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Sauna: cómo usarla correctamente, cuánto tiempo estar y qué precauciones tomar

L&S.- La sauna puede ser uno de esos pequeños placeres que obligan a detenerse: calor, silencio, sudor y unos minutos en los que no hay demasiado que hacer aparte de estar allí. Pero para disfrutarla no hace falta resistir temperaturas imposibles, aguantar hasta el límite ni organizar una competición de quién sale más rojo. Una buena sesión de sauna debe resultar agradable, no convertirse en una prueba de resistencia.

El calor provoca cambios importantes en el organismo. Los vasos sanguíneos de la piel se dilatan, aumenta el flujo sanguíneo, sube la frecuencia cardiaca y empezamos a sudar para regular la temperatura corporal. Al mismo tiempo puede producirse una bajada transitoria de la presión arterial, especialmente al levantarnos o salir de la cabina. Por eso conviene utilizarla con sentido común, empezar poco a poco si no estamos acostumbrados y salir inmediatamente si aparecen mareo, debilidad, náuseas, dificultad para respirar o sensación de calor insoportable.

¿Cómo tomar una sauna correctamente?

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No hace falta reservar dos horas, pero sí disponer del tiempo suficiente para no entrar con prisas. Antes de comenzar conviene estar razonablemente hidratado, no haber bebido alcohol y evitar entrar justo después de una comida abundante. Si acabamos de hacer ejercicio intenso, también es preferible recuperar primero líquidos y dejar que el cuerpo se tranquilice.

Quien utiliza una sauna por primera vez puede comenzar con unos 5 o 10 minutos y comprobar cómo responde. Una persona acostumbrada puede permanecer algo más, pero las recomendaciones generales suelen situar las sesiones alrededor de los 15 a 20 minutos como máximo. No hay premio por quedarse más tiempo y prolongar innecesariamente la exposición aumenta el riesgo de deshidratación, mareo y sobrecalentamiento.

¿A qué temperatura está una sauna?

La sauna finlandesa tradicional utiliza aire muy caliente y relativamente seco. Son habituales temperaturas aproximadas de 70 a 90 °C, aunque existen instalaciones que trabajan algo por debajo o por encima. Una sauna de vapor funciona de otra manera: la temperatura suele ser bastante menor, pero la humedad elevada dificulta la evaporación del sudor y hace que la sensación de calor sea intensa.

Por eso el número del termómetro no debe utilizarse como un desafío. La temperatura tolerable depende del tipo de sauna, de la humedad, del tiempo de exposición y de la persona. Si el calor resulta desagradable, no hay ninguna razón para permanecer dentro esperando a que el cuerpo «se acostumbre».

¿Dónde sentarse dentro de la sauna?

En una sauna tradicional el aire caliente asciende, de modo que los bancos superiores suelen estar más calientes que los inferiores. Si somos principiantes, podemos comenzar en una zona intermedia o baja y cambiar de posición según nuestras sensaciones. Sentarse o tumbarse son opciones válidas siempre que la instalación lo permita.

Antes de levantarse después de varios minutos de calor conviene hacerlo despacio. La vasodilatación y una posible bajada de la presión pueden producir mareo al incorporarnos bruscamente. Sentarse unos instantes, mover las piernas y levantarse de manera gradual es bastante más sensato que salir disparado hacia la ducha fría.

¿Hay que beber agua durante la sauna?

Sí podemos beber si tenemos sed. La antigua recomendación de evitar los líquidos durante la sauna para «eliminar el agua del cuerpo» no aporta ningún beneficio y puede favorecer la deshidratación.

Al sudar perdemos fundamentalmente agua y electrolitos. En una sesión breve suele bastar con beber agua antes y después, pero si hace mucho calor, hemos hecho ejercicio o la sesión es prolongada, también podemos necesitar líquidos durante el proceso. En determinadas circunstancias una bebida con electrolitos puede resultar útil, aunque para una sauna normal una persona sana no necesita convertir la rehidratación en una operación deportiva.

¿Hay que ducharse con agua fría después?

Puede resultar agradable, pero no es obligatorio. Lo más prudente es salir, dejar que el organismo empiece a enfriarse y ducharse a una temperatura confortable. Quien esté acostumbrado puede preferir agua fresca, pero pasar bruscamente de un calor intenso a agua helada produce cambios rápidos en los vasos sanguíneos y en la presión arterial.

El tradicional baño frío asociado a la sauna finlandesa forma parte de una práctica cultural muy arraigada, pero no es necesario para obtener los efectos del calor. Las personas con problemas cardiovasculares, presión arterial muy baja o muy alta, antecedentes de mareos o determinadas enfermedades deben ser especialmente prudentes con los contrastes extremos.

Sauna e hipertensión

El calor de la sauna dilata los vasos sanguíneos y puede modificar temporalmente la presión arterial. En algunas personas desciende; en otras la respuesta puede ser diferente. Por eso no conviene aplicar reglas como «si eres hipertenso, termina con agua fría» o «el agua helada te normalizará la tensión».

Una persona con hipertensión controlada puede tolerar bien la sauna, pero quien tenga hipertensión mal controlada, hipotensión, enfermedad cardiovascular importante, insuficiencia cardiaca, ciertas enfermedades valvulares o antecedentes recientes de infarto o ictus debería consultar previamente con su médico. Puedes ampliar información sobre la presión arterial y la hipertensión.

¿Cuántas veces se puede entrar y salir?

Una sesión puede ser suficiente. Quienes están acostumbrados a la sauna tradicional a veces realizan dos o tres ciclos de calor separados por periodos de descanso y enfriamiento. No existe necesidad de alcanzar tres rondas para que la sauna «funcione» ni de aumentar progresivamente el número de ciclos.

Lo importante es la respuesta individual. Si después del primer periodo ya estamos relajados y satisfechos, podemos terminar ahí. Si repetimos, debemos descansar entre sesiones, enfriarnos gradualmente y recuperar líquidos. El cansancio, el mareo o las náuseas son señales para terminar, no para intentar superar una ronda más.

¿La sauna elimina toxinas?

Sudamos mucho en una sauna, pero eso no significa que estemos realizando una gran «desintoxicación». El sudor sirve principalmente para regular la temperatura corporal y está formado sobre todo por agua y sales. Nuestro organismo dispone de órganos especializados —especialmente hígado y riñones— para procesar y eliminar muchas sustancias de desecho.

Puede haber pequeñas cantidades de determinados compuestos en el sudor, pero presentar la sauna como una forma de «abrir los poros para sacar toxinas» simplifica demasiado la fisiología humana. La razón principal para utilizar una sauna debería ser el bienestar, la relajación o el disfrute del calor, no una supuesta limpieza interna.

¿La sauna adelgaza?

No elimina grasa corporal de forma significativa. Después de una sesión la báscula puede marcar algo menos porque hemos perdido agua mediante el sudor. En cuanto volvemos a hidratarnos, ese peso reaparece, como debe ser.

La sauna tampoco sustituye a la actividad física. El calor puede aumentar temporalmente la frecuencia cardiaca y producir respuestas circulatorias que recuerdan en ciertos aspectos al ejercicio, pero no proporciona los efectos musculares, metabólicos y funcionales de caminar, correr, nadar o entrenar fuerza.

Puede ser un buen complemento para relajarse después del ejercicio si nos encontramos bien y estamos hidratados, pero no una alternativa al ejercicio.

¿Tiene beneficios para la salud?

La investigación sobre sauna ha encontrado asociaciones interesantes con bienestar, relajación, función cardiovascular y posiblemente otros efectos sobre la salud. Algunos grandes estudios observacionales realizados especialmente en Finlandia han relacionado el uso frecuente de sauna con menor incidencia de determinados problemas cardiovasculares.

Sin embargo, asociación no significa necesariamente causa. Las personas que utilizan sauna habitualmente pueden diferenciarse también en actividad física, nivel socioeconómico, alimentación, descanso y otros hábitos. Los ensayos clínicos disponibles todavía no permiten afirmar que tomar sauna prevenga por sí misma enfermedades cardiovasculares o prolongue la vida. Lo que sí sabemos es que una exposición breve y bien tolerada produce cambios circulatorios claros y puede resultar muy relajante.

Quién debe tener especial precaución con la sauna

Para la mayoría de adultos sanos una utilización razonable suele ser segura, pero conviene consultar previamente cuando existe una enfermedad cardiovascular importante, hipotensión, hipertensión mal controlada, enfermedad valvular, insuficiencia cardiaca, determinadas enfermedades neurológicas, embarazo o tratamientos farmacológicos que puedan afectar a la presión arterial, hidratación o regulación de la temperatura.

También debe evitarse después de consumir alcohol, durante una enfermedad aguda, fiebre o cuando estamos claramente deshidratados. Si durante la sesión aparecen mareo, debilidad, confusión, náuseas, dolor en el pecho, dificultad respiratoria o una sensación de malestar importante, hay que salir y enfriarse.

Lo que no conviene hacer en una sauna

  • Entrar después de beber alcohol.
  • Entrar deshidratado o con mucha sed.
  • Obligarse a permanecer dentro cuando el cuerpo pide salir.
  • Utilizar la sauna como método para perder grasa.
  • Realizar ejercicio intenso dentro de la cabina.
  • Intentar provocar todavía más sudor con envolturas o ropa adicional.
  • Encadenar numerosas sesiones sin descanso ni hidratación.
  • Realizar contrastes extremos de frío y calor si existe una condición médica que lo desaconseje.

Una sauna no debería ser una prueba de resistencia

Probablemente esta sea la regla más sencilla. La sauna puede ofrecer unos minutos de calor, tranquilidad y descanso, pero no hay que demostrar nada dentro de ella. Entrar hidratado, comenzar con periodos cortos, escuchar las señales del cuerpo, enfriarse de forma gradual y beber después constituye una estrategia bastante más útil que intentar aguantar hasta el último minuto.

Y si después salimos relajados, descansados y con ganas de volver otro día, probablemente la hemos utilizado mucho mejor que quien sale tambaleándose orgulloso de haber resistido cinco minutos más.

Preguntas frecuentes sobre la sauna

¿Cuánto tiempo se debe estar en una sauna?

Una persona que empieza puede probar con unos 5 o 10 minutos. Para usuarios habituados, las recomendaciones generales suelen situar las sesiones alrededor de 15 a 20 minutos, siempre saliendo antes si aparece malestar.

¿Hay que beber agua antes o después?

Conviene comenzar bien hidratado y beber después para recuperar el líquido perdido. Si tenemos sed durante la sesión, también podemos beber; no existe beneficio en obligarse a permanecer sin líquidos.

¿La sauna sirve para adelgazar?

Puede producir una pérdida temporal de peso debida al agua eliminada mediante el sudor, pero no supone una pérdida relevante de grasa corporal.

¿La sauna elimina toxinas?

El sudor está destinado principalmente a regular la temperatura corporal. La eliminación metabólica de sustancias corresponde fundamentalmente al hígado y los riñones.

¿Es obligatorio darse una ducha fría después?

No. Podemos enfriarnos gradualmente y utilizar una ducha fresca o templada según nuestra tolerancia. Los cambios extremos de temperatura no son necesarios.

Referencias

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Beatriz Puente

- Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL). - Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL. - Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios

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