Sexualidad

Sexo tántrico: qué es, cómo se practica y qué hay de verdad

L&S.- Hay una manera de vivir el sexo como si hubiera que hacerlo bien. Tener deseo en el momento adecuado, excitarse pronto, mantener el ritmo, llegar al orgasmo y, a ser posible, sacar buena nota. El sexo tántrico propone casi lo contrario: despreocuparse del sexo para ocuparse de él.

No porque desaparezca el deseo, la excitación o el orgasmo. Pueden estar todos. Lo que cambia es el lugar que ocupan. La atención deja de estar puesta únicamente en “llegar” y se desplaza hacia lo que ocurre mientras estamos juntos: la respiración, la piel, el olor, las miradas, las pausas, las caricias y aquello que muchas veces se pierde cuando vamos demasiado deprisa.

Porque, al final, en el sexo hay más que sólo sexo.

¿Qué es realmente el sexo tántrico?

Contenidos

Explicarlo no es sencillo porque bajo el nombre de sexo tántrico conviven hoy cosas bastante diferentes.

El Tantra es un conjunto amplio y diverso de tradiciones religiosas y filosóficas desarrolladas históricamente en el sur de Asia, especialmente dentro del hinduismo y del budismo. Incluye rituales, meditación, visualización, trabajo corporal y numerosas prácticas que nada tienen que ver con las relaciones sexuales.

La sexualidad estuvo presente en determinadas corrientes y rituales tántricos, pero reducir el Tantra histórico a una técnica sexual es una simplificación occidental moderna.

Lo que actualmente suele llamarse sexo tántrico en Occidente es, en buena medida, una adaptación contemporánea que ha incorporado respiración, atención plena, contacto prolongado, comunicación, sensualidad y una sexualidad menos orientada al rendimiento.

Y aunque no todo lo que hoy se enseña como “tántrico” proceda realmente de una tradición antigua, eso no significa que carezca de valor.

No, el Tantra no nació como un manual para tener mejores orgasmos

Durante años han circulado historias que sitúan el origen del Tantra hace 4.000 o 5.000 años y lo presentan casi como una antigua ciencia sexual.

La historia es bastante más compleja.

Los estudios académicos sitúan el desarrollo de los sistemas tántricos reconocibles mucho más tarde. Existen antecedentes anteriores, pero las tradiciones y textos que podemos identificar con claridad como tántricos se desarrollaron especialmente durante el primer milenio de nuestra era.

Además, las prácticas sexuales fueron solamente una parte de determinadas corrientes. En otras ni siquiera ocuparon un lugar central.

Por eso tampoco debe confundirse el Tantra con el Kamasutra. El segundo pertenece a otra tradición y es un tratado sobre amor, relaciones y erotismo; no es un manual de Tantra.

Entonces, ¿qué hacemos hoy cuando hablamos de sexo tántrico?

En su versión moderna, normalmente hablamos de una forma de acercarse a la intimidad con más atención y menos prisa.

No hace falta mantener relaciones durante cinco horas, dominar posturas imposibles ni ser capaz de mirar fijamente a la pareja hasta alcanzar un estado místico.

Puede haber penetración o no. Puede haber orgasmo o no. Puede haber eyaculación o no.

Lo verdaderamente característico es intentar permanecer en la experiencia en lugar de perseguir constantemente el siguiente paso.

Y aquí aparece una diferencia muy interesante con cierta manera de vivir la sexualidad moderna: el orgasmo deja de ser el examen final.

Sexo tradicional frente a sexo tántrico: quizá no sean enemigos

En el artículo original hablábamos de “sexo tradicional frente a sexo tántrico”. Hoy haríamos una pequeña corrección.

No existe un sexo tradicional único, ni toda relación convencional es rápida, genital o poco profunda.

Una pareja puede practicar una sexualidad extraordinariamente atenta, amorosa y sensual sin haber oído jamás hablar de Tantra.

La diferencia está más bien en la intención.

La propuesta tántrica contemporánea invita a ampliar aquello a lo que prestamos atención: no sólo genitales, sino todo el cuerpo; no sólo excitación, sino también respiración, comodidad, temperatura, ritmo, contacto, silencios y emociones.

Es potenciar los sentidos, no únicamente determinadas partes del cuerpo.

Los cinco sentidos también tienen relaciones sexuales

Uno de los aspectos más interesantes de este enfoque es recuperar cosas sencillas.

La piel.

El olor de la otra persona.

La manera en que respiramos.

Un beso que no necesita conducir inmediatamente a otra cosa.

La presión de una mano.

Una mirada.

Incluso el ambiente: una postura cómoda, la temperatura, la luz, el sonido o el silencio.

No hay ninguna magia fisiológica en ello. Lo que hacemos es darle al cerebro más información sensorial y menos instrucciones sobre lo que tiene que conseguir.

Y eso puede cambiar considerablemente la experiencia.

Estar donde está el cuerpo

Una de las ideas centrales del texto original era tener los sentidos puestos en el momento.

Hoy tenemos además una pista científica interesante para entender por qué eso puede ayudar.

Las intervenciones basadas en mindfulness o atención plena se han estudiado en sexualidad femenina. No son estudios sobre “sexo tántrico” y no debemos confundir ambas cosas, pero sí investigan mecanismos que se parecen bastante a algunas de sus prácticas: dirigir la atención a las sensaciones presentes, observar sin juzgar y disminuir la distracción mental.

Las revisiones disponibles encuentran resultados prometedores en deseo, excitación, satisfacción sexual y malestar relacionado con la sexualidad, aunque los estudios son heterogéneos y no permiten convertirlo en una receta universal.

Quizá la explicación sea menos misteriosa de lo que parece: es difícil sentir el cuerpo cuando la cabeza está haciendo otra cosa.

La mente también puede sacar a una persona de la cama sin levantarse

Podemos estar físicamente en una relación sexual y mentalmente muy lejos.

¿Estaré tardando demasiado?

¿Le estará gustando?

¿Voy a llegar?

¿Por qué hoy no me excito?

¿Se me nota la barriga?

¿Por qué no responde mi cuerpo?

Ese diálogo interior compite con las propias sensaciones sexuales.

Precisamente la atención corporal y la capacidad de volver a las sensaciones presentes se encuentran entre los mecanismos estudiados en las terapias sexuales basadas en mindfulness.

No significa vaciar la mente. Significa que, cuando se va, podemos regresar.

Exo tántrico: mirarse, pero sin convertirlo en una prueba

Algunos talleres tántricos proponen sentarse frente a la pareja, respirar lentamente y mantener contacto visual.

Puede resultar intensamente íntimo.

También puede provocar un ataque de risa.

Las dos cosas son perfectamente aceptables.

El objetivo no tendría que ser aguantar solemnemente mirando a los ojos hasta alcanzar una supuesta conexión energética, sino hacer algo que muchas parejas dejan de hacer con el tiempo: prestar auténtica atención a la persona que tienen delante.

Expresar pensamientos, deseos y límites

Esta era otra de las ideas importantes del artículo original y sigue teniendo sentido.

Para recibir lo que deseamos, muchas veces hay que decirlo.

Nuestra pareja no tiene obligación de adivinar dónde queremos que nos toque, qué ritmo nos gusta, cuándo queremos continuar o cuándo necesitamos que pare.

Y comunicar no consiste solamente en hablar.

También es observar la respiración, la tensión del cuerpo, un movimiento que acerca, otro que se retira o una mano que cambia de lugar.

Pero escuchar el cuerpo de la otra persona no sustituye una palabra fundamental cuando hace falta: sí o no.

No todo tiene que ir hacia los genitales

Cuando el objetivo es llegar rápidamente al orgasmo, la sexualidad puede terminar concentrándose en unas pocas zonas del cuerpo.

El sexo tántrico moderno suele hacer justamente lo contrario.

Amplía el mapa.

Espalda, cuello, brazos, cara, piernas, cabello, abdomen, manos, pies… cualquier lugar puede participar de una experiencia sensual aunque no sea una zona que tradicionalmente llamemos erógena.

Eso no convierte en menos importantes al clítoris, el pene o los genitales. Simplemente les quita la obligación de cargar ellos solos con toda la relación sexual.

¿Hay que retrasar el orgasmo?

No necesariamente.

Una de las imágenes más difundidas del sexo tántrico es la de un hombre intentando evitar la eyaculación durante muchísimo tiempo.

Algunas prácticas contemporáneas incluyen control de la excitación, pausas o ejercicios destinados a prolongarla. Pero convertir la retención de la eyaculación en la esencia del Tantra vuelve a reducirlo todo, paradójicamente, a los genitales.

Retrasar un orgasmo puede resultar agradable cuando se hace porque aumenta el placer. Hacerlo porque “hay que aguantar” nos devuelve precisamente al rendimiento que pretendíamos abandonar.

Y los ejercicios de Kegel pueden ser útiles para trabajar determinados aspectos del suelo pélvico, pero no debemos presentarlos como una técnica demostrada para lograr los supuestos efectos energéticos atribuidos al Tantra.

¿Y la energía sexual?

Aquí entramos en otro terreno.

Las tradiciones tántricas han utilizado conceptos sobre energía, canales, centros corporales y estados de conciencia que pertenecen a sus propios sistemas filosóficos y religiosos.

Podemos conocerlos, practicarlos dentro de esas tradiciones o utilizarlos como una manera subjetiva de describir determinadas sensaciones.

Pero no sería correcto presentarlos como estructuras fisiológicas demostradas por la medicina.

Cuando alguien dice que siente que “la energía recorre todo el cuerpo”, esa experiencia puede ser completamente real para esa persona. Otra cosa diferente es afirmar que existe un circuito anatómico de energía sexual cuya existencia haya sido demostrada científicamente.

Una cosa no necesita destruir a la otra.

¿Puede haber orgasmo sin perseguir el orgasmo?

Por supuesto.

Precisamente cuando desaparece parte de la vigilancia sobre si llegará o no llegará, algunas personas encuentran más fácil dejarse llevar.

Eso no significa que mirar, respirar o meditar produzcan automáticamente un orgasmo.

Tampoco significa que alcanzar el orgasmo con besos, caricias no genitales o determinadas fantasías sea imposible. La respuesta sexual humana es enormemente variable.

Pero sería un error convertir experiencias particulares en promesas universales.

El cuerpo no firma contratos.

Sexo sin meta no significa sexo sin placer

Quizá aquí está la idea que más merece conservarse.

Quitar el orgasmo de la meta no significa despreciarlo.

Un orgasmo puede ser maravilloso.

Lo que significa es que todo lo que ocurre antes no se convierte automáticamente en un trámite.

Un masaje puede terminar en un orgasmo. O no.

Un beso puede conducir a la penetración. O quedarse durante mucho rato exactamente donde está.

La relación puede terminar cuando ambos sienten que ha terminado, no necesariamente cuando se ha cumplido una secuencia preestablecida.

Eso permite algo que parece pequeño pero no lo es: dejar de medir constantemente el éxito de una relación sexual.

Cuatro ideas que todavía nos gustan del Tantra

Aceptarse.
No hace falta adorar cada centímetro de nuestro cuerpo para disfrutarlo. Pero estar permanentemente evaluándolo desde fuera dificulta bastante sentirlo desde dentro.

Prestar atención.
No sólo al orgasmo o los genitales, sino a la experiencia completa y a lo que va ocurriendo momento a momento.

Comunicar.
Pedir, escuchar, mostrar, preguntar y no dar por sentado que la pareja sabe lo que necesitamos.

Encontrar un ritmo común.
No significa que dos cuerpos tengan que sincronizarse perfectamente. Significa poder acercarse, esperar, adaptarse y cambiar de ritmo sin vivirlo como un fallo.

¿Puede ayudar a una pareja que ha caído en la rutina?

Puede ser una herramienta interesante, sobre todo porque obliga a cambiar algunas costumbres.

Si una pareja lleva años repitiendo casi exactamente la misma secuencia sexual, introducir pausas, masajes, contacto no genital, nuevas formas de comunicar o simplemente más tiempo puede cambiar la experiencia.

No porque el Tantra posea un poder especial para reparar relaciones.

Una relación con resentimiento, violencia, falta de deseo persistente, dolor o problemas importantes no se arregla encendiendo velas y respirando juntos.

Pero una pareja que se quiere y simplemente ha ido automatizando su intimidad puede descubrir cosas que estaban allí y habían dejado de mirar.

¿Hace falta hacer un curso de sexo tántrico?

No.

Quien quiera profundizar en una tradición concreta puede encontrar valor en aprender con alguien que realmente la conozca.

Pero muchas de las prácticas que hoy se enseñan en talleres pueden explorarse en pareja de manera sencilla: reservar tiempo, apagar distracciones, respirar más despacio, recorrer el cuerpo sin una meta genital inmediata, preguntar, observar y detenerse cuando algo deja de resultar agradable.

También conviene recordar que “tantra” no es una titulación sanitaria. Un taller puede ser excelente o puede estar rodeado de afirmaciones grandiosas sin fundamento.

Especial cautela merecen las personas que prometen curaciones, desbloqueos obligatorios, resultados sexuales garantizados o prácticas íntimas que traspasan nuestros límites personales.

Preguntas frecuentes sobre sexo tántrico

¿En el sexo tántrico hay penetración?
Puede haberla, pero no es imprescindible. La experiencia puede incluir muchas formas de contacto sexual y sensual.

¿Hay orgasmo?
Puede haberlo. Lo característico no es evitarlo, sino no convertirlo necesariamente en la única meta.

¿Hay que estar horas practicándolo?
No. Algunas sesiones pueden ser largas, pero el tiempo no determina que una experiencia sea más o menos “tántrica”.

¿El hombre no debe eyacular?
No existe una regla universal. Algunas corrientes incluyen técnicas de control eyaculatorio, pero no debemos convertirlas en requisito ni atribuirles beneficios médicos no demostrados.

¿Sexo tántrico y Kamasutra son lo mismo?
No. Tienen historias, textos y propósitos diferentes, aunque en la cultura popular se mezclen con frecuencia.

¿Está científicamente demostrado que el sexo tántrico mejora la función sexual?
No disponemos de evidencia clínica suficiente para afirmar que el “sexo tántrico” como conjunto produzca unos efectos determinados. Sí existe investigación sobre mindfulness, atención corporal y determinadas terapias sexuales que respalda algunas prácticas semejantes, especialmente en mujeres con dificultades de deseo, excitación o malestar sexual.

Sexo tántrico: quizá se trate simplemente de dejar de correr

Podemos discutir qué parte del sexo tántrico moderno procede del Tantra histórico, qué elementos son adaptaciones occidentales y qué afirmaciones pertenecen más a la espiritualidad que a la ciencia.

Pero queda una propuesta bastante sencilla.

Estar.

Mirar.

Tocar sin que cada caricia tenga que conducir obligatoriamente a la siguiente.

Escuchar.

Pedir.

Respirar.

Y permitir que dos personas tengan una relación sexual sin convertirla en una carrera.

Porque quizá la parte más interesante del sexo tántrico no sea aprender una técnica extraordinaria.

Quizá sea recordar algo que ya sabíamos:

en el sexo hay más que sólo sexo.

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Fuentes y referencias

Este artículo tiene carácter divulgativo. Las prácticas sexuales deben desarrollarse siempre desde el consentimiento, el respeto a los límites personales y el bienestar de todas las personas implicadas. Ante dolor, dificultades sexuales persistentes o malestar importante, conviene consultar con un profesional sanitario o sexológico cualificado.


Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.

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Beatriz Puente

- Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL). - Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL. - Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios

Ver comentarios

  • Buenas tardes , tengo una duda , puede una persona sentir el orgasmo tántrico sin necesidad que la pareja lo comparta. ?

  • Vayaaaaaaaa!!!! ahora entiendo. Mira que he preguntado y leido sin llegar a comprender. Aquí en Barcelona hay carteles y me he sentido tentada a ir pero me da verguenza. Yo creia que era otra cosa. Creia que eraalgo platonico.

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