Probar un perfume sobre la piel y dejar que evolucione durante unas horas ayuda a elegir una fragancia con más criterio.
L&S.- Saber cómo elegir un perfume parece sencillo hasta que uno entra en una perfumería y, después de probar varios, todos empiezan a oler casi igual. Una fragancia no debería escogerse únicamente por la primera impresión que deja al pulverizarla, porque su aroma cambia durante las horas siguientes.
También influye cómo se prueba, dónde se aplica, la cantidad utilizada y la forma de conservar el frasco. Por eso conviene probar con calma y dejar que el perfume evolucione antes de decidir si realmente encaja con nosotros.
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El mejor perfume no es necesariamente el más caro, el más intenso ni el que está de moda. Es aquel que nos sigue gustando después de llevarlo unas horas y que resulta cómodo para el uso que queremos darle.
Antes de comprarlo merece la pena pensar qué tipo de aromas solemos disfrutar. Algunas personas se sienten cómodas con perfumes frescos y cítricos; otras prefieren flores, vainilla, especias, maderas o composiciones más intensas. Con el tiempo es frecuente descubrir que repetimos ciertas familias olfativas sin darnos cuenta.
Conocer esas preferencias facilita mucho elegir un perfume. En nuestro artículo sobre las notas y familias de un perfume explicamos cómo se organizan y cómo evoluciona una fragancia sobre la piel.
Las tiras de papel de las perfumerías son útiles para hacer una primera selección. Permiten descartar rápidamente las fragancias que no nos gustan sin llenar la piel de aromas distintos.
Lo ideal es escribir el nombre del perfume en cada tira y esperar unos minutos. Si uno sigue resultando atractivo, entonces merece la pena probarlo sobre la piel.
La prueba definitiva debería hacerse en nuestro propio cuerpo, porque la percepción del perfume puede variar ligeramente según la temperatura de la piel, su grado de hidratación, la cantidad de grasa superficial, otros cosméticos que llevemos puestos y numerosos factores individuales.
Al pulverizar una fragancia percibimos primero las sustancias más volátiles. Después aparecen progresivamente las notas de corazón y las de fondo.
Por eso, para elegir un perfume con más posibilidades de acertar, conviene dejarlo evolucionar durante varias horas. Si existe la posibilidad de conseguir una muestra y utilizarla durante un día completo, mejor todavía.
En qué es el perfume, cómo se compone y cuáles son sus tipos explicamos con más detalle qué ocurre dentro de una fragancia.
No existe un número exacto válido para todo el mundo, pero probar demasiados aromas seguidos dificulta distinguir sus matices. Nuestro olfato se adapta a los estímulos y acaba perdiendo sensibilidad temporalmente.
Para una primera selección pueden utilizarse varias tiras de papel, pero es mejor reservar la piel para unos pocos candidatos. Las muñecas y el interior de los codos proporcionan espacio suficiente para comparar varias fragancias sin terminar completamente saturados.
Entre una prueba y otra, descansar unos minutos y respirar aire limpio suele ser más útil que seguir acumulando aromas.
Es un gesto muy habitual: pulverizar el perfume sobre una muñeca y frotarla inmediatamente contra la otra. Sin embargo, no es necesario.
Frotar extiende y calienta el producto y puede modificar ligeramente la forma en que se evapora. Lo más sencillo es pulverizarlo y dejar que se seque por sí solo.
El perfume suele aplicarse sobre zonas cálidas del cuerpo, como las muñecas, el cuello, detrás de las orejas o el interior de los codos. El calor corporal favorece la evaporación gradual de las moléculas aromáticas y ayuda a que la fragancia se difunda.
No hace falta perfumar todos esos lugares a la vez. La cantidad adecuada dependerá de la intensidad del producto, de su concentración y del gusto personal.
La piel permite apreciar mejor la evolución completa de una fragancia. Sobre la ropa, en cambio, algunos componentes aromáticos pueden permanecer durante más tiempo porque el tejido no presenta las mismas condiciones de evaporación.
Eso no significa que cualquier perfume pueda pulverizarse sobre cualquier prenda. Los líquidos coloreados, determinados aceites u otros componentes pueden dejar marca, especialmente en tejidos claros o delicados.
Si queremos aplicar perfume en una prenda y no sabemos cómo reaccionará el tejido, lo prudente es probar antes en una zona poco visible.
La duración de una fragancia depende sobre todo de su fórmula, de la concentración y de las materias aromáticas utilizadas. Aun así, la piel también influye.
Una piel muy seca puede hacer que algunos perfumes parezcan menos persistentes. Aplicar previamente una crema hidratante sin perfume puede ayudar a mantener la piel acondicionada sin alterar demasiado la fragancia.
También suele resultar mejor aplicar el perfume sobre la piel limpia que intentar compensar una mala fijación pulverizando grandes cantidades durante el día.
Una fina película grasa puede disminuir la evaporación de algunas moléculas aromáticas, por lo que aplicar una cantidad muy pequeña de vaselina en un punto concreto podría prolongar algo la percepción del perfume.
No obstante, no es una fórmula milagrosa y puede modificar ligeramente cómo se difunde el aroma. Una hidratante neutra suele ser una opción más cómoda para la mayoría de las personas.
Es frecuente escuchar que un perfume debe escogerse según el pH de la piel. La realidad es bastante más compleja.
Una fragancia puede percibirse de manera algo distinta en dos personas, pero no depende únicamente del pH. También intervienen la temperatura, la hidratación, los lípidos superficiales de la piel, otros productos cosméticos y la propia percepción olfativa de quien la lleva.
Por eso, la manera más útil de saber si una fragancia funciona bien en nosotros sigue siendo probarla y observar cómo evoluciona durante varias horas.
Un perfume puede mantenerse en buenas condiciones durante mucho tiempo si se protege de sus principales enemigos: la luz intensa, el calor y los cambios bruscos de temperatura.
El cuarto de baño, aunque resulte cómodo, no siempre es el mejor lugar porque la ducha genera variaciones frecuentes de temperatura y humedad.
Es preferible guardar los frascos en un armario, cajón o habitación fresca y estable, alejados de ventanas, radiadores y otras fuentes de calor. Conservarlos dentro de su caja original también ayuda a protegerlos de la luz.
No suele ser necesario guardar un perfume en el frigorífico. Para la mayoría basta con un lugar fresco, oscuro y con temperatura relativamente estable.
No existe una regla que obligue a elegir un perfume según el sexo, la edad o una supuesta personalidad. Las denominaciones “para hombre” o “para mujer” responden en gran medida a tradiciones comerciales, aunque muchas composiciones actuales se presentan directamente como unisex.
Una manera práctica de elegir un perfume es recordar cuáles nos han gustado anteriormente y buscar qué notas o familias tienen en común. Tal vez descubramos que casi siempre terminamos eligiendo bergamota y cítricos, flores blancas, vainilla, vetiver, maderas o especias.
Conocer ese patrón personal permite pedir recomendaciones mucho más precisas y evita empezar desde cero cada vez que queremos comprar una nueva fragancia.
Una fragancia puede enamorarnos en el primer segundo y cansarnos media hora después, mientras que otra aparentemente discreta puede terminar resultando mucho más interesante cuando aparecen sus notas de corazón y fondo.
Al final, elegir un perfume consiste menos en seguir reglas rígidas que en descubrir qué aromas seguimos disfrutando cuando han pasado unas horas. La verdadera personalidad de una fragancia no siempre aparece al abrir el frasco; muchas veces necesita tiempo para presentarse.
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