La segunda piel artificial XPL forma una película fina y transparente sobre la superficie cutánea y fue desarrollada para imitar algunas propiedades mecánicas de una piel joven.
L&S.- En 2016 parecía una noticia llegada directamente del futuro. Un grupo de investigadores había creado una segunda piel artificial XPL: una película transparente, flexible y prácticamente invisible que se extendía sobre la piel, podía tensarla temporalmente y hacía menos visibles las bolsas bajo los ojos.
Los titulares hablaron de una nueva arma contra las arrugas, de una piel joven superpuesta sobre la piel envejecida e incluso de una especie de “gel de la eterna juventud”. En aquel momento también se imaginaban futuras aplicaciones médicas, desde proteger una barrera cutánea deteriorada hasta transportar medicamentos.
Han pasado diez años. Y ahora tenemos una oportunidad que en 2016 no existía: mirar hacia atrás y comprobar qué había de realidad en aquella segunda piel, qué correspondía al entusiasmo inicial y qué terminó ocurriendo con la tecnología XPL.
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XPL son las siglas de cross-linked polymer layer, es decir, una capa de polímero reticulado. El material fue desarrollado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT), Massachusetts General Hospital, Living Proof y Olivo Laboratories.
El estudio original se publicó en 2016 en la revista científica Nature Materials. No se trataba de una nueva piel biológica ni de un tejido creado para sustituir la piel humana, sino de una película formada por polisiloxanos —polímeros relacionados con las siliconas— diseñada para imitar determinadas propiedades mecánicas de una piel joven.
El propósito inicial iba más allá de ocultar arrugas. A medida que envejece, la piel pierde firmeza y elasticidad y también se modifica su capacidad para actuar como barrera frente al entorno. La exposición solar acumulada acelera muchos de esos cambios. Los investigadores se preguntaron si sería posible colocar sobre ella una capa externa capaz de recuperar temporalmente algunas propiedades de una piel sana. Esa sería la segunda piel artificial XPL.
El desarrollo no fue simplemente encontrar una silicona que se secara sobre el rostro. Los investigadores crearon y estudiaron más de cien posibles polímeros antes de seleccionar el material que ofrecía el equilibrio que buscaban.
Tenía que ser invisible una vez aplicado, adherirse bien, soportar los movimientos normales del cuerpo, resultar cómodo y poseer unas propiedades mecánicas parecidas a las de la piel.
El material seleccionado podía estirarse más de un 250 % y después recuperar prácticamente su forma original. Como referencia, los investigadores señalaban que la piel natural puede alargarse alrededor de un 180 %.
Una de las particularidades de la segunda piel artificial XPL era que se formaba directamente sobre el cuerpo mediante un procedimiento en dos fases.
Primero se aplicaba sobre la zona una formulación con los polímeros de polisiloxano. Después se extendía un segundo producto que contenía un catalizador de platino. La reacción entre ambos producía la reticulación del polímero y creaba una película continua, elástica y transparente.
La segunda piel artificial XPL No necesitaba calor ni luz para activarse. Una vez formada, la película se integraba visualmente con la piel y podía permanecer adherida durante muchas horas.
Ésta fue una de las partes más llamativas del estudio original y también una de las que generó más titulares.
Los investigadores aplicaron XPL sobre las bolsas del párpado inferior. En un pequeño estudio con 12 participantes observaron una mejoría media de dos grados en una escala de cinco utilizada para valorar su apariencia.
No significaba que la bolsa hubiera desaparecido biológicamente ni que la piel se hubiera rejuvenecido veinte años. La película ejercía un efecto físico sobre la superficie que modificaba temporalmente la forma y el aspecto de la zona.
Ese matiz es importante. En 2016 ya existía un efecto visible real, pero algunos titulares fueron bastante más lejos que lo que el estudio permitía afirmar.
La investigación no se limitó al aspecto estético. El equipo estudió también cómo se comportaba el material sobre piel seca.
La película reducía la pérdida de agua y ayudaba a mantener la hidratación cutánea mientras permanecía sobre la superficie. Además, estaba diseñada para permitir el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono.
Esta capacidad era especialmente interesante porque abría la posibilidad de utilizar la tecnología como una plataforma protectora para pieles cuya función barrera estuviera deteriorada.
De ahí que ya entonces se plantearan posibles aplicaciones relacionadas con problemas como la dermatitis atópica y otros trastornos cutáneos, aunque una posibilidad de investigación no equivale a un tratamiento aprobado.
En aquellos primeros artículos la tecnología apareció asociada a expresiones como “eterna juventud”, “veinte años menos” o “adiós a las arrugas”. Vista desde 2026, merece la pena separar claramente la ciencia de la espectacularidad del titular.
Sí estaba demostrado que el prototipo podía formar una película muy elástica y casi invisible, modificar temporalmente el aspecto de las bolsas bajo los ojos y reducir la pérdida de agua de la piel.
No estaba demostrado que rejuveneciera permanentemente el tejido, eliminara definitivamente las arrugas ni devolviera a una persona una piel veinte años más joven.
Tampoco era en 2016 un tratamiento que pudiera comprarse libremente. XPL era todavía una plataforma tecnológica en desarrollo.
No. Y precisamente diez años de perspectiva permiten contestar mejor a esa pregunta.
El envejecimiento cutáneo es mucho más complejo que una arruga visible. Intervienen cambios en el colágeno, la elastina, la distribución de la grasa, la musculatura, la estructura ósea, la hidratación y el daño solar acumulado, entre otros factores.
Una película superficial puede producir un resultado cosmético inmediato muy llamativo sin detener ese proceso.
Eso no resta interés a la segunda piel artificial XPL. Simplemente coloca la tecnología en su sitio. Quienes buscan aparentar menos edad disponen de soluciones muy diferentes, desde cuidados cosméticos hasta procedimientos médicos. Una película tensora representa una estrategia distinta a técnicas como el retensado cutáneo Endopeel y no debe confundirse con ellas.
Aquí empieza la parte de la historia que el artículo original de 2016 no podía conocer.
En enero de 2018, la compañía japonesa Shiseido adquirió prácticamente todos los activos de Olivo Laboratories relacionados con su tecnología de biomateriales, incluida XPL, denominada comercialmente Second Skin.
Por tanto, aquella segunda piel no desapareció después del entusiasmo inicial. La tecnología pasó a una de las mayores compañías cosméticas del mundo y continuó desarrollándose.
En 2021 Shiseido comunicó nuevos resultados obtenidos con una evolución de Second Skin.
La compañía mostró un efecto inmediato de remodelación sobre irregularidades como las bolsas bajo los ojos y determinados pliegues faciales. Pero además investigó qué ocurría con aplicaciones repetidas.
En un ensayo comunicado por Shiseido con 33 mujeres de entre 44 y 66 años, ocho semanas de aplicación repetida se asociaron a una reducción media del volumen de las bolsas bajo los ojos y a una mejoría de la graduación de las arrugas observada posteriormente con la piel desnuda.
Es importante señalar que estos datos procedían de investigación de la propia compañía propietaria de la tecnología. Resultaban interesantes, pero no deben interpretarse como una demostración independiente de que XPL revierta el envejecimiento cutáneo.
Casi diez años después del estudio original, Shiseido volvió a presentar nuevos datos sobre Second Skin.
En diciembre de 2025 anunció el desarrollo de una nueva base capaz de formar una película flexible y contráctil sobre la zona inferior de los ojos. Según la investigación de la compañía, dos semanas de uso continuado durante ocho horas al día consiguieron reducir el volumen de las bolsas.
Pero lo más interesante ya no era únicamente la apariencia mientras la película estaba puesta.
Los investigadores estudiaron en modelos tridimensionales de dermis qué efecto podía producir el suave estímulo mecánico generado por la contracción de la película. Shiseido comunicó un aumento de la producción de colágeno y signos de remodelación de su red en esos modelos experimentales.
La propia empresa habla todavía de mecanismos potenciales y de investigación en desarrollo. Por tanto, no podemos convertir esos resultados en la afirmación de que una crema con Second Skin regenere clínicamente el colágeno de una persona.
Pero sí responden una pregunta interesante: la tecnología que sorprendió al mundo en 2016 no fue abandonada.
Vista desde 2026, la historia resulta quizá más interesante que aquel titular inicial.
No apareció al año siguiente una crema milagrosa capaz de borrar veinte años del rostro. Tampoco XPL se convirtió inmediatamente en la nueva piel artificial universal que algunos imaginaban.
Pero la investigación tampoco quedó olvidada en una revista científica.
La idea original —crear sobre la piel una capa casi invisible que combine propiedades cosméticas, mecánicas y de barrera— sobrevivió. Fue adquirida por Shiseido y durante los años siguientes evolucionó hacia formulaciones con efectos físicos inmediatos y hacia investigaciones sobre lo que puede producir una estimulación mecánica continuada de la piel.
En 2016 se propusieron numerosas aplicaciones futuras: protección frente al medio ambiente, administración localizada de medicamentos, apósitos y barreras frente a distintas agresiones.
Que el material pudiera actuar como barrera hizo razonables algunas de esas líneas de investigación, pero no significa que XPL haya demostrado proteger de forma general contra radiación, microorganismos o todas las toxinas ambientales.
Una cosa es la capacidad física de formar una película protectora y otra muy distinta atribuirle protección universal frente a cualquier agente externo.
Quizá ésta sea la mejor conclusión diez años después.
La segunda piel artificial XPL no resultó ser la fuente de la eterna juventud anunciada por algunos titulares. Pero tampoco fue una curiosidad científica que desapareció al terminar 2016.
El hallazgo original era auténtico: una película casi invisible, extraordinariamente elástica, capaz de adherirse a la piel, reducir temporalmente determinadas irregularidades y mejorar su función como barrera.
Durante la década siguiente la tecnología cambió de manos, siguió investigándose y llegó a plantear una posibilidad que en 2016 apenas comenzaba a vislumbrarse: que una película aplicada sobre la superficie no solo modifique momentáneamente lo que vemos, sino que su acción física continuada pueda interactuar con la propia estructura cutánea.
En 2026 todavía sería exagerado llamarla “eterna juventud”. Pero después de diez años también sería injusto despacharla como una promesa que no llegó a ninguna parte.
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