L&S.- Comer parece sencillo: introducimos un alimento en la boca, lo tragamos y unas horas después el cuerpo ha aprovechado una parte y elimina lo que no necesita. Pero entre ambos momentos se produce una cadena extraordinariamente coordinada de movimientos, ácidos, enzimas, bilis, absorción de nutrientes y actividad bacteriana. Esa cadena es la digestión.
La digestión tiene una finalidad muy concreta: transformar los alimentos en moléculas suficientemente pequeñas para que el organismo pueda absorberlas y utilizarlas como energía, material de construcción y elementos necesarios para mantener sus funciones.
El recorrido comienza en la boca y termina en el ano, pero cada tramo tiene una función diferente.
Si lo que quieres saber es cuánto tarda en digerirse cada alimento, puedes consultar nuestro artículo sobre tiempo de digestión de los alimentos. Aquí vamos a seguir el proceso paso a paso.
Para entender cómo funciona la digestión de los alimentos, conviene seguir el recorrido desde la boca hasta el intestino grueso.
1. La digestión comienza en la boca
Contenidos
El primer trabajo es mecánico. Los dientes cortan y trituran los alimentos mientras la lengua los mezcla con la saliva. Pero la saliva no sirve solamente para humedecer la comida. Contiene enzimas que comienzan a descomponer determinados carbohidratos, especialmente el almidón.
Cuanto mejor se mastica, más pequeños son los fragmentos que llegan al estómago y mayor superficie queda disponible para que después actúen los jugos digestivos.
Una vez formado el bolo alimenticio, la lengua lo empuja hacia la garganta. La epiglotis ayuda a cerrar temporalmente la entrada de la tráquea para dirigirlo hacia el esófago.
2. El esófago: un transporte que no depende de la gravedad
Después de tragar, el alimento atraviesa el esófago gracias al peristaltismo: ondas coordinadas de contracción muscular que empujan el bolo hacia el estómago.
Por eso la comida no cae simplemente por efecto de la gravedad. El tubo digestivo la impulsa activamente.
Al final del esófago existe un anillo muscular llamado esfínter esofágico inferior. Se relaja para permitir la entrada de alimento al estómago y después vuelve a cerrarse para dificultar que el contenido ácido regrese al esófago.
3. Cómo funciona la digestión en el estómago
El estómago no es únicamente una bolsa donde queda almacenada la comida.
Sus paredes musculares la mezclan de forma continua con ácido y enzimas digestivas. En esta fase comienza especialmente la digestión de las proteínas.
El resultado es una mezcla semilíquida denominada quimo.
El estómago tampoco vacía todo de golpe. Va liberando pequeñas cantidades de quimo hacia el intestino delgado a través del píloro.
La velocidad depende mucho de lo que hayamos comido. Una comida abundante y rica en grasa suele permanecer más tiempo que una comida pequeña y ligera.
Precisamente esta diferencia será muy fácil de entender cuando comparemos, en un artículo específico, el viaje de dos comidas diferentes por el aparato digestivo.
4. El duodeno: aquí llegan refuerzos
Cuando el quimo sale del estómago entra en el duodeno, la primera parte del intestino delgado.
Y aquí participan dos órganos que no forman parte directamente del tubo por el que circula la comida, pero son esenciales para digerirla: páncreas e hígado.
El páncreas libera jugo pancreático con enzimas capaces de actuar sobre carbohidratos, proteínas y grasas.
El hígado produce bilis, que se almacena en la vesícula biliar y se vierte en el intestino cuando es necesaria.
La bilis es especialmente importante para las grasas: las divide en pequeñas gotitas, un proceso llamado emulsificación, que facilita el trabajo posterior de las enzimas.
Por eso una comida grasa exige un procesamiento diferente al de otra compuesta principalmente por carbohidratos y proteínas magras.
5. El intestino delgado: donde ocurre gran parte de la absorción
El intestino delgado está dividido en tres partes: duodeno, yeyuno e íleon.
Aquí se completa buena parte de la digestión química y, sobre todo, se absorbe la mayor parte de los nutrientes que hemos obtenido de la comida.
Los carbohidratos terminan convertidos principalmente en azúcares simples; las proteínas, en aminoácidos y pequeños péptidos; y las grasas, en componentes suficientemente pequeños para poder atravesar la barrera intestinal y ser transportados.
El intestino no es simplemente un tubo por el que pasan alimentos. Su superficie está extraordinariamente especializada para absorber.
6. Vellosidades intestinales: una enorme superficie en muy poco espacio
Si la pared interna del intestino delgado fuera completamente lisa, dispondría de mucha menos superficie para captar nutrientes.aadas microvellosidades.liment
Todo ello multiplica enormemente la superficie disponible para la absorción.
Además, la barrera que separa el contenido intestinal del interior del organismo es extremadamente fina. Esto permite que los nutrientes ya digeridos puedan atravesarla de manera controlada.
Pero conviene evitar imaginarla como un colador con agujeros. Una barrera intestinal sana selecciona y transporta sustancias mediante células y mecanismos especializados.
Azúcares simples, aminoácidos, minerales y muchas vitaminas pasan desde el intestino hacia la circulación sanguínea y desde allí llegan al hígado, que participa en su procesamiento y distribución.
7. Las grasas toman una ruta diferente durante la digestión
Aquí ocurre algo que muchas personas desconocen.
Una parte importante de las grasas absorbidas no entra directamente en los capilares sanguíneos como ocurre con la glucosa o muchos aminoácidos.
Dentro de las células intestinales, los productos de la digestión de las grasas vuelven a organizarse y se empaquetan en partículas denominadas quilomicrones.
Estas partículas entran inicialmente en pequeños vasos del sistema linfático presentes en las vellosidades intestinales.
Después viajarán por la linfa hasta incorporarse finalmente a la circulación sanguínea.
Es decir: los nutrientes de una misma comida no necesariamente siguen exactamente el mismo camino una vez absorbidos.
8. ¿Por qué es importante conservar sana la barrera intestinal?
Precisamente porque el intestino constituye una enorme superficie de contacto entre lo que procede del exterior y el interior del organismo, su barrera debe mantenerse en buenas condiciones.
La mucosa intestinal, las propias células intestinales, sus uniones, la capa de moco, el sistema inmunitario local y la microbiota trabajan conjuntamente.
Una alimentación suficiente y variada, el aporte adecuado de fibra, evitar el consumo excesivo de alcohol y no utilizar medicamentos innecesariamente son algunas medidas generales que ayudan a preservar la salud gastrointestinal.
También existe una relación estrecha entre el equilibrio de los microorganismos intestinales y el funcionamiento del aparato digestivo. Puedes ampliar este aspecto en nuestro artículo sobre disbiosis intestinal, que revisaremos próximamente para actualizar su contenido.
Conviene, sin embargo, no confundir la fisiología normal de absorción con la idea simplificada de que el intestino debe quedar completamente “sellado”. Su función consiste precisamente en permitir el paso selectivo de nutrientes mientras mantiene una barrera frente a sustancias y microorganismos que no deberían atravesarla libremente.
9. Intestino grueso: agua, microbiota y residuos
Lo que llega al intestino grueso ya no es la comida tal como la reconocíamos en el plato.
Gran parte de los nutrientes aprovechables han sido absorbidos anteriormente.
En el colon continúa la absorción de agua y electrolitos, mientras que la microbiota intestinal fermenta determinados restos que nuestras propias enzimas no han podido digerir, especialmente ciertos tipos de fibra y carbohidratos.
Esta fermentación produce diferentes sustancias, entre ellas ácidos grasos de cadena corta que pueden ser utilizados por las propias células intestinales.
Los restos no digeridos, bacterias, agua, células desprendidas de la mucosa y otras sustancias van formando progresivamente las heces.
10. Recto y ano: la última etapa de la digestión
A medida que las heces avanzan por el colon llegan finalmente al recto.
El recto actúa como zona de almacenamiento temporal. Cuando aumenta suficientemente su contenido, receptores nerviosos envían señales que producen la sensación de necesidad de evacuar.
La acción coordinada del recto, los músculos del suelo pélvico y los esfínteres permite finalmente la expulsión de las heces por el ano.
Con ello termina un recorrido que comenzó muchas horas antes con un simple bocado.
¿Cuánto tarda todo el proceso de la digestión?
No existe un tiempo único.
Una cosa es el tiempo que necesita el estómago para ir vaciándose y otra el tiempo total desde que ingerimos un alimento hasta que sus restos terminan siendo eliminados.
Ese tránsito completo puede prolongarse durante uno, dos o incluso varios días y varía considerablemente entre personas.
Para consultar tiempos aproximados según alimentos concretos —fruta, arroz, pasta, lentejas, carne o comidas grasas— puedes volver a nuestro artículo sobre digestión de los alimentos y cuánto tarda cada comida.
En resumen
La digestión es una cadena coordinada de procesos.
La boca tritura e inicia la digestión química; el esófago transporta; el estómago mezcla y acidifica; el páncreas aporta enzimas; el hígado y la vesícula proporcionan bilis; el intestino delgado completa gran parte de la digestión y absorbe nutrientes; y el intestino grueso recupera agua, alberga una enorme comunidad microbiana y transforma los residuos en heces.
Quizá la parte más sorprendente ocurre en el intestino delgado: una enorme superficie cubierta de vellosidades y microvellosidades permite que sustancias procedentes de aquello que acabamos de comer atraviesen una barrera de apenas unas células de espesor y entren de forma controlada en nuestra circulación.
Y aún queda otra historia: seguir una comida concreta durante todo este recorrido y comprobar cómo cambia el proceso cuando contiene mucha o poca grasa. Ese será nuestro siguiente viaje.
Referencias
Your Digestive System & How It Works – NIDDK
Última revisión: Agosto de 2026
Contenido revisado con fines divulgativos. Este artículo no sustituye el diagnóstico, tratamiento ni las recomendaciones individualizadas de un profesional sanitario.
Acerca de Beatriz
Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.

