La belleza en el siglo XXI ha cambiado mucho en pocas décadas. Lo que antes se asociaba sobre todo a las mujeres —cosmética, depilación, cuidado de la piel y tratamientos estéticos— forma hoy parte de un mercado mucho más amplio en el que participan hombres y mujeres de todas las edades.
L&S.- Observar cómo nos arreglamos, qué compramos para cuidarnos o qué cambios estamos dispuestos a hacer en nuestro cuerpo dice mucho sobre una sociedad. La belleza no es solo una cuestión de gustos: también está relacionada con la cultura, la economía, el género, la edad y la forma en que cada época entiende la imagen personal.
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La ropa, el cabello, la piel, el maquillaje, la barba, los tatuajes o el perfume forman parte de la manera en que nos presentamos ante los demás.
Eso no significa que el aspecto físico defina a una persona, pero sí que influye en la primera impresión y en algunos juicios sociales. La psicología lleva décadas estudiando el llamado attractiveness bias, el sesgo por atractivo físico, que puede afectar incluso a valoraciones laborales.
En otras palabras, aunque sepamos que no debería ser así, tendemos a reaccionar de forma distinta ante unas apariencias y otras.
Durante mucho tiempo, la belleza fue un territorio principalmente femenino
En la sociedad occidental del siglo XX, la cosmética y muchos cuidados estéticos estaban dirigidos casi exclusivamente a las mujeres.
El hombre podía afeitarse, usar colonia, vestir bien o cuidar su cabello, pero determinadas prácticas —depilarse, utilizar cremas faciales o mostrar un interés intenso por la moda— chocaban con una idea bastante rígida de masculinidad.
Eso empezó a cambiar de forma visible en los años noventa.
La aparición del hombre metrosexual
En 1994, el escritor británico Mark Simpson utilizó el término metrosexual para describir a un hombre urbano, consumidor y muy pendiente de su apariencia.
El concepto se popularizó años después y figuras como David Beckham se convirtieron en símbolos de aquel cambio.
Hoy la palabra suena casi antigua, y precisamente por eso resulta interesante. Que en aquel momento hubiera que crear una etiqueta para un hombre que se depilaba, cuidaba su piel o gastaba dinero en moda muestra hasta qué punto esas conductas se consideraban poco habituales.
Puedes ampliar esta etapa en nuestro artículo sobre el hombre metrosexual.
Cuando el cuidado dejó de tener tanto género
Con el tiempo, muchas prácticas se normalizaron.
Hoy resulta habitual que los hombres utilicen cosméticos, se depilen, cuiden sus cejas, recurran a tratamientos capilares o se sometan a procedimientos estéticos. El bótox en los hombres, por ejemplo, ya no despierta la sorpresa que habría generado hace unas décadas.
Al mismo tiempo, muchas mujeres han dejado atrás normas antiguas sobre cómo debían maquillarse, vestirse o envejecer.
Las fronteras no han desaparecido, pero son mucho menos rígidas.
El siglo XX también cuestionó otras categorías
Ese cambio no ocurrió solo en la estética.
Durante el siglo XX comenzaron a revisarse muchas categorías sociales que hasta entonces parecían muy claras. Un ejemplo fue el trabajo de Alfred Kinsey y su equipo sobre sexualidad humana.
En 1948 propusieron una escala de 0 a 6 para describir experiencias que no siempre encajaban de forma estricta en heterosexualidad u homosexualidad.
El Informe Kinsey no estudió la belleza, pero sirve como ejemplo de una época en la que empezaron a cuestionarse clasificaciones demasiado rígidas.
Con los años, algo parecido ocurrió con la forma de vestir, cuidarse o presentar el cuerpo.
La belleza en el siglo XXI se convirtió en una gran industria
La transformación cultural vino acompañada de un enorme crecimiento económico.
A la cosmética tradicional se sumaron tratamientos médico-estéticos, cirugía, depilación, dispositivos domésticos, nutricosmética, clínicas especializadas, productos antiedad y una oferta casi infinita de cuidado personal.
Hoy la industria de la belleza mueve cientos de miles de millones de dólares en todo el mundo.
Además, sus límites se han ampliado. Ya no se habla solo de maquillaje o perfume, sino también de bienestar, salud de la piel, envejecimiento, cabello, uñas, imagen corporal y cuidado personal.
La belleza en el siglo XXI también está marcada por una exposición a imágenes que ninguna generación anterior había experimentado.
Antes nos comparábamos con las personas de nuestro entorno o con las imágenes de actores y modelos.
Ahora podemos ver cientos o miles de rostros y cuerpos cada día.
Muchos de ellos están seleccionados, posados, iluminados o retocados. Esa exposición constante ha cambiado la relación con la propia imagen.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró una relación significativa entre la comparación social en redes y una mayor preocupación por la imagen corporal.
No significa que las redes afecten de la misma manera a todo el mundo, pero sí que la comparación permanente se ha convertido en un elemento nuevo y muy poderoso.
El cuerpo como algo modificable
Otra diferencia respecto a generaciones anteriores es la cantidad de cosas que hoy podemos cambiar.
Podemos modificar el cabello, eliminar vello, corregir dientes, tratar manchas, reducir grasa, aumentar músculo, suavizar arrugas o modificar determinadas partes del cuerpo mediante cirugía.
Procedimientos como el lifting o la liposucción forman ya parte del paisaje estético habitual.
La tecnología ha ampliado enormemente las posibilidades de elección.
También ha cambiado la idea de cuidarse. Cuerpo, género y consumo
No todo gira alrededor de parecer más joven o más atractivo.
Muchos consumidores buscan productos más sencillos, ingredientes vegetales, sostenibilidad y formulaciones menos agresivas.
De ahí el crecimiento de conceptos como cosmética natural y cosmética ecológica.
El consumidor actual pregunta no solo qué hace un producto, sino también qué contiene, cómo se fabrica y qué impacto tiene.
Belleza en el siglo XXI: cuerpo, género y consumo. Una forma de entender la sociedad
Estudiar la belleza en el siglo XXI permite observar cómo cambian las normas sociales, el consumo, los roles de género y nuestra relación con el aspecto físico.
Más que una cuestión superficial, es una ventana bastante reveladora sobre la sociedad en la que vivimos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la belleza tiene interés sociológico?
Porque los ideales de apariencia están relacionados con la cultura, el género, la edad, la economía, los medios de comunicación y las normas sociales de cada época.
¿Los hombres siempre se han preocupado menos por su aspecto?
No. Los hombres siempre han seguido códigos de apariencia. Lo que cambia son las prácticas que cada sociedad considera aceptables para ellos.
¿Qué significa metrosexual?
El término se utilizó para describir a un hombre urbano muy interesado en la moda, la cosmética y el cuidado personal. Se popularizó a comienzos del siglo XXI y hoy se utiliza mucho menos.
Las investigaciones encuentran una asociación entre la comparación física en redes y una mayor preocupación por la imagen corporal, aunque la intensidad de esa relación varía entre personas.
¿El Informe Kinsey estudió la belleza?
No. Estudió la sexualidad humana. Se menciona aquí únicamente como ejemplo histórico del cuestionamiento de categorías sociales rígidas durante el siglo XX.
Referencias
- Kinsey Institute. The Kinsey Scale.
- Mark Simpson. Origen del término metrosexual.
- Hosoda M, Stone-Romero EF, Coats G. The effects of physical attractiveness on job-related outcomes: a meta-analysis.
- Bonfanti RC et al. Social comparison in social media, body image concerns and eating disorder symptoms: systematic review and meta-analysis.
- McKinsey & Company. The State of Beauty 2025.
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.

