Los correctores de maquillaje pueden variar en color y textura según la zona que queramos disimular o neutralizar.
L&S.- Un buen corrector de maquillaje puede hacer mucho más que disimular unas ojeras. Bien elegido y aplicado con poca cantidad, permite neutralizar rojeces, suavizar manchas oscuras, camuflar pequeñas imperfecciones y unificar determinadas zonas sin necesidad de cubrir todo el rostro con una capa gruesa de maquillaje. El problema aparece cuando elegimos un tono equivocado, utilizamos demasiado producto o intentamos corregir todas las imperfecciones de la misma manera.
Los correctores actuales se presentan en fórmulas líquidas, cremosas, en barra, lápiz o paleta y, además de los tonos parecidos al color de la piel, existen correctores verdes, amarillos, melocotón, anaranjados o incluso violetas. No están ahí para convertir la cara en una caja de pinturas: cada color responde a un principio muy sencillo de compensación cromática.
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El corrector se utiliza de forma localizada para modificar visualmente el color de una zona o disminuir el contraste de una imperfección respecto al resto de la piel. Puede emplearse sobre ojeras, pequeñas manchas, rojeces, granitos, cicatrices, zonas de hiperpigmentación o pequeñas venitas visibles.
Eso significa que no necesita cubrir toda la cara. Precisamente una de sus ventajas es permitirnos trabajar solo donde hace falta y mantener el resto de la piel con un acabado mucho más ligero. Después podemos utilizar base, una BB Cream o incluso prescindir de ambos si el resultado nos gusta.
Esta es una de las preguntas que más aparece en las búsquedas de Google. Para entender los correctores de colores basta recordar que los tonos opuestos en el círculo cromático tienden a neutralizarse visualmente. No necesitamos aprender una teoría complicada, pero sí saber qué queremos corregir antes de elegir el color.
El verde se utiliza para disminuir visualmente el rojo. Puede servir sobre pequeñas rojeces, marcas recientes de acné o zonas donde los capilares hacen que la piel se vea especialmente enrojecida. Debe aplicarse en una cantidad mínima y únicamente sobre la zona roja; si extendemos corrector verde por media cara acabaremos teniendo que cubrirlo después con demasiado maquillaje.
Los tonos melocotón, salmón y naranja ayudan a compensar tonalidades azuladas, violáceas o grisáceas. Cuanto más clara sea la piel, más suave suele funcionar el melocotón; en pieles más oscuras pueden resultar útiles tonos anaranjados más intensos. El objetivo no es dejar la ojera naranja, sino utilizar una capa muy fina que reduzca ópticamente la oscuridad antes de aplicar, si hace falta, un corrector parecido al tono de la piel.
El amarillo puede ayudar a suavizar algunas tonalidades violetas o azuladas y también puede resultar útil en determinadas ojeras. Como ocurre con todos los correctores cromáticos, el color exacto depende mucho del tono de piel y del color que queramos neutralizar.
Los correctores lilas se utilizan para compensar visualmente tonos amarillentos o apagados. Su uso suele ser más puntual y no todas las pieles lo necesitan.
Es el más versátil y el que probablemente utilizaremos con mayor frecuencia. Sirve para integrar pequeñas imperfecciones con el resto del maquillaje y para terminar de cubrir una zona después de haber neutralizado previamente su color.
Uno de los errores clásicos es pensar que cuanto más claro sea el corrector, mejor desaparecerá la ojera. En realidad, un corrector excesivamente claro puede convertir una ojera oscura en una zona grisácea o demasiado blanca y llamar todavía más la atención.
Si la ojera es suave, puede bastar un corrector parecido al tono de la piel o ligeramente más claro. Cuando existe una coloración azulada o violácea pronunciada, suele funcionar mejor neutralizar primero esa tonalidad con un tono melocotón o salmón y después aplicar una cantidad mínima de corrector del color adecuado.
En piel madura también importa mucho la textura. Un producto muy seco o una capa excesiva puede acumularse en las líneas de expresión y hacerlas más visibles. Es preferible hidratar previamente el contorno y trabajar con muy poco producto, añadiendo más únicamente si realmente lo necesitamos.
Aquí el artículo antiguo era demasiado tajante. No existe una única respuesta válida para todos los correctores.
Cuando utilizamos un corrector de color —por ejemplo verde sobre una rojez o melocotón sobre una ojera muy oscura— suele resultar práctico aplicarlo antes de la base, porque después la base ayuda a integrar ese color con el resto del rostro.
En cambio, un corrector del tono de la piel puede aplicarse después de la base. La ventaja es que la base ya habrá cubierto parte de la imperfección y necesitaremos mucho menos corrector. También hay maquilladores que prefieren aplicar determinados correctores antes; ambas técnicas pueden funcionar dependiendo de los productos utilizados y del acabado deseado.
La regla realmente útil sería otra: aplicar la menor cantidad posible y únicamente donde hace falta.
Los correctores líquidos suelen resultar fáciles de extender y permiten construir la cobertura poco a poco. Funcionan muy bien en el contorno de ojos cuando la fórmula no es excesivamente seca y también son cómodos para pequeñas zonas del rostro.
Los correctores cremosos y en barra suelen proporcionar una cobertura mayor y pueden resultar prácticos para manchas, pequeñas cicatrices o imperfecciones localizadas. Precisamente porque cubren más, también es más fácil pasarse con la cantidad.
Los lápices permiten mucha precisión y pueden ser útiles en puntos pequeños. Ningún formato es necesariamente mejor que otro: lo importante es que la textura se adapte a la zona que queremos corregir y a nuestro tipo de piel.
Las manchas marrones o el melasma pueden disimularse con maquillaje, aunque el corrector no modifica la causa de la pigmentación. En manchas pequeñas puede bastar un corrector de alta cobertura muy parecido al tono de la piel; en pigmentaciones más complejas puede utilizarse primero una corrección cromática y después integrar la zona con base o corrector.
Aquí la precisión resulta mucho más importante que la cantidad. Si extendemos una capa gruesa sobre toda la zona, podemos conseguir justamente lo contrario y crear una placa de maquillaje que llame más la atención que la propia mancha.
Un granito elevado no puede desaparecer físicamente con maquillaje. Podemos reducir el contraste del color, pero el relieve seguirá existiendo. Por eso aplicar capa sobre capa de corrector suele terminar creando una pequeña montaña de producto.
Si existe mucha rojez puede utilizarse una cantidad diminuta de corrector verde y después un corrector del tono de la piel. En personas con tendencia al acné, conviene escoger productos etiquetados como no comedogénicos y retirar siempre el maquillaje antes de dormir. La American Academy of Dermatology recuerda que algunos cosméticos pueden favorecer el llamado acné cosmético y recomienda elegir fórmulas que no obstruyan los poros.
Puede disminuir la diferencia de color, pero no elimina el relieve. En una cicatriz plana o pigmentada el resultado puede ser muy bueno si encontramos el tono y la textura adecuados. En cicatrices hundidas o elevadas, el maquillaje puede suavizar visualmente la zona, pero intentar rellenarla con numerosas capas suele terminar destacando la textura.
La luz también juega un papel importante: una superficie irregular produce sombras y reflejos que ningún corrector puede hacer desaparecer por completo.
Conviene empezar siempre con poca cantidad. Podemos depositar pequeños puntos y difuminarlos mediante ligeros toques con el dedo, una esponja húmeda o un pincel, evitando arrastrar el producto de un lado a otro.
Si falta cobertura, añadimos después otra capa fina. Esta técnica suele producir un resultado mucho más natural que colocar desde el principio una gran cantidad de corrector.
En determinadas zonas puede ser útil fijarlo ligeramente con polvo, especialmente si tiende a desplazarse, aunque tampoco es obligatorio. En piel seca o madura, demasiado polvo puede marcar líneas y textura.
Elegir un tono demasiado claro, utilizar demasiada cantidad, aplicar correctores de colores por todo el rostro sin necesidad, intentar borrar mediante maquillaje una textura que realmente tiene relieve y olvidar preparar la piel son algunos de los fallos más frecuentes.
También conviene mantener limpios pinceles y esponjas y no compartir aplicadores. La American Academy of Dermatology recomienda limpiar regularmente los utensilios de maquillaje y retirar el maquillaje antes de acostarse, especialmente en personas con piel propensa al acné.
En una piel que lo tolera bien, utilizar corrector de maquillaje diariamente no tiene por qué plantear ningún problema. Lo importante es elegir una fórmula adecuada, retirarla correctamente por la noche y suspender el producto si aparecen irritación, picor, descamación o enrojecimiento persistente.
Los cosméticos pueden provocar reacciones irritativas o alérgicas en algunas personas, y DermNet señala que fragancias y conservantes se encuentran entre los ingredientes que con mayor frecuencia participan en reacciones de contacto a los cosméticos.
El objetivo de un corrector no debería ser construir otra piel encima de la nuestra, sino reducir aquello que queremos disimular sin que sea evidente dónde empieza y dónde termina el producto. Muchas veces, unas pocas gotas bien colocadas funcionan mejor que una cobertura total.
Aprender qué color necesitamos, elegir la textura adecuada y trabajar poco a poco permite aprovechar mucho mejor el corrector de maquillaje y mantener un acabado más natural, incluso cuando tenemos ojeras, manchas o alguna imperfección que preferimos que ese día pase desapercibida.
No necesariamente. Para cubrir manchas o granitos suele funcionar mejor un tono muy parecido al de la piel. En el contorno de ojos puede utilizarse uno ligeramente más claro, pero si la diferencia es excesiva puede producir un efecto blanquecino o gris.
El corrector verde puede neutralizar visualmente el rojo, siempre utilizado en una capa muy fina y únicamente sobre la zona que queremos corregir.
Depende del color de la ojera y del tono de la piel. Las ojeras azuladas o violáceas pueden beneficiarse de tonos melocotón, salmón o anaranjados antes de utilizar un corrector similar al tono de la piel.
Depende del producto. Los correctores cromáticos suelen utilizarse antes de la base; un corrector del tono de la piel puede aplicarse después para cubrir únicamente aquello que la base no haya conseguido disimular.
Sí. Si se integra bien con el color de la piel, puede utilizarse solamente en ojeras, manchas o pequeñas imperfecciones sin aplicar base en el resto del rostro.
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