El squirting y la eyaculación femenina pueden producirse durante la respuesta sexual, pero no son exactamente el mismo fenómeno.
L&S.- Durante años se habló de la eyaculación femenina como un fenómeno casi misterioso. Después llegó otra palabra, squirting, se popularizó enormemente y la confusión fue completa. ¿Son lo mismo? ¿El líquido procede de la vagina? ¿De unas glándulas? ¿De la vejiga? ¿Es orina? ¿O es una especie de equivalente femenino de la eyaculación masculina?
La respuesta es bastante más interesante que cualquiera de esas simplificaciones. Actualmente existen razones para distinguir entre eyaculación femenina y squirting, aunque ambos fenómenos pueden ocurrir durante la excitación sexual, coincidir e incluso mezclarse.
Y conviene aclarar algo desde el principio: ninguna mujer necesita expulsar líquido para demostrar que ha tenido un orgasmo ni que este haya sido especialmente intenso.
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Durante mucho tiempo prácticamente cualquier expulsión de líquido durante la actividad sexual femenina se denominó eyaculación femenina.
Las investigaciones bioquímicas y mediante técnicas de imagen han permitido observar que bajo ese mismo nombre probablemente estábamos agrupando fenómenos diferentes.
Actualmente suele distinguirse entre:
Ambos pueden aparecer juntos, de manera que la frontera no siempre resulta tan limpia en la vida real como sobre el papel.
Alrededor de la uretra femenina existen pequeñas glándulas parauretrales, conocidas también como glándulas de Skene.
Estas glándulas producen secreciones que pueden contener sustancias como el antígeno prostático específico o PSA, una proteína conocida sobre todo por su relación con la próstata masculina pero que también puede producirse en tejidos parauretrales femeninos.
Los análisis realizados sobre pequeñas cantidades de líquido expulsadas durante el orgasmo han encontrado concentraciones de PSA compatibles con este origen.
Por eso, cuando se utiliza actualmente el término eyaculación femenina en sentido estricto, suele referirse a esta secreción parauretral de pequeño volumen.
Aquí la respuesta puede resultar menos romántica, pero es fascinante desde el punto de vista fisiológico: la vejiga participa de manera importante.
Uno de los experimentos más conocidos estudió mediante ecografía a siete mujeres que experimentaban squirting. Primero vaciaron completamente la vejiga. Durante la estimulación sexual, las ecografías mostraron que la vejiga volvía a llenarse y, después de la expulsión del líquido, aparecía nuevamente vacía.
Los análisis encontraron además urea, creatinina y ácido úrico en concentraciones compatibles con un origen urinario, aunque en varias participantes también apareció PSA, lo que indicaba una posible contribución de las glándulas parauretrales.
Es decir: el squirting parece estar formado principalmente por líquido procedente de la vejiga, al que pueden incorporarse pequeñas cantidades de secreción parauretral.
Esta es probablemente la pregunta que todo el mundo termina haciendo.
Si entendemos por «pis» cualquier líquido que procede de la vejiga, existe claramente un componente urinario importante. Pero decir simplemente «el squirting es hacerse pis» tampoco describe bien el fenómeno.
Se produce dentro de una respuesta sexual concreta, durante una intensa excitación o estimulación, y las investigaciones actuales lo diferencian de la incontinencia urinaria durante las relaciones sexuales.
Además, el líquido expulsado puede contener secreciones procedentes de las glándulas parauretrales y su composición no necesariamente coincide exactamente con la de una micción habitual.
La respuesta más razonable sería, por tanto: el squirting procede fundamentalmente de la vejiga, pero no debe confundirse automáticamente con una pérdida patológica de orina.
Esta diferencia es importante porque algunas mujeres pueden presentar verdaderas pérdidas involuntarias de orina durante las relaciones sexuales.
La llamada incontinencia coital puede producirse durante la penetración o coincidiendo con el orgasmo y puede estar relacionada con incontinencia urinaria de esfuerzo o con hiperactividad del detrusor.
En cambio, la expulsión fisiológica de líquido asociada al squirting no implica necesariamente una alteración urinaria.
Si existen escapes de orina también fuera de las relaciones sexuales, urgencia urinaria, pérdidas al toser o hacer ejercicio, molestias o preocupación persistente, conviene valorar específicamente la función urinaria y el suelo pélvico.
No.
Puede aparecer durante una excitación sexual intensa, antes del orgasmo, coincidir con él o producirse sin que exista orgasmo.
Un estudio publicado en 2024 con más de 1.500 mujeres encontró una gran variabilidad en las experiencias. Algunas relacionaban estrechamente la expulsión de líquido con el orgasmo y otras no.
Por tanto, squirting y orgasmo son fenómenos que pueden coincidir, pero uno no demuestra la existencia del otro.
La relación histórica es evidente.
Durante décadas se atribuyó la expulsión de líquido a la estimulación del llamado punto G, situado supuestamente en la pared anterior vaginal.
Precisamente en esa región se encuentran muy próximas la vagina, la uretra, las glándulas parauretrales y estructuras internas relacionadas con el clítoris. La estimulación de esa zona puede producir sensaciones intensas y, en algunas mujeres, preceder a la expulsión de líquido.
Pero eso no demuestra que exista un pequeño órgano independiente responsable del fenómeno. Lo explicamos con detalle en Punto G: ¿existe realmente y dónde está?.
No sabemos si todas podrían hacerlo en determinadas circunstancias y, sobre todo, no existe ninguna razón para que tengan que intentarlo.
Las cifras de frecuencia varían muchísimo entre estudios porque las definiciones utilizadas tampoco han sido siempre iguales. Durante décadas se mezclaron eyaculación femenina, squirting e incluso pérdidas urinarias bajo denominaciones similares.
En una investigación sueca publicada en 2024, realizada mediante cuestionario a 1.568 mujeres, el 58 % declaró haber experimentado alguna vez eyaculación o squirting. Pero solo una pequeña proporción afirmó que ocurriera de forma constante durante sus prácticas sexuales.
Es un buen ejemplo de por qué tenerlo o no tenerlo no sirve para establecer categorías de respuesta sexual.
Esta reacción resulta bastante comprensible y también ha aparecido en las investigaciones.
En el estudio sueco, una parte de las mujeres recordó haber sentido sorpresa o vergüenza la primera vez y aproximadamente una cuarta parte pensó inicialmente que había orinado.
Otras lo vivieron positivamente desde el principio.
También hubo mujeres que, aun experimentándolo de manera agradable, habían intentado evitarlo alguna vez porque mojaba demasiado la cama o porque no sabían exactamente qué líquido estaban expulsando.
La información cambia mucho la manera de interpretar una experiencia corporal.
La pornografía y determinados discursos sobre sexualidad han contribuido a convertir la expulsión abundante de líquido en una especie de demostración visual de placer extraordinario.
Pero el cuerpo no funciona como una clasificación deportiva.
Una mujer puede experimentar orgasmos intensísimos sin expulsar una sola gota. Otra puede tener squirting sin alcanzar el orgasmo. Otra puede experimentarlo una vez en su vida y no volver a hacerlo.
Ninguna respuesta es sexualmente superior a otra.
Convertir el squirting en una meta puede introducir precisamente lo que menos favorece al placer: vigilancia, presión y la sensación de que hay algo que conseguir.
¿Squirting y eyaculación femenina son lo mismo?
Actualmente suelen considerarse fenómenos diferentes. La eyaculación femenina se relaciona principalmente con pequeñas secreciones de las glándulas parauretrales; el squirting suele implicar una cantidad mayor de líquido procedente fundamentalmente de la vejiga.
¿El squirting es orina?
El líquido procede en gran medida de la vejiga y contiene componentes urinarios. Sin embargo, puede mezclarse con secreciones parauretrales y el fenómeno fisiológico no debe confundirse automáticamente con incontinencia urinaria.
¿Sale por la vagina?
No. Tanto el squirting como la eyaculación femenina se expulsan a través de la uretra.
¿Hay que tener un orgasmo para hacer squirting?
No. Puede coincidir con el orgasmo, pero también aparecer antes o sin que este se produzca.
¿Tener squirting significa tener mejores orgasmos?
No. La cantidad de líquido expulsada no permite medir la intensidad ni la calidad del placer.
¿Es malo no haberlo experimentado nunca?
En absoluto. No constituye un requisito de una respuesta sexual normal ni satisfactoria.
Durante mucho tiempo la eyaculación femenina fue un misterio. Después el squirting se convirtió casi en espectáculo. Entre una cosa y otra hemos conseguido complicar bastante un fenómeno corporal que presenta una enorme variabilidad.
Hoy sabemos algo más: existen diferentes tipos de secreciones, no todas proceden del mismo lugar y la expulsión abundante de líquido no es una prueba de orgasmo ni una medida de excelencia sexual.
Quizá lo verdaderamente liberador sea precisamente eso: entender lo que ocurre sin convertirlo en otra cosa que una mujer tenga que conseguir.
Fuentes y referencias
Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una valoración médica, ginecológica, urológica o sexológica individual.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.
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