Sabes cuánto pesas y sabes cuánto mides. Incluso es posible que, sin hacer ninguna cuenta, tengas una idea aproximada de si esos dos números encajan entre sí. Entonces aparece alguien y te dice que calcules tu Índice de Masa Corporal (IMC).
Y la pregunta es bastante lógica: ¿para qué necesito otro número? Vamos a empezar precisamente por ahí, porque calcular el IMC es muy fácil. Lo interesante es entender qué nos cuenta, por qué se calcula de esa manera y, sobre todo, qué cosas no puede saber de nosotros.
¿Para qué necesito conocer mi IMC si ya sé cuánto peso y cuánto mido?
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Para orientarte de una forma aproximada quizá no lo necesites. Si sabes tu altura y conoces más o menos los rangos habituales de peso, ya tienes una primera referencia. De hecho, para eso sirven también las tablas de peso según la altura.
El IMC aporta otra cosa: convierte la relación entre peso y altura en un valor común. Así, un IMC de 22, 27 o 32 significa lo mismo cuando lo utiliza tu médico, un investigador o un estudio realizado con miles de personas.
Eso permite clasificar resultados, comparar poblaciones y detectar situaciones en las que puede ser interesante mirar algo más. Pero atención a esto, porque será importante durante todo el artículo: clasificar no es lo mismo que diagnosticar.
¿Quién inventó el IMC y para qué?
La historia es curiosa porque el IMC no nació en una consulta médica. En el siglo XIX, el matemático y estadístico belga Adolphe Quetelet estudiaba las características físicas de las poblaciones y observó que, en los adultos, el peso tendía a aumentar aproximadamente en relación con el cuadrado de la altura.
De ahí surgió lo que durante mucho tiempo se conoció como índice de Quetelet: peso dividido por altura al cuadrado. Mucho después, en 1972, el investigador Ancel Keys y sus colaboradores estudiaron distintos índices de peso y altura y popularizaron para este el nombre que hoy conocemos: Body Mass Index, o Índice de Masa Corporal.
Conocer esta historia ayuda bastante a entenderlo. El IMC nació para relacionar y comparar peso y altura; no para hacer una radiografía exacta del cuerpo de una persona.
¿Por qué no basta simplemente con mirar el peso?
Porque 70 kilos no significan lo mismo en una persona de 1,50 m que en otra de 1,90 m. El peso necesita ponerse en relación con el tamaño corporal para que podamos interpretarlo.
Eso es precisamente lo que intenta hacer el IMC. No pregunta simplemente «¿cuántos kilos pesas?», sino «¿cómo se relacionan esos kilos con tu altura?».
¿Por qué se divide el peso por la altura al cuadrado?
A primera vista puede parecer una fórmula un poco caprichosa. ¿Por qué altura al cuadrado y no simplemente altura? Porque dividir solo por la estatura no corrige suficientemente las diferencias de tamaño entre personas altas y bajas.
Quetelet observó que en los adultos el peso aumentaba aproximadamente en proporción al cuadrado de la altura. Esa relación resultó útil para comparar personas de diferentes tamaños y, con el tiempo, terminó convirtiéndose en el índice que seguimos utilizando.
Eso no significa que el cuerpo humano obedezca de manera perfecta a una fórmula matemática. Significa que encontramos una relación suficientemente útil como para orientarnos y comparar resultados.
¿Cómo puedo calcular mi IMC?
Ahora que sabemos para qué sirve la cuenta, hacerla no tiene ningún misterio. Necesitas tu peso en kilogramos y tu altura en metros.
IMC = peso (kg) ÷ altura² (m)
Imagina que pesas 70 kg y mides 1,70 m. Primero multiplicamos la altura por sí misma: 1,70 × 1,70 = 2,89. Después dividimos 70 entre 2,89.
70 ÷ 2,89 = 24,2
El resultado es un IMC aproximado de 24,2 kg/m². La operación es sencilla; la parte realmente interesante empieza ahora: saber qué significa ese 24,2.
¿Qué significa el resultado de mi IMC?
Para interpretar el número se utilizan unos intervalos de referencia. En adultos, la clasificación general permite distinguir bajo peso, normopeso, sobrepeso y diferentes grados de obesidad.
| IMC | Clasificación |
|---|---|
| Menos de 18,5 | Peso insuficiente |
| 18,5–24,9 | Normopeso |
| 25,0–29,9 | Sobrepeso |
| 30,0–34,9 | Obesidad tipo I |
| 35,0–39,9 | Obesidad tipo II |
| 40 o más | Obesidad tipo III |
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS) y clasificación de referencia utilizada por SEEDO para adultos.
La tabla sirve para situarnos, no para dictar sentencia. Una persona no se transforma de repente al pasar de un IMC de 24,9 a 25,0. Los límites sirven para clasificar y estudiar; el organismo no funciona mediante fronteras matemáticas tan exactas.
¿Es fiable el IMC o es solamente orientativo?
Aquí conviene separar dos cosas. El cálculo es objetivo. Si peso y altura están bien medidos, la operación dará siempre el mismo resultado. Lo que debemos interpretar con más cuidado es todo lo que pretendamos deducir a partir de ese número.
El IMC conoce tu peso y conoce tu altura. Nada más. No sabe cuántos de esos kilos corresponden a músculo, cuántos a grasa ni dónde se encuentra acumulada esa grasa.
¿Puede el IMC dejar peor parado a un culturista que a alguien con mucha grasa abdominal?
Sí. Y este es probablemente uno de los ejemplos más sencillos para entender sus limitaciones. Imagina un culturista de 1,90 m y 150 kg, con una enorme cantidad de masa muscular. Ahora imagina otra persona de 1,80 m y 105 kg, sedentaria y con una importante acumulación de grasa abdominal, la típica «barriga cervecera».
Si dejamos al IMC actuar como sentenciador, puede ocurrir algo sorprendente: el culturista obtiene un IMC bastante más alto. La fórmula ha visto 150 kilos, pero no ha visto esos brazos, ese pecho ni la composición de esos kilos.
Y tampoco ha visto la barriga de la otra persona.
¿Qué acaba de demostrarnos este ejemplo?
Que el IMC sabe hacer una cosa y no debemos pedirle otra. Relaciona kilos con altura de una manera uniforme, pero no sabe de qué están hechos esos kilos.
Eso tampoco significa que podamos decidir la salud de nuestros dos personajes simplemente mirándolos. Para saber qué ocurre realmente necesitaríamos más información. Precisamente ahí empieza el trabajo que una fórmula no puede hacer.
¿Por qué seguimos utilizando el IMC si sabemos que no es perfecto?
Porque una herramienta no tiene que hacerlo todo para ser útil. El IMC necesita únicamente dos datos fáciles de obtener, cuesta prácticamente nada, puede calcularse en segundos y permite utilizar el mismo criterio con millones de personas.
Eso resulta muy útil para estudiar poblaciones, observar tendencias y detectar situaciones en las que quizá convenga mirar un poco más. Como primera señal puede aportar bastante información; como descripción completa de una persona, se queda corto.
Dicho de otra manera: el problema no es utilizar el IMC. El problema sería convertirlo en juez cuando solamente es una herramienta.
¿Qué cosas no puede saber el IMC sobre mí?
No puede medir directamente tu porcentaje de grasa ni tu masa muscular. Tampoco sabe si la grasa se concentra principalmente alrededor del abdomen, un dato que puede aportar información adicional sobre determinados riesgos para la salud.
Además, el significado de un resultado puede cambiar según la edad, la evolución del peso, los antecedentes personales y familiares, la tensión arterial, determinados análisis o la existencia de alguna enfermedad.
¿Qué otras medidas pueden completar la información?
Una de las más sencillas es el perímetro de cintura. También pueden valorarse la composición corporal, la evolución del peso, la presión arterial, la glucosa, los lípidos y otros datos dependiendo de cada persona.
No significa que todo el mundo necesite hacerse una batería de pruebas. Significa simplemente que, cuando necesitamos saber más, hay información que el IMC no puede darnos por sí solo.
¿Qué hago si mi IMC sale alto o bajo?
Lo primero es no convertir el resultado en una sentencia. Tampoco hace falta asustarse ni empezar por nuestra cuenta una dieta extrema porque una calculadora nos haya colocado dentro de una categoría.
La pregunta útil es otra: ¿qué hay detrás de ese número? Si el resultado está bastante alejado de los intervalos habituales, ha cambiado mucho recientemente o tienes otros factores de riesgo o síntomas, ahí puede tener sentido que alguien valore el conjunto.
¿A qué profesional puedo acudir y para qué?
Depende de lo que necesites averiguar. Tu médico de familia puede valorar tu estado general, tus antecedentes, explorarte y decidir si hacen falta análisis u otras pruebas. Si existe una situación más compleja o sospecha de alteraciones metabólicas u hormonales, podrá valorar también si necesitas atención especializada, por ejemplo en Endocrinología.
Un dietista-nutricionista es un profesional sanitario capacitado para valorar la alimentación y trabajar sobre ella de acuerdo con las necesidades fisiológicas y, cuando corresponde, patológicas de la persona.
Lo importante es entender por qué puede hacer falta esa ayuda. La calculadora puede darte un número; el profesional puede intentar averiguar qué significa ese número en tu caso.
¿Necesito conocer mi IMC si me encuentro bien?
No necesitas vivir pendiente de él. El IMC puede servirte como referencia y puede ser útil para observar cambios, pero no tiene sentido convertirlo en otro número que comprobar constantemente.
Si estás buscando información sobre tu peso, conocerlo puede ayudarte a situarte y entender mejor de qué hablan médicos, estudios y recomendaciones sanitarias. Después puedes guardarlo en su sitio: como una pieza de información entre muchas otras.
¿Se utiliza igual el IMC en niños y adultos?
No. La tabla que has visto en esta página corresponde a adultos. Durante la infancia y la adolescencia el cuerpo está creciendo y el IMC debe interpretarse teniendo en cuenta la edad y el sexo mediante referencias específicas.
Por eso no debemos calcular el IMC de un niño y compararlo directamente con los límites de adultos. En este caso sí necesitamos criterios propios de cada etapa del crecimiento.
Entonces, ¿con qué idea me quedo?
El IMC es una herramienta, no un sentenciador.
Hace muy bien aquello para lo que sirve: relacionar peso y altura mediante un criterio común y darnos una primera referencia.
Lo que no puede hacer es mirar dentro de tu cuerpo, distinguir músculo de grasa, conocer tus análisis, tus antecedentes o cómo te encuentras.
El número aporta una pista. Entender a la persona requiere bastante más que una fórmula.
Última revisión: Agosto de 2026.
Contenido revisado editorialmente por Línea y Salud.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración individual cuando esta sea necesaria.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Obesity and overweight.
- Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). Clasificación del Índice de Masa Corporal.
- Eknoyan G. Adolphe Quetelet (1796–1874): the average man and indices of obesity.
- Organización Mundial de la Salud. Waist circumference and waist-hip ratio: report of a WHO expert consultation.
- Ley 44/2003, de ordenación de las profesiones sanitarias.


Cuantos puntos tengo que llegar cada dia ahora cuando inciio el regimen?
No me acabo de aclarar como va esta dieta.
A mi personalmente me han salido 16 punntos.
Cuanto tengo que sumar cada dia, cuantos punto s y cuanto tiempo? 🙁
masa corporal
🙁