El llamado punto G se ha buscado durante décadas, pero la ciencia no ha demostrado de forma concluyente que sea una estructura anatómica independiente.
L&S.- Durante años muchas mujeres nos preguntamos dónde demonios estaba nuestro punto G. Nos dijeron que existía, que estaba escondido en algún lugar de la vagina y que, si alguien sabía encontrarlo, aquello debía ser poco menos que extraordinario. Algunas aseguraban tenerlo perfectamente localizado. Otras lo buscaban sin demasiado éxito y podían acabar preguntándose: «¿Y yo por qué no encuentro el mío?».
La pregunta estaba mal planteada. Porque después de décadas buscándolo, estudiándolo, diseccionándolo y fotografiándolo, la ciencia todavía no ha demostrado de manera concluyente que todas las mujeres tengamos una estructura anatómica independiente que pueda señalarse con el dedo y llamarse punto G.
Eso no significa que las sensaciones que muchas mujeres describen sean imaginarias. La pared anterior de la vagina se encuentra en una zona anatómicamente compleja, muy próxima a estructuras capaces de intervenir en el placer sexual. Lo que está en discusión no es el placer: es el famoso punto.
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Popularmente se describe como una pequeña zona especialmente sensible situada en la pared anterior de la vagina, es decir, hacia el lado del ombligo.
Su nombre procede del ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg, que en 1950 describió una zona erógena relacionada con la pared vaginal anterior y la uretra. Sin embargo, el término G-spot apareció décadas después y terminó popularizándose hasta convertirse en algo mucho más concreto de lo que permitían afirmar los conocimientos anatómicos.
Con el tiempo, libros, revistas, programas de televisión y posteriormente internet lo transformaron casi en un pequeño interruptor sexual: había que saber dónde estaba y cómo estimularlo.
La anatomía ha resultado bastante menos sencilla.
La respuesta más rigurosa actualmente es: no lo sabemos como estructura anatómica independiente y universal.
Se han realizado disecciones, estudios histológicos, ecografías y resonancias magnéticas buscando una estructura que pueda identificarse inequívocamente como punto G.
Algunos investigadores afirman haber encontrado una estructura diferenciada. En disecciones realizadas en cadáveres se ha descrito incluso un complejo neurovascular en esa región, y determinados estudios mediante resonancia magnética también han señalado posibles correlatos anatómicos.
Otros equipos, sin embargo, no han conseguido reproducir esos hallazgos.
Una revisión sistemática que reunió estudios clínicos, anatómicos, histológicos y de imagen encontró resultados contradictorios: no existía acuerdo consistente sobre su existencia y, cuando se consideraba localizado, tampoco había consenso sobre dónde estaba exactamente, cuánto medía ni qué estructura era.
Por eso afirmar rotundamente «el punto G existe y está aquí» va más allá de lo que permiten asegurar los datos actuales. Pero afirmar que «todo es un invento y ninguna mujer puede experimentar un placer especial en esa zona» también sería ir demasiado lejos.
La pared anterior de la vagina no vive aislada dentro del cuerpo.
Muy cerca se encuentran la uretra, las glándulas parauretrales o de Skene, estructuras internas del clítoris, tejido vascular y diferentes terminaciones nerviosas.
Por esta razón algunos investigadores han propuesto abandonar la búsqueda de un misterioso punto aislado y hablar de un complejo clítoris-uretra-vagina, en el que distintas estructuras podrían participar conjuntamente en las sensaciones producidas por la estimulación vaginal anterior.
Es una explicación bastante menos espectacular que la existencia de un botón secreto, pero anatómicamente tiene mucho más sentido.
Tradicionalmente se ha situado en la pared anterior de la vagina, a pocos centímetros de la entrada.
Pero dar una distancia exacta —dos centímetros, tres, cinco— como si todas las mujeres tuvieran la misma anatomía resulta engañoso.
Los cuerpos varían. También varían la sensibilidad, la disposición de los tejidos y la forma en que cada cerebro interpreta la estimulación.
Algunas mujeres describen esa región como especialmente placentera; otras sienten simplemente presión; otras pueden notar ganas de orinar y algunas no encuentran nada especialmente interesante.
Ninguna de esas respuestas significa que haya algo mal.
Porque una experiencia puede ser completamente real aunque la explicación que le hayamos dado no sea exacta.
En diferentes encuestas muchas mujeres han declarado reconocer una zona que identifican como su punto G. En una investigación realizada con más de 1.800 mujeres, algo más de la mitad afirmó tenerlo.
Curiosamente, las mujeres que declaraban tener orgasmos con mayor frecuencia, orgasmos múltiples o mayor satisfacción sexual también tendían más a afirmar que poseían un punto G.
Eso no permite saber qué estructura anatómica estaban identificando. Pero sí nos recuerda algo importante: la sexualidad no ocurre solamente en los genitales. Sensaciones, expectativas, conocimiento del cuerpo, experiencias anteriores y contexto cultural participan en cómo interpretamos lo que sentimos.
El problema apareció cuando una posibilidad se convirtió en una obligación.
Durante años se transmitió la idea de que descubrir el punto G significaba alcanzar un nivel superior de sexualidad. Y de ahí era fácil pasar a pensar que una mujer que no lo encontraba estaba perdiéndose algo extraordinario.
La comparación hizo el resto.
Si una amiga aseguraba tener orgasmos increíbles mediante la estimulación de su punto G y otra mujer no encontraba absolutamente nada, la pregunta aparecía sola: «¿Me falta algo?».
No.
Una zona puede resultar extraordinariamente sensible para una mujer y bastante indiferente para otra. Lo mismo ocurre con muchas otras zonas erógenas.
El mito del punto G también se mezcló con otro bastante persistente: la idea de que existe un orgasmo vaginal superior o más completo que el producido mediante estimulación del clítoris.
Hoy conocemos mucho mejor la anatomía clitoriana. La pequeña parte externa que vemos es solamente una fracción de una estructura mucho mayor que se prolonga internamente.
Por eso resulta cada vez menos útil intentar dividir rígidamente los orgasmos femeninos según el lugar por donde supuestamente se originan.
Lo explicamos con más detalle en Orgasmo femenino: mitos y muchas preguntas.
Aquí aparece otro de los grandes capítulos de esta historia.
La estimulación de la pared vaginal anterior se ha relacionado durante décadas con la expulsión de líquido durante la excitación o el orgasmo. Eso contribuyó todavía más a la fama del punto G.
Sin embargo, hoy sabemos que bajo expresiones como «eyaculación femenina» y squirting se han mezclado fenómenos diferentes, con participación de las glándulas parauretrales y, en determinados casos, de la vejiga.
Como el asunto merece algo más que tres líneas —y también ha acumulado sus propios mitos— lo desarrollaremos por separado.
Explorar el propio cuerpo puede ser agradable, divertido y una buena forma de descubrir qué tipo de estimulación gusta más.
Pero no hace falta convertirlo en una expedición científica.
Si la estimulación de la pared anterior vaginal resulta placentera, estupendo. Si no produce ninguna sensación especial, también.
El cuerpo femenino no viene con un examen práctico en el que haya que localizar determinadas piezas para demostrar que funciona correctamente.
¿Todas las mujeres tienen punto G?
No se ha demostrado que exista una estructura anatómica independiente y universal que pueda identificarse como punto G en todas las mujeres.
¿Dónde está el punto G?
La zona tradicionalmente descrita se encuentra en la pared anterior de la vagina, pero los estudios no han establecido una localización anatómica única y reproducible.
¿Puede esa zona producir mucho placer?
Sí. Algunas mujeres describen una sensibilidad especialmente intensa en la pared vaginal anterior. Otras apenas encuentran diferencias. Ambas respuestas pueden ser normales.
¿No sentir el punto G significa tener menos sensibilidad sexual?
No. La respuesta sexual femenina presenta una enorme variabilidad y no depende de localizar una zona determinada.
¿El punto G provoca el squirting?
La relación es más compleja de lo que tradicionalmente se explicó. La expulsión de líquido puede implicar estructuras parauretrales y la vejiga y no demuestra la existencia de un punto G anatómico independiente.
¿Se puede tener un gran orgasmo sin punto G?
Por supuesto. El placer y el orgasmo femenino no dependen de demostrar que se posee una determinada estructura.
La pregunta no debería ser «¿dónde está mi punto G?», sino algo bastante más sencillo: «¿Qué me resulta agradable a mí?».
Puede ser la estimulación del clítoris, de la pared vaginal anterior, una combinación de ambas, otras zonas del cuerpo o determinadas circunstancias emocionales y sensoriales.
Después de décadas buscando un pequeño punto mágico, quizá la conclusión más interesante sea precisamente que el placer femenino es demasiado complejo para encerrarlo en unos pocos centímetros de anatomía.
Fuentes y referencias
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración médica, ginecológica o sexológica individual.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.
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