ocurre si existe dolor. En la menopausia, por ejemplo, la sequedad y los cambios vaginales pueden hacer incómodas las relaciones. En ese caso no se trata de “esforzarse más”, sino de solucionar primero la molestia.
Puede resultar útil consultar nuestros artículos sobre vagina y menopausia y coito doloroso en la menopausia.
¿Se puede recuperar la intimidad?
En muchos casos, sí. Pero no siempre consiste en “tener más sexo”. A veces el primer paso es volver a hablar de él.
Puede ayudar preguntarse qué ha cambiado: si existe cansancio, dolor, estrés, resentimiento, falta de privacidad, problemas de autoestima, efectos secundarios de medicamentos o sencillamente una manera diferente de experimentar el deseo.
Los tratamientos psicológicos y la terapia sexual pueden ser útiles cuando la pérdida de deseo provoca malestar. La evidencia actual recomienda abordar estos problemas considerando conjuntamente los factores físicos, psicológicos y de pareja, en lugar de buscar una única causa o una solución universal.
Preguntas frecuentes sobre la falta de actividad sexual
¿Es malo pasar mucho tiempo sin mantener relaciones sexuales?
No necesariamente. La ausencia de sexo no provoca por sí sola una enfermedad ni significa que exista un problema de pareja. Importa sobre todo si esa situación genera malestar en una de las personas o en ambas.
¿Tener menos relaciones significa que ya no queremos a nuestra pareja?
No. El deseo sexual y el afecto están relacionados en algunas personas, pero no son lo mismo. Una persona puede querer profundamente a su pareja y atravesar una etapa de deseo muy bajo.
¿Quién suele perder antes el deseo, el hombre o la mujer?
No existe una regla válida para todas las parejas. El deseo puede disminuir en hombres y mujeres y está influido por numerosos factores físicos, emocionales y sociales.
¿Conviene obligarse un poco para recuperar las ganas?
No conviene mantener relaciones no deseadas. Otra cosa distinta es crear voluntariamente espacios de intimidad, contacto y cercanía que permitan comprobar si aparece un deseo responsivo.
¿Los medicamentos pueden reducir el deseo?
Sí. Algunos antidepresivos y otros tratamientos pueden afectar al deseo, la excitación o el orgasmo. Si el cambio coincide con el inicio de un medicamento, conviene comentarlo con el profesional que lo prescribió y no suspenderlo por cuenta propia.
¿Cuándo merece la pena consultar?
Cuando la pérdida de deseo produce sufrimiento, conflicto persistente, dolor durante las relaciones o un cambio importante respecto a lo habitual, puede ser útil consultar con un profesional sanitario o de terapia sexual.
La intimidad no se mide con un calendario
Una pareja no es más sólida por alcanzar determinado número de relaciones sexuales al mes. Lo que suele marcar la diferencia es que ambos puedan hablar de sus deseos, límites y necesidades sin sentirse juzgados.
La sexualidad puede ser uno de los vínculos de la pareja, pero no debería convertirse en un examen que haya que aprobar. Cuando hay deseo, cuidado, curiosidad y libertad para decir tanto “sí” como “hoy no”, la intimidad tiene muchas más posibilidades de mantenerse viva.
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Fuentes y referencias
- International Consultation on Sexual Medicine. Evaluation and management of hypoactive sexual desire disorder in women. Sexual Medicine Reviews.
- What Women Want? State of the art regarding hypoactive sexual desire disorder. Pharmacology.
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración sanitaria o psicológica individual. La pérdida persistente del deseo, especialmente cuando produce sufrimiento, dolor o conflicto de pareja, puede necesitar una valoración profesional.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.


Qué difícil está el conseguir eso hoy en día. Yo veo a mis papis y todavía, siendo mayores se les ve así…
Eso es el ideal, pero veo muy difícil conseguirlo