Los perfumes combinan distintas materias aromáticas naturales y sintéticas para crear una composición que evoluciona sobre la piel.
L&S.- El perfume nos acompaña desde hace miles de años. Antes de existir los frascos y las grandes casas perfumistas ya se quemaban resinas, maderas y plantas aromáticas para producir humos olorosos en ceremonias, hogares y espacios públicos. De esa relación entre aroma y humo procede precisamente una de las explicaciones tradicionales de la palabra perfume, vinculada al latín per fumum, “a través del humo”.
Hoy llamamos perfume a una composición aromática formada por numerosas sustancias que se combinan para crear un olor determinado y hacerlo evolucionar con el paso de las horas. Algunas pueden proceder de materias naturales y otras ser moléculas obtenidas por síntesis. La perfumería moderna utiliza ambas porque ofrecen posibilidades diferentes y permiten construir aromas que serían imposibles utilizando únicamente extractos naturales.
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Un perfume no suele ser simplemente una mezcla de flores dentro de alcohol. Su fórmula puede contener decenas o incluso cientos de sustancias aromáticas combinadas cuidadosamente para conseguir un resultado equilibrado.
Entre ellas pueden encontrarse aceites esenciales, extractos, resinas, absolutos y moléculas aromáticas sintéticas. Estas sustancias se diluyen normalmente en alcohol y agua, aunque existen también perfumes en aceite, sólidos y otras formulaciones.
Las moléculas sintéticas no tienen por qué considerarse versiones inferiores de las naturales. Algunas reproducen aromas existentes en la naturaleza y otras aportan notas que no podrían obtenerse de manera práctica o sostenible mediante extracción vegetal.
Las sustancias aromáticas han tenido un papel importante en numerosas civilizaciones. Egipcios, griegos y romanos utilizaron resinas, plantas, aceites perfumados e incienso con finalidades religiosas, cosméticas y sociales. Durante siglos también se prepararon ungüentos y aguas aromáticas para perfumar el cuerpo y los espacios.
El desarrollo de la destilación y posteriormente del alcohol como vehículo permitió elaborar productos cada vez más parecidos a los perfumes actuales. Con el tiempo, la perfumería dejó de depender exclusivamente de materias naturales y la química amplió enormemente la paleta de aromas disponible para los perfumistas.
El perfume funciona porque nuestro sistema olfativo es capaz de reconocer una enorme variedad de moléculas volátiles. Los aromas pueden además quedar asociados a personas, lugares y experiencias, de modo que un olor puede despertar un recuerdo incluso muchos años después.
Perder el olfato modifica profundamente esa relación con el entorno. En nuestro artículo sobre anosmia explicamos por qué no percibir olores afecta no solo al disfrute de los aromas, sino también al sabor de los alimentos y a determinadas señales de peligro.
No existe un único procedimiento. Los aceites esenciales pueden obtenerse mediante destilación por vapor o, en el caso de muchos cítricos, mediante expresión de la piel.
Otras materias primas requieren extracción con disolventes u otros procedimientos para conservar mejor sus componentes aromáticos. También se ha utilizado tradicionalmente la maceración, aunque la perfumería actual dispone de métodos mucho más sofisticados.
El método importa porque puede modificar el aroma final y determinar qué sustancias llegan realmente a la composición.
La perfumería histórica utilizó materiales animales como el almizcle natural, la civeta o el ámbar gris. Actualmente su empleo es muy limitado o se ha sustituido por alternativas sintéticas, tanto por razones éticas y de conservación como por la posibilidad de conseguir aromas más estables y controlables.
Algo parecido ocurre con muchas notas vegetales. Un perfume puede contener materias naturales, sintéticas o una combinación de ambas sin que ello determine por sí solo su calidad.
Tenemos además una pieza específica sobre perfumes naturales, donde corresponde desarrollar mejor esa diferencia sin convertir “natural” y “sintético” en sinónimos de bueno y malo.
Cuando nos aplicamos un perfume, no percibimos exactamente el mismo aroma durante todo el día. Las moléculas más volátiles desaparecen antes y las más persistentes permanecen durante más tiempo, creando una evolución progresiva.
Tradicionalmente se habla de notas de salida, corazón y fondo. Las primeras son las que percibimos nada más aplicar el perfume; las notas de corazón aparecen después y dan buena parte de su carácter; las notas de fondo son más persistentes y permanecen cuando las más volátiles ya se han evaporado.
Este tema lo desarrollaremos especialmente en qué ocurre cuando un perfume entra en contacto con la piel, para no repetir aquí toda la arquitectura olfativa.
Las denominaciones perfume, eau de parfum, eau de toilette y eau de cologne suelen relacionarse con la proporción de composición aromática incorporada al producto, aunque no existen porcentajes universales e idénticos para todas las marcas.
Una mayor concentración no garantiza necesariamente que un perfume guste más ni que dure exactamente un número determinado de horas. La composición concreta y la volatilidad de sus ingredientes tienen mucho que decir.
El precio no depende únicamente del contenido del frasco. Algunas materias primas son costosas porque requieren enormes cantidades de flores, maderas o resinas para producir una pequeña cantidad de extracto. También influyen la complejidad de la fórmula, el proceso de desarrollo, el envase, la distribución, la publicidad y el posicionamiento de la marca.
Eso explica también por qué dos perfumes con una concentración semejante pueden tener precios extraordinariamente diferentes. Un perfume caro no tiene por qué gustarnos más y un perfume económico no es necesariamente de peor calidad.
La misma fragancia puede percibirse con pequeñas diferencias según quién la lleve. Influyen la temperatura de la piel, la cantidad aplicada, la hidratación, el entorno y, sobre todo, la manera en que el perfume se evapora a lo largo de las horas.
Por eso probar una fragancia directamente sobre la piel y darle tiempo antes de decidir suele ser más útil que elegirla únicamente por el primer olor de una tira de papel.
En nuestros consejos para elegir y utilizar perfumes veremos con más detalle dónde aplicarlos, cuánto utilizar y cómo conservarlos.
La idea de que determinadas fragancias pueden actuar como feromonas humanas ha sido muy explotada comercialmente. El perfume puede resultar atractivo, agradable o quedar asociado a una persona, pero eso es diferente de demostrar la existencia de una sustancia capaz de provocar automáticamente atracción sexual en otra persona.
El tema merece tratarse por separado porque mezcla olfato, comportamiento y marketing. Tenemos una pieza específica sobre feromonas masculinas y femeninas.
El perfume es mucho más que un líquido con buen olor. Detrás de una fragancia hay materias primas, química, técnicas de extracción, creatividad y una estructura diseñada para evolucionar con el tiempo.
También existe una parte profundamente personal: un aroma que resulta maravilloso a una persona puede no decir absolutamente nada a otra. Esa subjetividad forma parte precisamente de su atractivo.
Conocer cómo se construye un perfume permite elegirlo mejor y entender por qué cambia sobre la piel, por qué algunos duran más que otros y por qué el precio no siempre guarda una relación directa con cuánto nos va a gustar.
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muy bueno gracias :lol:
aceites escenciales en los perfumenes
:-)