El peso cambia de significado con la edad: la masa muscular, las hormonas, el movimiento y la salud importan tanto como la báscula.
L&S.- Cumplir años no resta atractivo. Afortunadamente, el atractivo no se calcula con una báscula ni viene con fecha de caducidad. Como decía mi abuela, “nunca falta un roto para un descosido”. Al final, mucho depende de los ojos con que nos miran… y también de los ojos con que nos miramos nosotros mismos.
Ahora bien, el peso sí cambia de significado con la edad. No porque exista un peso obligatorio para los 20, otro para los 50 y otro para los 70, sino porque nuestro cuerpo va cambiando.
Con los años pueden variar la masa muscular, la distribución de la grasa, las hormonas y, sobre todo, cuánto nos movemos cada día. Por eso, pesar exactamente lo mismo a los 25 y a los 70 años no significa necesariamente tener el mismo cuerpo.
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Muchas personas llegan a cierta edad convencidas de que tienen el metabolismo “bajo cero”. La sensación puede ser muy real: comen poco, hacen dieta y la báscula parece haberse declarado en huelga.
Sin embargo, no siempre es simplemente que el metabolismo se haya estropeado. Con el paso de los años pueden coincidir varios factores: menos masa muscular, menor actividad física, cambios hormonales y muchas más horas sentados.
Además, a veces reducimos el movimiento sin darnos cuenta. Caminamos menos, utilizamos más el coche, pasamos más tiempo sentados y dejamos de hacer pequeños esfuerzos cotidianos que antes formaban parte de nuestra vida.
Por tanto, alguien puede comer relativamente poco y, aun así, gastar también muy poca energía.
Imaginemos una mujer que pesa 55 kilos a los 25 años y vuelve a pesar 55 kilos décadas después. El número es idéntico, pero su composición corporal puede ser distinta.
Con la edad es frecuente perder parte de la masa y función muscular si no hacemos nada para conservarlas. Precisamente por eso, el ejercicio —y especialmente el trabajo de fuerza— adquiere cada vez más importancia.
Puedes consultar también nuestro artículo sobre el Índice de Masa Corporal (IMC), pero recuerda que el IMC tampoco distingue entre grasa y músculo.
A partir de cierta edad, adelgazar a cualquier precio deja de ser una buena idea.
Una dieta excesivamente restrictiva puede hacer que disminuya el peso, pero no nos interesa que una parte importante de esa pérdida sea músculo. El músculo ayuda a conservar fuerza, movilidad y autonomía con los años.
Por eso, puede ser mucho más interesante perder algo de grasa mientras mantenemos o mejoramos nuestra fuerza que perseguir desesperadamente un número bajo en la báscula.
No necesariamente es la mejor solución y, además, una dieta tan restrictiva no debería improvisarse.
Si parece que cada vez comemos menos y aun así no conseguimos adelgazar, lo razonable no es seguir recortando comida indefinidamente. Primero conviene revisar qué estamos comiendo, cuánta proteína tomamos, cuánto nos movemos, qué medicación utilizamos y si existe alguna enfermedad o circunstancia que pueda estar influyendo.
Además, cuanto más restrictiva sea la dieta, más difícil puede resultar mantenerla y cubrir correctamente las necesidades nutricionales.
No existe una dieta universal para adelgazar a partir de los 50, 60 o 70 años. Sin embargo, suele tener más sentido una alimentación sencilla y saciante que vivir contando migajas.
Verduras, legumbres, pescado, huevos, carnes poco procesadas, lácteos según tolerancia, fruta, frutos secos y aceite de oliva pueden formar parte de una alimentación saludable.
Además, la proteína merece especial atención porque contribuye al mantenimiento de la masa muscular.
En otras palabras: antes que comer poquísimo, interesa comer bien.
Aquí aparece una verdad poco glamourosa: no mover el culo también cuenta.
Y no hace falta ser deportista para cambiarlo.
Caminar, levantarse varias veces durante el día, hacer pequeños recorridos, subir escaleras cuando sea posible o trabajar con unas bandas elásticas ya supone una diferencia respecto a permanecer muchas horas sentado.
Las recomendaciones para personas de 65 años o más combinan actividad aeróbica, ejercicios de fuerza y actividades que ayuden a mantener el equilibrio.
Una combinación muy razonable sería:
Además, no es obligatorio empezar haciendo una hora de ejercicio. Para una persona muy sedentaria, comenzar con poco y mantenerlo suele tener bastante más sentido que hacer una heroicidad durante cuatro días y abandonar después.
Si apenas hacemos ejercicio, diez minutos de paseo ya son diez minutos más que ayer. Después podremos añadir otros diez.
Lo importante es conseguir que el movimiento deje de ser una visita ocasional y vuelva a formar parte de la vida cotidiana.
En las mujeres, la menopausia puede acompañarse de cambios en la composición corporal y favorecer una mayor acumulación de grasa en la zona abdominal.
Por eso puede aparecer esa desconcertante sensación de que “como lo mismo que antes y engordo donde antes no engordaba”.
Sin embargo, echarle toda la culpa a las hormonas tampoco ayuda demasiado.
Las hormonas influyen, sí. Pero también lo hacen la masa muscular, el movimiento diario, el sueño, la alimentación, el alcohol, algunos medicamentos y determinadas enfermedades.
Si quieres ampliar esta parte, puedes leer nuestro artículo sobre grasa visceral.
No existe una cifra única que pueda responder a esa pregunta.
Como orientación puedes consultar nuestras páginas sobre el peso ideal de la mujer, el peso ideal de la mujer según su altura, el peso ideal del hombre o el peso ideal del hombre según su altura.
Pero después hay que mirar algo más que los kilos.
¿Tienes fuerza? ¿Puedes levantarte fácilmente de una silla? ¿Caminas con soltura? ¿Tu cintura ha aumentado mucho? ¿Tus análisis son razonables? ¿Te encuentras bien?
Todo eso también habla de salud.
Y terminemos donde empezamos.
Perseguir exactamente el cuerpo que teníamos a los veinte puede convertirse en una batalla bastante injusta contra nosotros mismos.
El cuerpo cambia. El rostro cambia. También cambia nuestra forma de vestir, de movernos, de relacionarnos y hasta de mirar a los demás.
Pero cumplir años no nos vuelve automáticamente menos atractivos.
Afortunadamente, el deseo humano jamás ha obedecido las tablas de peso. A unos les gustan más delgados, a otros más rellenitos, a unos jóvenes y a otros con unas cuantas batallas encima.
Así que quizá el verdadero objetivo no sea conservar durante cincuenta años el mismo número en la báscula.
El objetivo es conservar un cuerpo que nos permita vivir bien dentro de él.
Y, como decía mi abuela, nunca falta un roto para un descosido.
Última revisión: Agosto de 2026.
Contenido revisado editorialmente por Línea y Salud.
Advertencia: Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario. Si tienes dificultad persistente para perder peso pese a una alimentación muy restrictiva, o existe una pérdida o ganancia de peso inexplicada, consulta con un profesional sanitario.
Acerca de Beatriz Puente:
Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.
National Institute on Aging. Qué sabemos sobre cómo envejecer saludablemente. Masa muscular, ejercicio, peso y envejecimiento. Consultar fuente.
Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Recomendaciones de actividad física para adultos mayores. Consultar fuente.
Organización Mundial de la Salud (OMS). Nutrición, peso saludable e Índice de Masa Corporal en adultos. Consultar fuente.
The Menopause Society. Menopausia, obesidad abdominal y distribución de la grasa corporal. Consultar fuente.
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