Con agua caliente, luz suave, aromas y unos pocos cuidados, el cuarto de baño puede convertirse en un pequeño spa doméstico.
L&S.- Hay días en los que apetece desaparecer unas horas, reservar un hotel con spa y no hacer absolutamente nada más que dejarse cuidar. Como eso no siempre es posible, existe una alternativa mucho más cercana: convierte tu cuarto de baño en un spa. No hace falta tener un baño enorme, una bañera de hidromasaje ni llenar la casa de aparatos. Con agua, un poco de preparación y algunos cuidados sencillos podemos transformar durante un rato un espacio cotidiano en nuestro pequeño refugio particular.
El secreto no está en acumular productos, sino en cambiar el ritmo. Una ducha hecha deprisa sigue siendo una ducha aunque encendamos tres velas; en cambio, una hora reservada para nosotros, con el teléfono fuera, una luz agradable, música, agua caliente y tiempo para cuidar la piel puede convertirse en una experiencia completamente distinta. El cuerpo descansa, la cabeza deja de correr detrás de las obligaciones y, de paso, podemos aprovechar para dedicar a la piel, el cabello, las manos o los pies esa atención que normalmente vamos aplazando.
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Antes de abrir el grifo merece la pena preparar el escenario. Retira del baño aquello que produzca sensación de desorden, deja a mano las toallas, la crema corporal, las sales, el aceite o la mascarilla que vayas a utilizar y baja la intensidad de la luz. Si te gustan las velas, este es uno de esos momentos en los que realmente tienen sentido. También puedes poner una música tranquila, aunque el silencio puede ser todavía mejor cuando hemos pasado todo el día rodeados de ruido.
La temperatura de la habitación debe resultar confortable porque salir mojado de un baño cálido a un cuarto frío rompe rápidamente la sensación de bienestar. Y tampoco hace falta perfumarlo todo. Un aroma suave puede resultar agradable, pero mezclar velas aromáticas, ambientadores, sales y varios aceites esenciales termina produciendo justamente lo contrario de lo que buscamos.
No hace falta tener bañera para disfrutar del ritual. Una ducha regulable permite dedicar unos minutos a las zonas donde solemos acumular tensión, especialmente nuca, hombros y espalda. El agua templada o caliente produce una sensación agradable sobre la musculatura y permite aflojar el cuerpo después de un día largo.
Si la alcachofa ofrece varios tipos de chorro, podemos alternar uno más envolvente con otro algo más concentrado, siempre sin utilizar presiones incómodas. La idea no es bombardear la espalda, sino dejar que el agua recorra lentamente hombros, espalda, brazos y piernas. Incluso cerrar los ojos durante unos minutos y respirar despacio cambia por completo una ducha que normalmente hacemos de forma automática.
Aquí podemos permitirnos un pequeño lujo. Llena la bañera con agua agradablemente caliente, pero no abrasadora, y añade si quieres sales de baño, sales del Mar Muerto o sales de magnesio. Puedes conocer más sobre el magnesio, aunque en un baño no hace falta atribuir a las sales propiedades milagrosas: el propio calor, la flotación y el tiempo de reposo ya forman buena parte de la experiencia.
También pueden utilizarse algunas gotas de aceites esenciales, pero nunca conviene echar grandes cantidades directamente al agua. Los aceites esenciales son sustancias muy concentradas y algunos pueden irritar la piel, por lo que deben utilizarse correctamente diluidos. Lavanda, determinadas notas cítricas o aromas amaderados pueden crear un ambiente delicioso si nos gustan, pero no son imprescindibles.
Entre quince y veinte minutos suelen ser suficientes. El objetivo es salir relajado, no cocido. Si aparece mareo, debilidad o sensación excesiva de calor, hay que terminar el baño.
Cuando llevamos unos minutos bajo el agua templada, la piel está limpia y resulta un buen momento para realizar una exfoliación corporal suave. Codos, rodillas, talones y zonas algo ásperas pueden necesitar más atención, pero no hace falta frotar hasta dejar la piel roja. La exfoliación debe ser agradable, no una pelea con la epidermis.
Después de aclarar y secar sin arrastrar la toalla sobre la piel, podemos aplicar una crema hidratante, una manteca corporal o unas gotas de algún aceite vegetal. El aceite de almendras dulces, por ejemplo, puede utilizarse como emoliente para dejar la piel suave. Aplicarlo cuando la piel todavía conserva algo de humedad ayuda a extenderlo mejor y convierte ese último paso en parte del propio ritual.
Mientras estamos en nuestro pequeño spa podemos aprovechar para hacer algo que normalmente dejamos para otro día. Limpiar el rostro con calma, aplicar una mascarilla adecuada a nuestro tipo de piel y terminar con la hidratación habitual apenas ocupa unos minutos y completa la sensación de habernos cuidado de verdad.
No es necesario utilizar cinco tratamientos a la vez. Un spa doméstico no debería convertirse en un catálogo de productos cosméticos. Limpiar, hidratar y utilizar puntualmente una mascarilla que nos guste puede ser más que suficiente. Lo importante es disfrutar del proceso y no salir del baño con la impresión de haber cumplido otra lista de obligaciones.
Las piernas merecen un capítulo propio, especialmente después de muchas horas de pie, sentados o durante los meses de calor. Tras la ducha caliente puede resultar agradable pasar agua más fresca desde los pies hacia arriba. No hace falta hacer contrastes extremos ni pasar bruscamente del agua muy caliente a la helada; una diferencia cómoda de temperatura es suficiente para producir una agradable sensación de ligereza.
Después podemos sentarnos y masajear las piernas lentamente desde los tobillos hacia arriba con una crema corporal o un aceite ligero. Si al terminar tenemos ocasión de descansar unos minutos con las piernas ligeramente elevadas, mucho mejor.
La pesadez ocasional después de una jornada larga es frecuente, pero si la hinchazón aparece repetidamente, afecta principalmente a una sola pierna, produce dolor, enrojecimiento o se acompaña de otros síntomas, ya no estamos hablando de un ritual de belleza y conviene consultar a un profesional sanitario.
Si quieres, convierte tu cuarto de baño en un spa por zonas: empieza por la ducha, sigue con el cuidado corporal y termina con rostro, manos y pies.
Los pies son probablemente una de las partes del cuerpo que más trabajan y menos atención reciben. Un baño de pies con agua templada puede convertirse por sí solo en un pequeño spa cuando no tenemos tiempo para hacer todo el ritual. Después podemos secarlos cuidadosamente, especialmente entre los dedos, tratar con suavidad las zonas endurecidas e hidratarlos bien.
Si quieres convertirlo en una sesión de cuidado completa, puedes aprovechar también para revisar y arreglar las uñas. En nuestro artículo sobre cómo tener unos pies bonitos, cuidados y saludables explicamos con más detalle cómo mantener la piel y las uñas en buen estado.
Otro día podemos convertir nuestro spa doméstico en una sesión dedicada al cabello. Lavar sin prisas, aclarar bien y aplicar después una mascarilla o acondicionador adecuado puede ser suficiente. No es necesario combinar varios tratamientos ni dejar el producto durante horas salvo que así lo indique su formulación.
Ese tiempo de espera de una mascarilla capilar se puede aprovechar para cuidar el rostro, arreglar las uñas o simplemente sentarse y no hacer nada, que también forma parte del tratamiento.
La bañera resulta agradable, pero no es indispensable. Con una ducha, un taburete o asiento, un baño de pies y unas buenas toallas podemos montar perfectamente nuestro ritual. De hecho, muchas personas prefieren una buena ducha porque resulta más cómoda y consume menos agua.
Una posible secuencia sería empezar con unos minutos de agua caliente sobre hombros y espalda, lavar cuerpo y cabello, hacer una exfoliación suave, terminar con agua algo más fresca sobre las piernas y, ya fuera de la ducha, sentarnos para aplicar crema corporal y cuidar pies, manos y rostro. No parece gran cosa escrito sobre el papel, pero cuando se hace despacio y sin interrupciones puede resultar sorprendentemente agradable.
El ritual puede compartirse. Preparar el baño, poner música, dejar los teléfonos fuera y turnarse para realizar un masaje de hombros, espalda, manos o pies puede convertir una noche normal en una pequeña escapada sin salir de casa.
No hace falta comprar uno de esos kits que llevan la palabra «spa» escrita en letras doradas. Una toalla caliente, un aceite para masaje y tiempo sin interrupciones suelen hacer bastante más.
Convierte tu cuarto de baño en un spa de vez en cuando y úsalo como un pequeño ritual de descanso, no como otra obligación más. Pero el alcohol y un baño muy caliente no siempre hacen buena pareja, porque ambos pueden favorecer la bajada de tensión y el mareo. Si apetece tomar algo durante el ritual, agua, una infusión o una bebida fresca son alternativas más prudentes. Y si queremos reservar el vino para después, tampoco parece un mal plan.
Convierte tu cuarto de baño en un spa no significa transformar la casa ni gastar dinero en equipamiento. Significa reservar de vez en cuando un espacio que normalmente utilizamos deprisa y convertirlo durante una hora en un lugar en el que no hay nada urgente.
Agua agradable, una luz suave, silencio o música, piel hidratada, pies descansados y, sobre todo, tiempo. A veces necesitamos mucho menos de lo que creemos para sentir que hemos desconectado. Y lo mejor de este spa es que, cuando termina la sesión, estamos ya en casa.
Muy poco: agua, tiempo sin interrupciones, una temperatura agradable, toallas, algún producto hidratante y, si apetece, sales, música, velas o un aroma suave.
Sí. Una ducha tranquila, un masaje con el agua, una exfoliación corporal, un baño de pies y un ritual posterior de hidratación pueden proporcionar una experiencia estupenda sin necesidad de bañera.
Unos quince o veinte minutos suelen ser suficientes para muchas personas. El agua debe resultar agradable y no excesivamente caliente.
No es aconsejable utilizarlos en grandes cantidades ni verterlos indiscriminadamente sobre el agua, porque son sustancias concentradas y algunos pueden irritar la piel. Conviene emplearlos correctamente diluidos y respetar las indicaciones de uso.
Puede resultar agradable terminar la ducha con agua algo más fresca desde los pies hacia arriba, realizar después un masaje ascendente y descansar unos minutos con las piernas ligeramente elevadas.
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Convierte tu baño en un Spa
[quote name="Spa"]Hola trabajo en un Spa: http://www.armoniaysalud.cr
Como profesional en el área coincido con este artículo.
No es necesario gastarse una fortuna en centros de Spa cuando se puede crear un buen ambiente tranquilizador y cómodo en la propia casa.
Especialmente porque todos necesitamos bajar el estres.
Solo un pequeño consejo a los lectores:
Se puede incluir en el baño aceites esenciales y colocar un quemador, es relativamente barato y así se disfruta de la aromaterapia, si lo que necesitas es relajantes te aconsejo el aceite de Lavanda, está científicamente demostrado que este aroma baja el cortisol una de las hormonas principales del estres.
lineaysalud.com es un excelente sitio muchos éxitos.
Un abrazo desde Costa Rica[/quote]
Gracias, amigo de Costa Rica
os querido tocar el enlace, porque su comentario creemos que es muy util.
Un saludo
L&S
Coincido plenamente
Hola trabajo en un Spa: http://www.armoniaysalud.cr
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No es necesario gastarse una fortuna en centros de Spa cuando se puede crear un buen ambiente tranquilizador y cómodo en la propia casa.
Especialmente porque todos necesitamos bajar el estres.
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Se puede incluir en el baño aceites esenciales y colocar un quemador, es relativamente barato y así se disfruta de la aromaterapia, si lo que necesitas es relajantes te aconsejo el aceite de Lavanda, está científicamente demostrado que este aroma baja el cortisol una de las hormonas principales del estres.
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