La cirugía de glúteos puede incluir aumento, lifting o remodelación, según la anatomía y los objetivos de cada paciente.
L&S.- La cirugía de glúteos puede modificar el volumen, la forma o la posición de esta zona mediante técnicas muy diferentes. No existe una única «operación de glúteos»: algunas personas necesitan aumentar volumen, otras quieren mejorar el contorno, otras presentan flacidez y necesitan un lifting, y en determinados casos pueden combinarse varios procedimientos.
Las dos técnicas de aumento más conocidas son los implantes glúteos y la transferencia de grasa propia, popularmente conocida como lipofilling glúteo o Brazilian Butt Lift (BBL). También existe el lifting de glúteos, cuya finalidad principal no es aumentar el volumen, sino retirar tejido sobrante y mejorar la posición cuando existe una laxitud importante.
La elección no debería hacerse simplemente pensando qué técnica produce unos glúteos más grandes. La anatomía, la cantidad de grasa disponible, la calidad de la piel, las expectativas, el estado de salud y, especialmente, la seguridad son factores mucho más importantes.
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Antes de cualquier cirugía debe realizarse una valoración médica completa. El cirujano estudia la forma y proporciones corporales, la calidad de los tejidos, el volumen existente, la distribución de la grasa y aquello que la persona desea modificar. También debe revisar antecedentes médicos, medicación, tabaquismo y cualquier factor que pueda aumentar el riesgo quirúrgico.
La cirugía de glúteos puede realizarse mediante implantes, mediante transferencia de grasa o mediante técnicas de lifting. No todas son intercambiables. Una persona muy delgada puede no disponer de suficiente grasa para realizar un aumento mediante lipotransferencia, mientras que alguien con suficiente tejido adiposo en abdomen, cintura o muslos puede beneficiarse de una remodelación más global mediante liposucción y transferencia de parte de esa grasa.
Si existe mucha piel sobrante después de una pérdida importante de peso o por envejecimiento, aumentar volumen no necesariamente resolverá el problema y puede ser necesario valorar un lifting glúteo.
Los implantes glúteos están diseñados específicamente para soportar las fuerzas que actúan sobre esta zona y no son iguales que las prótesis mamarias. Se utilizan fundamentalmente cuando se desea aumentar volumen y la persona no tiene suficiente grasa disponible para realizar una transferencia adecuada.
Durante la intervención se crea un espacio donde alojar la prótesis. La posición exacta y la técnica elegida dependen de la anatomía y de la valoración del cirujano. La incisión suele planificarse para que quede lo más disimulada posible en la región interglútea.
Los implantes permiten obtener un aumento predecible de volumen, pero también presentan riesgos propios, entre ellos infección, desplazamiento o mala posición del implante, endurecimiento, problemas de cicatrización y posibilidad de necesitar una nueva intervención en el futuro.
La transferencia de grasa utiliza tejido adiposo de la propia persona. Primero se realiza una liposucción en zonas donde existe grasa disponible —por ejemplo abdomen, flancos o muslos—, después esa grasa se prepara y finalmente se inyecta en la región glútea.
Una de sus ventajas es que permite trabajar simultáneamente el contorno de varias zonas corporales, de modo que el resultado depende tanto del volumen añadido al glúteo como de la remodelación de cintura, abdomen o muslos.
Sin embargo, aquí hay que desterrar una idea antigua: no es una operación trivial ni puede describirse simplemente como una técnica segura y sencilla. La transferencia de grasa glútea ha estado asociada a casos graves de embolia grasa y mortalidad, lo que ha llevado a distintas sociedades internacionales de cirugía plástica a publicar recomendaciones específicas de seguridad.
Actualmente se recomienda que la grasa se deposite exclusivamente en el tejido subcutáneo, por encima de la fascia que recubre el músculo glúteo, evitando la inyección intramuscular. También se recomienda utilizar ecografía en tiempo real para visualizar la cánula mientras se deposita la grasa.
La embolia grasa puede producirse si la grasa entra en vasos sanguíneos importantes y llega a la circulación pulmonar. Es una complicación poco frecuente, pero potencialmente mortal, y es precisamente la razón por la que la técnica de inyección y el plano anatómico en el que se deposita la grasa son fundamentales.
Por eso, quien se plantee una lipotransferencia glútea debería preguntar expresamente al cirujano dónde va a depositarse la grasa, si utiliza ecografía durante la infiltración y en qué centro se realizará la intervención.
Cuando Google muestra búsquedas como «cirugía de glúteos sin implantes», normalmente se refiere a la transferencia de grasa propia. Pero también existen situaciones en las que lo que se necesita no es añadir volumen, sino levantar o remodelar los tejidos.
El lifting glúteo puede ser más apropiado cuando existe flacidez importante o piel sobrante. En determinados casos puede combinarse con transferencia de grasa, aunque realizar varios procedimientos a la vez aumenta la complejidad quirúrgica y debe valorarse cuidadosamente.
Sí. Aunque durante años esta cirugía se asoció principalmente a mujeres, también la solicitan hombres que desean aumentar volumen o modificar el contorno corporal. La planificación puede ser diferente porque las proporciones buscadas no tienen por qué ser las mismas y deben respetarse tanto la anatomía individual como las expectativas de cada persona.
El objetivo no debería ser reproducir una forma estándar, sino conseguir un resultado proporcionado al conjunto corporal.
No existe un tiempo único porque depende de la técnica y de si se combina con otros procedimientos. Una intervención con implantes no requiere los mismos pasos que una liposucción extensa seguida de transferencia de grasa, y un lifting glúteo plantea una cirugía diferente.
Por tanto, tampoco puede afirmarse que se trate siempre de «unos pocos minutos de quirófano» ni que todos los pacientes regresen inmediatamente a su vida habitual.
La recuperación depende mucho de la técnica utilizada. Después de una cirugía pueden utilizarse prendas de compresión y, en algunos casos, drenajes durante los primeros días. El cirujano debe explicar cómo cuidar las heridas, qué medicación utilizar y cuándo acudir a las revisiones.
Tras una transferencia de grasa, suele recomendarse evitar permanecer sentado directamente sobre los glúteos durante aproximadamente las primeras dos semanas, aunque algunos cirujanos indican periodos más largos. Cuando hay que sentarse, puede utilizarse un apoyo colocado bajo los muslos para disminuir la presión sobre la grasa injertada.
También suele recomendarse dormir boca abajo o de lado durante la fase inicial. El ejercicio intenso no se recupera inmediatamente y, dependiendo de la evolución y de la técnica realizada, puede requerir varias semanas.
No necesariamente. Esta era otra afirmación demasiado optimista del artículo antiguo. A las pocas semanas una persona puede haber recuperado buena parte de sus actividades, pero eso no significa que los tejidos hayan terminado de asentarse.
La inflamación disminuye gradualmente y los resultados evolucionan durante meses. La American Society of Plastic Surgeons señala que los tejidos pueden continuar asentándose durante aproximadamente tres a seis meses y que las cicatrices siguen madurando durante mucho más tiempo.
No. Parte de la grasa injertada puede reabsorberse durante los primeros meses. Por eso el resultado final no se valora inmediatamente después de la operación.
La cantidad de grasa que sobrevive depende de múltiples factores relacionados con la técnica, la vascularización del tejido, el volumen transferido y características individuales. En algunos casos puede ser necesario realizar posteriormente otra sesión de injerto.
No es conveniente considerar ningún implante corporal como algo que necesariamente permanecerá sin problemas durante toda la vida. Puede funcionar correctamente durante muchos años, pero también puede aparecer desplazamiento, infección, contractura, molestias o alguna otra circunstancia que haga necesaria una revisión o retirada.
Precisamente por eso las revisiones médicas y el seguimiento a largo plazo forman parte de la decisión de llevar un implante.
Como cualquier intervención quirúrgica, la cirugía glútea puede producir complicaciones relacionadas con la anestesia, sangrado, hematomas, seromas, infección, mala cicatrización, alteraciones de sensibilidad, dolor persistente, asimetrías, trombosis venosa profunda y complicaciones pulmonares.
Los implantes añaden riesgos como desplazamiento, infección, problemas de la herida o necesidad de reemplazarlos. En la transferencia de grasa existen además posibilidades de reabsorción, irregularidades de contorno, necrosis grasa y embolia grasa.
Esto no significa que toda cirugía de glúteos vaya a producir complicaciones, sino que la decisión debe tomarse conociéndolas y evitando centros o profesionales que presenten estas intervenciones como procedimientos menores o carentes de riesgo.
La cirugía debe ser realizada por un especialista cualificado en cirugía plástica, estética y reparadora y en un centro adecuadamente acreditado. Puede ampliar esta información en nuestro artículo sobre cómo elegir un cirujano plástico.
En la consulta conviene preguntar qué técnica recomienda y por qué, cuántas intervenciones de este tipo realiza, cuáles son sus tasas de complicaciones, dónde se efectuará la operación, quién administrará la anestesia, qué seguimiento ofrece y qué ocurriría si fuese necesaria una cirugía de revisión.
Si se trata de transferencia de grasa glútea, hay dos preguntas especialmente importantes: ¿la grasa se inyecta únicamente en el plano subcutáneo y se utiliza ecografía en tiempo real durante la infiltración?
Las fotografías de antes y después pueden ayudar a entender el tipo de resultados que obtiene un cirujano, pero no garantizan que otra persona vaya a conseguir exactamente el mismo resultado. La forma inicial de la pelvis, la musculatura, la distribución de grasa, la elasticidad de la piel y las proporciones corporales condicionan enormemente el resultado.
Además, conviene fijarse en fotografías tomadas en condiciones semejantes de luz, postura y distancia. Cambiar la inclinación de la pelvis, la posición de las piernas o la iluminación puede modificar considerablemente la apariencia del glúteo sin que haya cambiado realmente su anatomía.
El precio varía enormemente según el país, la técnica, la complejidad, la experiencia del equipo, la anestesia, el centro quirúrgico y los cuidados posteriores. Dar una cifra genérica sería poco útil y quedaría rápidamente desactualizada.
En una cirugía de este tipo, elegir exclusivamente por precio puede ser especialmente mala idea. Deben valorarse primero la cualificación del cirujano, las condiciones del centro, la seguridad de la técnica utilizada y el seguimiento posterior.
La cirugía de glúteos puede producir cambios importantes en la silueta y existen distintas técnicas capaces de obtener buenos resultados cuando están correctamente indicadas. Pero no debemos mantener la antigua idea de que basta con entrar al quirófano, colocar una prótesis o transferir grasa y volver rápidamente a casa con el problema resuelto.
Especialmente en la transferencia de grasa, la seguridad de la técnica importa enormemente. Saber qué procedimiento se propone, qué riesgos tiene, cómo será la recuperación y quién va a realizarlo resulta mucho más importante que escoger simplemente entre «implantes o grasa».
Las dos principales son los implantes glúteos y la transferencia de grasa propia. La elección depende de la anatomía, la cantidad de grasa disponible y el resultado buscado.
Sí. La transferencia de grasa propia permite aumentar y remodelar los glúteos sin utilizar implantes, aunque necesita que exista suficiente grasa en otras zonas corporales.
Es una técnica que tiene riesgos específicos y que ha sido objeto de recomendaciones internacionales de seguridad debido a casos de embolia grasa. Las recomendaciones actuales incluyen mantener la inyección en el tejido subcutáneo, por encima de la fascia muscular, y utilizar ecografía en tiempo real.
Depende de la intervención. Las actividades se recuperan progresivamente durante las primeras semanas, mientras que la inflamación y el asentamiento definitivo de los tejidos pueden prolongarse durante varios meses.
Las recomendaciones varían según el cirujano, pero habitualmente se limita la presión directa sobre los glúteos durante aproximadamente las primeras dos semanas y se utilizan posiciones o apoyos específicos cuando es necesario sentarse.
Sí, el desplazamiento o mala posición es una de las posibles complicaciones de los implantes, aunque una planificación y técnica quirúrgica adecuadas buscan reducir este riesgo.
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