La prostatitis puede causar dolor pélvico, molestias al orinar y síntomas sexuales, aunque no todos los casos se deben a una infección bacteriana.
L&S.- La prostatitis es un término que engloba varios trastornos capaces de producir dolor, síntomas urinarios, molestias en la región pélvica y, en algunos casos, inflamación o infección de la próstata. Aunque el nombre parece describir una sola enfermedad, en realidad existen formas muy diferentes entre sí y solo algunas están causadas por bacterias.
Esta distinción es fundamental porque un hombre con fiebre alta, escalofríos y dificultad repentina para orinar no tiene el mismo problema que otro que lleva meses sufriendo dolor en el periné, molestias después de eyacular y cultivos repetidamente negativos. Ambos pueden recibir la etiqueta de prostatitis, pero necesitan una evaluación y un tratamiento diferentes.
También conviene aclarar desde el principio una confusión frecuente: la prostatitis no es lo mismo que la hiperplasia benigna de próstata. La hiperplasia de próstata consiste en un crecimiento benigno del tejido prostático, mientras que la prostatitis comprende procesos infecciosos, inflamatorios o de dolor pélvico.
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La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino situada debajo de la vejiga y alrededor de la primera parte de la uretra. Produce parte del líquido seminal y participa en la eyaculación.
Debido a su localización, los problemas prostáticos pueden producir síntomas que afectan tanto a la micción como a la región genital y pélvica. En la prostatitis pueden aparecer dolor al orinar, aumento de la frecuencia urinaria, urgencia, molestias en el periné, pene o testículos y dolor durante o después de la eyaculación.
Sin embargo, no todos los pacientes presentan inflamación prostática demostrable. Especialmente en el llamado síndrome de prostatitis crónica o dolor pélvico crónico, el problema puede implicar también músculos del suelo pélvico, sistema nervioso, mecanismos del dolor y factores psicológicos y de estrés.
Los síntomas dependen mucho del tipo de prostatitis. Algunos aparecen de forma brusca y acompañados de fiebre; otros comienzan lentamente y pueden persistir durante meses o aparecer por temporadas.
En las formas bacterianas agudas pueden aparecer además fiebre, escalofríos, malestar general, náuseas y retención urinaria. Estos síntomas requieren una valoración rápida porque una infección prostática aguda puede producir complicaciones importantes.
La clasificación utilizada actualmente distingue cuatro grandes categorías. Esta forma de ordenar el problema ha sustituido en buena medida expresiones antiguas como “prostatodinia” o “prostatitis abacteriana”, aunque todavía pueden encontrarse en textos y consultas.
La prostatitis bacteriana aguda es una infección de comienzo generalmente rápido. Puede producir fiebre elevada, escalofríos, dolor en la pelvis o zona lumbar, molestias intensas al orinar, frecuencia urinaria y dificultad para vaciar la vejiga.
Las bacterias que provocan infecciones urinarias, especialmente microorganismos procedentes del aparato digestivo, pueden alcanzar la próstata a través de la uretra. También pueden existir circunstancias que aumenten el riesgo, como determinadas manipulaciones del aparato urinario, sondajes o alteraciones que dificulten el vaciamiento.
En algunos pacientes deben valorarse además infecciones de transmisión sexual según la edad, los antecedentes y las prácticas sexuales.
Si un hombre presenta fiebre y escalofríos junto con dolor o dificultad importante para orinar, debe recibir atención médica con rapidez. La infección puede extenderse a la sangre o formar un absceso prostático en los casos más graves.
La prostatitis bacteriana crónica también está provocada por bacterias, pero su presentación suele ser mucho menos llamativa. Los síntomas pueden aparecer y desaparecer y algunas veces predominan las infecciones urinarias recurrentes.
Puede haber dolor pélvico, molestias al orinar, urgencia, frecuencia y dolor durante o después de la eyaculación. A diferencia de la forma aguda, la fiebre alta no es habitual.
El diagnóstico intenta demostrar que existe una infección bacteriana persistente o recurrente y determinar qué microorganismo está implicado para elegir el tratamiento antibiótico adecuado.
Esta es la forma más frecuente y también una de las más complejas. Se denomina prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico o CP/CPPS por sus siglas en inglés.
El síntoma central suele ser el dolor o malestar pélvico que persiste o aparece repetidamente durante al menos varios meses. Puede localizarse en el periné, pene, testículos, zona suprapúbica, abdomen inferior o espalda baja.
Es especialmente característico que algunos hombres presenten dolor durante o después de eyacular. También pueden coexistir urgencia, frecuencia, chorro débil y molestias uretrales.
Lo importante es que en muchos de estos pacientes no se encuentra una infección bacteriana. Por tanto, no debe considerarse simplemente una infección que “no se curó bien”.
En esta categoría aparecen signos de inflamación prostática en pruebas realizadas por otros motivos, pero el hombre no presenta síntomas propios de prostatitis.
Generalmente no necesita tratamiento específico. Puede descubrirse durante estudios relacionados con infertilidad, alteraciones prostáticas u otras circunstancias clínicas.
Durante años se utilizó el término prostatodinia para describir a hombres jóvenes o de mediana edad que sufrían dolor pélvico y síntomas urinarios sin encontrar bacterias ni una inflamación prostática claramente demostrable.
Hoy ese concepto se ha integrado fundamentalmente dentro del síndrome de dolor pélvico crónico. El cambio de nombre no es simplemente una cuestión terminológica: refleja que se ha comprendido que el dolor puede involucrar muchas más estructuras que la próstata.
En algunos hombres existe tensión o hipertonía del suelo pélvico, hipersensibilización de los nervios, alteraciones musculares y una interacción entre dolor, estrés y sistema nervioso.
El estrés no debe presentarse como la causa universal de la prostatitis, pero sí puede tener un papel importante en determinados pacientes con dolor pélvico crónico.
Cuando una persona permanece en estado de tensión puede aumentar involuntariamente la contracción de los músculos abdominales y del suelo pélvico. Si esos músculos ya están doloridos o demasiado tensos, mantenerlos contraídos durante horas puede perpetuar las molestias.
Además, el dolor prolongado produce ansiedad y la ansiedad aumenta la vigilancia sobre las sensaciones corporales, creando un círculo difícil de romper. Por eso las guías actuales contemplan técnicas de relajación, tratamiento del suelo pélvico y estrategias de control del estrés dentro de un enfoque multimodal cuando están indicadas.
No se ha demostrado que tener pocas relaciones sexuales, mantener una actividad sexual irregular o retener voluntariamente la eyaculación sea una causa establecida de prostatitis.
Algunos hombres observan que sus síntomas cambian con la actividad sexual: en unos la eyaculación puede aliviar temporalmente la sensación de congestión, mientras que en otros desencadena o aumenta el dolor. Esa experiencia individual no significa que exista una frecuencia de eyaculación obligatoria para mantener sana la próstata.
Especialmente en el síndrome de dolor pélvico crónico, conviene observar qué ocurre en cada persona sin convertir la sexualidad en otra fuente de preocupación.
El diagnóstico comienza con la historia clínica. El médico necesita saber cuándo aparecieron los síntomas, dónde se localiza el dolor, si existe fiebre, qué ocurre al orinar, si hay dolor con la eyaculación y si se han producido anteriormente infecciones urinarias.
También suele realizarse una exploración física y, dependiendo del caso, un tacto rectal para valorar la próstata.
El análisis de orina y el urocultivo son especialmente importantes cuando se sospecha una prostatitis bacteriana. Permiten detectar signos de infección e identificar el microorganismo responsable.
Cuando existen factores de riesgo pueden realizarse además pruebas para infecciones de transmisión sexual.
En algunos protocolos históricos se obtenían secreciones prostáticas mediante masaje y se comparaban muestras de orina antes y después de la maniobra. Estas técnicas todavía pueden tener utilidad en situaciones concretas de prostatitis crónica, aunque actualmente no son necesarias en todos los pacientes.
Hay una excepción muy importante: si se sospecha una prostatitis bacteriana aguda, no debe realizarse un masaje prostático vigoroso, porque la manipulación de una próstata intensamente infectada puede favorecer el paso de bacterias al torrente sanguíneo.
No de forma rutinaria. La mayoría de las prostatitis no requiere realizar todas esas pruebas.
La ecografía, el TAC u otras técnicas de imagen pueden utilizarse si existen dudas diagnósticas, retención urinaria, mala evolución con el tratamiento o sospecha de una complicación como un absceso prostático.
En hombres con síntomas crónicos también pueden estudiarse el flujo urinario, el residuo que queda en la vejiga después de orinar y otras alteraciones del aparato urinario cuando la situación lo justifica.
La inflamación y especialmente una infección de la próstata pueden elevar temporalmente el PSA o antígeno prostático específico.
Por esta razón, encontrar un PSA elevado durante un episodio de prostatitis no significa automáticamente que exista cáncer de próstata. En muchos casos resulta conveniente esperar a que la infección o inflamación se haya resuelto antes de interpretar nuevamente el marcador.
No. La prostatitis no es cáncer de próstata y un diagnóstico de prostatitis no significa que el hombre tenga un tumor.
Ambas enfermedades afectan a la misma glándula y determinados síntomas pueden coincidir, de modo que el médico puede necesitar realizar estudios para distinguirlas.
También se investiga desde hace años la posible relación entre inflamación prostática crónica y carcinogénesis. Existen asociaciones epidemiológicas y mecanismos biológicos plausibles, pero esto no permite afirmar que tener prostatitis crónica provoque necesariamente cáncer de próstata.
La prostatitis bacteriana aguda requiere antibióticos. La elección depende de la gravedad del cuadro, las bacterias más probables, los cultivos, las resistencias locales y la situación de cada paciente.
Los casos leves pueden tratarse de forma ambulatoria, mientras que una infección grave acompañada de fiebre intensa, vómitos, retención urinaria, hipotensión o signos de infección generalizada puede necesitar hospitalización y antibióticos intravenosos.
También puede ser necesario tratar el dolor, mantener una hidratación adecuada y solucionar una retención urinaria si se produce.
Cuando se demuestra una infección bacteriana persistente suelen utilizarse antibióticos durante periodos más prolongados que en una infección urinaria sencilla, porque no todos los fármacos penetran igualmente bien en el tejido prostático.
El cultivo ayuda a elegir el antibiótico y también permite comprobar si las infecciones urinarias repetidas están producidas por el mismo microorganismo.
Si existen además síntomas de vaciado urinario, el urólogo puede valorar otros tratamientos, como los alfabloqueantes, según las características del paciente.
Aquí cambia completamente el enfoque. Cuando no hay una infección bacteriana demostrada, repetir cursos de antibióticos una y otra vez puede aportar poco y producir efectos adversos y resistencias.
Actualmente se tiende a utilizar un tratamiento multimodal adaptado a los síntomas predominantes. Puede incluir alfabloqueantes cuando existen dificultades urinarias, antiinflamatorios en determinados periodos, tratamiento dirigido al dolor neuropático, fisioterapia del suelo pélvico cuando existe tensión muscular, ejercicio, técnicas de relajación y tratamiento de factores psicológicos cuando están contribuyendo a mantener el dolor.
En algunos hombres la fisioterapia especializada del suelo pélvico puede ser especialmente importante. No hablamos simplemente de hacer ejercicios de Kegel: si los músculos ya están excesivamente contraídos, fortalecerlos todavía más podría no ser lo adecuado. El fisioterapeuta debe valorar si el problema es debilidad, tensión, puntos dolorosos o falta de coordinación.
La fitoterapia merece un apartado propio porque existe más investigación de la que a veces se supone. Eso no significa que todas las plantas comercializadas para “la próstata” hayan demostrado beneficio ni que cualquier producto sirva para cualquier tipo de prostatitis.
Los estudios más interesantes se concentran principalmente en el síndrome de prostatitis crónica/dolor pélvico crónico, no en la prostatitis bacteriana aguda. Una infección bacteriana con fiebre no debe sustituir su tratamiento antibiótico por suplementos.
La quercetina es un flavonoide presente de forma natural en numerosos alimentos y estudiado por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Un pequeño ensayo aleatorizado y controlado en hombres con síndrome de prostatitis crónica/dolor pélvico encontró una mejoría significativamente mayor en la puntuación NIH-CPSI entre quienes recibieron quercetina que entre quienes tomaron placebo.
El estudio fue pequeño y antiguo, por lo que no permite presentar la quercetina como tratamiento definitivo, pero constituye una señal clínica interesante y explica por qué continúa apareciendo en revisiones y guías sobre fitoterapia para dolor pélvico prostático.
Algunos extractos de polen estandarizados también se han estudiado en hombres con síndrome de dolor prostático crónico. Ensayos clínicos y revisiones han encontrado mejorías principalmente en el dolor, los síntomas globales y la calidad de vida en determinados pacientes.
Esto no significa que cualquier suplemento de polen tenga automáticamente el mismo efecto: los estudios se realizan con extractos y formulaciones concretas, algo que siempre debe tenerse en cuenta cuando hablamos de productos naturales.
El saw palmetto o Serenoa repens se conoce sobre todo por su utilización tradicional en problemas prostáticos y síntomas urinarios.
La evidencia específicamente en prostatitis crónica no ha sido uniforme. Un estudio antiguo de un año no observó una mejoría apreciable con saw palmetto frente a finasterida. Sin embargo, un ensayo multicéntrico posterior, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo en 221 hombres con síndrome de prostatitis crónica/dolor pélvico encontró mejorías significativas en la puntuación NIH-CPSI con un extracto de Serenoa repens.
Por tanto, aquí tenemos un buen ejemplo de por qué no conviene despachar un producto con un simple “funciona” o “no funciona”. Hay resultados clínicos contradictorios y depende también del extracto utilizado, la duración y el perfil del paciente.
La maca roja tiene investigación experimental interesante relacionada con el tejido prostático y la hiperplasia inducida en animales, que hemos comentado en nuestro artículo dedicado a la hiperplasia benigna.
Sin embargo, no disponemos de evidencia clínica suficiente para afirmar que la maca trate la prostatitis crónica en hombres. Por eso no sería correcto mantener la antigua recomendación de que “regulariza todos los problemas prostáticos”. Puede estudiarse como complemento dentro de otros contextos, pero no debemos atribuirle una eficacia que todavía no se ha demostrado específicamente para esta enfermedad.
Algunos hombres con dolor pélvico crónico encuentran alivio con baños calientes, calor local moderado, actividad física adaptada y reducción de aquellos alimentos o bebidas que individualmente empeoran los síntomas.
El alcohol, la cafeína, alimentos muy picantes o ácidos pueden resultar irritantes para algunos pacientes, pero no existe una dieta universal de la prostatitis que todos deban seguir.
También conviene evitar permanecer sentado durante periodos excesivamente largos si esto aumenta el dolor perineal. En algunos hombres el ciclismo puede agravar temporalmente las molestias debido a la presión ejercida sobre la zona.
La prostatitis crónica puede afectar considerablemente a la sexualidad. El dolor durante o después de la eyaculación puede hacer que el hombre empiece a anticipar las relaciones con preocupación, disminuya la frecuencia sexual o evite determinadas situaciones.
También pueden coexistir problemas de erección, disminución del deseo y miedo a que el dolor empeore. No siempre existe una lesión sexual directa: dolor persistente, sueño alterado, ansiedad y preocupación pueden influir considerablemente.
Cuando existe disfunción eréctil conviene estudiarla además como problema propio y no atribuirla automáticamente a la inflamación prostática.
Una prostatitis crónica puede resultar muy molesta, pero la prostatitis bacteriana aguda puede convertirse en un problema importante en poco tiempo.
Especialmente la combinación de fiebre, escalofríos y dificultad para orinar necesita atención médica rápida.
Que el estrés, el sistema nervioso o el suelo pélvico participen en el síndrome de dolor pélvico crónico no significa que el dolor sea imaginario.
El dolor persistente puede involucrar simultáneamente músculos, nervios, sensibilidad del sistema nervioso, función urinaria y respuesta emocional. Precisamente por eso algunos hombres no mejoran cuando se busca una única causa y se repite siempre el mismo tratamiento.
Comprender esa complejidad permite ampliar las posibilidades terapéuticas. En lugar de preguntar únicamente “¿qué bacteria tengo?”, puede ser necesario valorar también el suelo pélvico, la calidad del sueño, las características del dolor, la micción, la función sexual y los factores que desencadenan o alivian los síntomas.
La palabra prostatitis ha servido durante décadas para agrupar situaciones muy distintas. Hoy sabemos que algunas son verdaderas infecciones bacterianas y necesitan antibióticos, mientras que otras pertenecen al complejo síndrome de dolor pélvico crónico y requieren un tratamiento mucho más individualizado.
Por eso determinar el tipo de prostatitis es más importante que limitarse a confirmar que “la próstata está inflamada”. Un diagnóstico correcto evita tanto dejar sin tratar una infección como administrar antibióticos innecesariamente durante meses a un hombre que no tiene bacterias.
Y también permite recuperar herramientas que durante años quedaron en segundo plano: fisioterapia especializada, control del dolor, actividad física, reducción de la tensión muscular, manejo del estrés y determinados productos naturales que sí cuentan con investigación clínica preliminar o moderada.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. La presencia de fiebre, escalofríos, imposibilidad para orinar o deterioro importante del estado general junto con síntomas prostáticos necesita valoración médica rápida.
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.
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Hola. Recomiendan saw palmetto y maca roja y negra, pero el producto Prostex si contiene saw palmetto pero no contiene maca.
Saludos.
Tengo dolor en el pene, está rojo. No me puedo erectar ni tener relaciones sexuales placenteras. He ido a médicos pero no me dan un diagnóstico acerca de ello. No sé que púedo tener.
Hola . Les escribo pues mi caso es muy complejo de encontrar un diagóstico adecuado y necesito su ayuda:
Desde los 15 años una noche me despertó un muy fuerte dolor en la region del ano el cual con el paso del tiempo fue incrementando de frecuencia. El dolor es horrible como si estirarán muy fuerte los músculos del recto. Esto me llevó a un sin fin de médicos dando como último y difícil diagnóstico de un "síndrome de los elevadores del recto" que provocan ese estiramiento y contractura. Dichos episodios en un 90 % es en la noche mientras duermes. Este síndrome es ocasionado por estrés y lo padecen en su mayoría personas ansiosas y obsesivas. Hace 3 años en una ocasión después de eyacular me quedo un ardor todo el tiempo sin parar en el pene el cual me llevó al urólogo.....después de batallar 2 meses con ese ardor todo el tiempo e inexplicable incluyendo algunas molestias temporales en un testiculo un día arroje un especie de cilindro blanco flexible aclarando que no me dolió ni nada por el estilo....cosa que el urólogo no le dio importancia. En un examen de semen salió positivo a Estafilococo fecalis para lo cual me mandaron tratamiento de muy largo...mi mejora se dio con los a1 bloqueadores aunque solo los tome 3 meses pues me daban erecciones matutinas involuntarias de larga duración lo cual me dio algo de temor. Para variar ya casi al final de esta crisis de salud la cual duro como 4 meses fue que arroje un pequeño cálculo del tamaño de dos arenas juntas color transparente tipo un sal pero súper filoso el cual recojo de la punta de mi pene. Por lo que debo mencionarles que padezco litiasis renal hereditaria desde los 15 años. A raíz de esto y a la fecha mis eyaculaciones son débiles y suelen en el 70% ser con poco semen.Bueno después de ese episodio hoy a tres años después tengo los mismos síntomas en vías urinarias y sinceramente me da miedo y es muy incomodo eso de sentir ardor todo el tiempo. No hay posibilidad de contagio sexual ya que no tengo pareja. Solicito ayuda médica especializada ya que reconozco ser una persona ansiosa obsesiva y este tipo de enfermedades desconocidas me matan psicológicamente pues todo el día tienen mi mente estresada. Por lo que he leído empato un un poco con la PROSTATODINIA provocada por tantos eventos de contractura rectal debido a mi síndrome del recto. Auxilio alguien me puede ayudar. Quiero un muy buen urólogo que me oriente. TENGO 40 años y Vivo en MÉXICO D.F.
Estimado Neftalí. Queda su petición de ayuda publicada. La verdad es que parece que pueda haber problemas prostáticos/urinarios. Junto con el ano, son zonas demasiado cercanas dentro del organismo y un dolor o molestia prostática, se puede ver reflejada en el suelo pélvico.
Mientras, yo le aconsejaría que practicara los ejercicios de kegel (suelo o piso pélvico). Puede encontrar amplia información al respecto. y sobre todo, tome maca negra y roja de 800 mg (6 cápsulas al día), junto con Saw palmetto 1, o 2 cápsulas al día). Es lo mejor que puede tomar para la salud prostática.
Sobre el problema de litiasis, es más fácil. Si necesita hablar más de cerca. escribanos un Whastapp al +34 684040321
Los productos que le recomiendo los encuentra en nuestra tienda en:
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hiperplasia benigna es una inflamación en la próstata y prostatitis es lo mismo? Tenía entendido que no, ahora estoy un poco confundido, yo tengo 47 años y me detectaron la próstata súper inflamada, el médico me mando a comer sano, hacer ejercicios y tomar un suplemento natural que tiene zinc llamado alpharise, he venido siguiendo este tratamiento por cinco meses y si he visto cambios favorables.
Todas las patologías que terminan con el sufijo "itis", describen una inflamación (del tipo que sea). Una hiperplasia en cualquier tejido) se puede describir como un amento "anormal" del tamaño que sufre un órgano o un tejido orgánico debido al incremento del número de células normales que lo forman. Es también una inflamación. La hiperplasia define más el porqué. La inflamación de la próstata, o prostatitis, se puede dar por otras razones, aparte del incremento en el número de células. ¿Es correcto llamar prostatitis a una HPB? Sí. Menos específico, pero correcto.
A propósito de tratamientos. Nosotros tenemos un protocolo que funciona muy bien.
Felicidades por el artículo
Quería felicitaros por el artículo que me ha parecido bastante completo y quería hacer incape en los importante para los hombres de mas de 40 años años que deberían de hacerse revisiones anuales para controlar el estado de la próstata ya que es una de las causas por la que más muere el hombre. Un abrazo
PROSTATITIA CORREGIDA DEJA DE CAER CABELLO
MI PEGUNTA es si tengo prostatitis bacteriana y se corrige se dejara de caer mi cabello