Nutrición

Qué pasa con los alimentos en el cuerpo: el viaje de dos comidas

L&S.- ¿Qué pasa con los alimentos desde que entran en la boca hasta que el cuerpo aprovecha sus nutrientes y elimina los residuos? Para entenderlo, vamos a seguir el viaje de dos comidas diferentes por el aparato digestivo.

Seguir ese recorrido paso a paso permite entender mejor qué ocurre después de tragar y por qué una comida ligera puede sentirse muy diferente de otra abundante y rica en grasas.

Si quieres conocer primero cómo funciona la digestión paso a paso, allí explicamos qué hace cada órgano. Aquí vamos a acompañar dos comidas reales durante su viaje por el cuerpo.

Primer destino: la boca

Contenidos

Las dos comidas comienzan exactamente en el mismo lugar.

Los dientes trituran, la lengua mezcla y la saliva humedece los alimentos. Además, algunas enzimas salivales empiezan ya a actuar sobre determinados carbohidratos.

En nuestra comida ligera, el pollo, la ensalada y la fruta se fragmentan y forman rápidamente un bolo fácil de tragar.

En la comida más grasa ocurre lo mismo, aunque la textura, la cantidad y la mezcla de pan, carne, queso, patatas y grasa pueden hacer que el bolo sea más denso.

La grasa todavía no se digiere de forma importante en esta etapa. Su trabajo principal llegará más adelante.

El esófago: un viaje de segundos

Una vez tragados, ambos bolos atraviesan el esófago mediante movimientos musculares llamados peristaltismo.

Este trayecto dura segundos y apenas distingue entre una comida ligera y otra grasa. El esófago transporta, pero no realiza la mayor parte de la digestión.

Al final se abre el esfínter esofágico inferior y el alimento entra en el estómago.

¿Qué pasa con los alimentos en el estómago?

Aquí el viaje comienza a separarse. El estómago mezcla la comida con ácido y enzimas y va convirtiéndola progresivamente en una masa semilíquida denominada quimo.

La comida ligera, formada por pollo magro, verduras y fruta, contiene relativamente poca grasa. El estómago puede ir liberándola hacia el intestino delgado de forma relativamente progresiva.

La hamburguesa con queso, patatas fritas y postre contiene bastante más grasa y energía. La grasa tiende a retrasar el vaciamiento gástrico, de modo que esta comida puede permanecer más tiempo en el estómago.

Eso explica por qué después de una comida grasa es frecuente sentir saciedad y pesadez durante más tiempo.

Si quieres comparar tiempos orientativos según alimentos concretos, puedes consultar nuestro artículo sobre tiempo de digestión de los alimentos.

La salida del estómago no ocurre de golpe

El estómago no espera a terminar toda la digestión para vaciarse.

Va enviando pequeñas cantidades de quimo al duodeno, la primera parte del intestino delgado.

Por eso no tiene mucho sentido imaginar que una comida permanece intacta tres horas y después pasa de repente al intestino. El proceso es continuo.

La comida ligera suele avanzar antes. La más grasa puede hacerlo con mayor lentitud.

Duodeno: llegan la bilis y las enzimas pancreáticas

En el duodeno ocurre una de las grandes diferencias entre nuestras dos comidas.

El páncreas libera enzimas capaces de digerir carbohidratos, proteínas y grasas.

El hígado produce bilis, que se almacena en la vesícula biliar y se libera cuando el intestino detecta grasa.

En la comida ligera, hay grasa, pero en una cantidad moderada.

En la hamburguesa, queso, patatas fritas y postre graso, la cantidad es mucho mayor. La vesícula libera más bilis para ayudar a emulsionar las grasas, es decir, dividirlas en pequeñas gotitas sobre las que puedan trabajar mejor las enzimas.

La enzima lipasa pancreática participa después en su descomposición.

¿Qué ocurre con los carbohidratos?

El pan de la hamburguesa, las patatas, la fruta y algunos componentes de la ensalada contienen carbohidratos.

Durante la digestión se van transformando en moléculas cada vez más pequeñas hasta obtener principalmente azúcares simples, como la glucosa.

Estas moléculas pueden atravesar la pared intestinal y pasar a la sangre.

El organismo las utilizará como fuente de energía inmediata o las almacenará para utilizarlas posteriormente.

¿Qué ocurre con las proteínas?

Tanto el pollo como la carne de la hamburguesa aportan proteínas.

El ácido y las enzimas del estómago comienzan a modificar su estructura y en el intestino delgado otras enzimas continúan descomponiéndolas.

El resultado final son principalmente aminoácidos y pequeños péptidos que pueden ser absorbidos.

Estos aminoácidos pasarán a la circulación y podrán utilizarse para construir y reparar tejidos, fabricar enzimas, hormonas y otras proteínas necesarias.

Puedes ampliar sobre ellos en nuestro artículo sobre aminoácidos.

Las grasas siguen una ruta especial

Las grasas tienen un recorrido especialmente interesante.

Después de ser emulsionadas por la bilis y digeridas por las enzimas, sus componentes forman pequeñas estructuras que facilitan su llegada hasta las células de la pared intestinal.

Una vez dentro de esas células, gran parte de las grasas vuelve a organizarse y se empaqueta en partículas llamadas quilomicrones.

Y aquí ocurre algo que muchas personas desconocen: buena parte de esas grasas no entra directamente en la sangre.

Primero pasa a pequeños vasos linfáticos presentes en las vellosidades intestinales y viaja por la linfa antes de incorporarse posteriormente a la circulación sanguínea.

Así, dentro de una misma comida, la glucosa y los aminoácidos pueden tomar una ruta diferente a gran parte de las grasas.

Los alimentos en el intestino

Las vellosidades intestinales: la gran puerta de entrada 

?Qué pasa con los alimentos entonces? El intestino delgado está especializado para absorber. Su superficie interna forma pliegues y millones de pequeñas prolongaciones llamadas vellosidades intestinales. Las células que las recubren presentan, además, microvellosidades todavía menores.

Gracias a esta organización, una superficie relativamente limitada se convierte en una enorme zona de intercambio.

La pared es muy fina, pero no funciona como un colador abierto.

Los nutrientes atraviesan mediante mecanismos controlados. Azúcares simples, aminoácidos, minerales y muchas vitaminas pasan hacia la sangre; buena parte de las grasas sigue inicialmente la vía linfática.

Esta barrera debe permitir la absorción y, al mismo tiempo, limitar el paso de microorganismos y sustancias que no deberían atravesarla libremente.

Por qué conviene cuidar la barrera intestinal

Precisamente porque existe una superficie enorme y muy fina separando el contenido del intestino del interior del organismo, mantenerla en buenas condiciones es importante.

La mucosa intestinal, la capa de moco, las células del epitelio, sus uniones, el sistema inmunitario local y la microbiota trabajan juntos.

Una alimentación variada, suficiente fibra, una hidratación adecuada y evitar excesos mantenidos de alcohol forman parte de las medidas generales que favorecen la salud digestiva.

También conviene evitar el uso innecesario de medicamentos que puedan alterar la mucosa o la microbiota.

Si quieres profundizar en el equilibrio de los microorganismos intestinales, puedes consultar nuestro artículo sobre disbiosis intestinal, que revisaremos y actualizaremos próximamente.

¿Qué pasa con los alimentos y qué queda cuando el intestino delgado termina su trabajo?

Cuando el contenido llega al intestino grueso, gran parte de los nutrientes aprovechables ya ha sido absorbida.

Quedan agua, fibra, determinados carbohidratos no digeridos, restos celulares, bacterias y otras sustancias.

Aquí vuelve a haber diferencias entre nuestras dos comidas.

La ensalada y la fruta aportan más fibra, parte de la cual llegará al colon y servirá de sustrato para determinadas bacterias intestinales.

La comida con hamburguesa y patatas puede contener menos fibra si no se acompaña de verduras, frutas o cereales integrales.

El intestino grueso y la microbiota

En el colon se absorbe agua y parte de los electrolitos.

La microbiota intestinal fermenta algunos componentes que nuestras propias enzimas no han podido digerir.

Durante esa fermentación pueden generarse gases y también sustancias útiles, como determinados ácidos grasos de cadena corta.

La cantidad y tipo de fibra consumida influye mucho en esta fase.

Por eso dos personas que hayan comido platos aparentemente similares pueden experimentar sensaciones digestivas diferentes.

El final del viaje: formación y expulsión de las heces

Los restos van perdiendo agua y adquiriendo progresivamente la consistencia de las heces.

Estas avanzan por el colon hasta llegar al recto, donde pueden permanecer almacenadas temporalmente.

Cuando el recto se distiende, el sistema nervioso genera la sensación de necesidad de evacuar.

Finalmente, mediante la coordinación del recto, los músculos del suelo pélvico y los esfínteres, las heces son expulsadas.

El viaje de aquel primer bocado ha terminado.

¿Cuál de las dos comidas tarda más?

En términos generales, la comida más grasa suele permanecer más tiempo en el estómago y exige una participación mayor de bilis y enzimas destinadas a procesar lípidos.

Eso no significa que una comida baja en grasa sea siempre “mejor” ni que las grasas sean perjudiciales. Las grasas forman parte de una alimentación normal y son necesarias para numerosas funciones del organismo.

La diferencia está en la cantidad y en la composición total del plato.

Una comida moderada con pescado azul, aguacate o aceite de oliva también contiene grasa, pero no es fisiológicamente equivalente a una comida muy abundante con frituras, queso, salsas y postres grasos.

Dos comidas, el mismo aparato digestivo

Al final, nuestras dos comidas recorren los mismos órganos:

  • boca;
  • esófago;
  • estómago;
  • duodeno;
  • intestino delgado;
  • intestino grueso;
  • recto y ano.

Lo que cambia es la intensidad y duración de determinados procesos.

La composición de la comida condiciona cuánto tiempo permanece en el estómago, cuánta bilis se necesita, qué enzimas trabajan más, qué nutrientes se absorben y qué cantidad de residuos termina llegando al colon.

En resumen

Seguir el viaje de los alimentos permite entender algo que normalmente no vemos.

Una comida ligera y otra rica en grasas siguen el mismo camino, pero no producen exactamente el mismo trabajo digestivo.

Los carbohidratos terminan principalmente convertidos en azúcares simples, las proteínas en aminoácidos y las grasas siguen una ruta especial que incluye la bilis, las enzimas pancreáticas y el sistema linfático.

En el intestino delgado, las vellosidades y microvellosidades permiten que los nutrientes atraviesen una barrera extraordinariamente fina y entren de forma controlada en nuestro organismo.

Y aquello que no se absorbe continúa hacia el colon, donde interviene la microbiota y finalmente se forman las heces.

Si quieres comprender con más detalle qué función cumple cada órgano durante todo este recorrido, puedes volver a nuestro artículo sobre cómo funciona la digestión paso a paso.


Referencias

Your Digestive System & How It Works – National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases

Physiology of the Gastrointestinal Tract – NCBI Bookshelf

Physiology, Small Bowel – StatPearls / NCBI Bookshelf

Última revisión: Agosto de 2026

Contenido revisado con fines divulgativos. Este artículo no sustituye el diagnóstico, tratamiento ni las recomendaciones individualizadas de un profesional sanitario.

Acerca de Beatriz

Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).

Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.

Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.

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Beatriz Puente

- Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL). - Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL. - Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios

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