Qué es la próstata: ubicación y función
L&S.- Saber qué es la próstata ayuda a entender por qué una glándula relativamente pequeña puede influir tanto en la salud urinaria y sexual del hombre. La próstata forma parte del aparato reproductor masculino, se encuentra justo debajo de la vejiga y rodea la primera porción de la uretra, el conducto por el que sale la orina.
En el adulto joven suele tener aproximadamente el tamaño de una nuez o una castaña, aunque puede aumentar de volumen con la edad. Su función principal es producir parte del líquido que forma el semen y participar en el proceso de la eyaculación.
Precisamente por su situación alrededor de la uretra, cualquier cambio en el tamaño o en los tejidos de la próstata puede repercutir en la forma de orinar. Y por su participación en el aparato reproductor, también está estrechamente relacionada con el semen y la función sexual, aunque no sea la responsable directa de la erección.
Contenidos
La próstata es una glándula fibromuscular del aparato reproductor masculino. Está situada dentro de la pelvis, inmediatamente por debajo de la vejiga y delante del recto.
La uretra atraviesa la próstata. Esto explica por qué, cuando el tejido prostático aumenta de tamaño, puede ejercer presión sobre ese conducto y dificultar la salida de la orina.
La parte posterior de la próstata se encuentra muy próxima al recto. Por esa razón puede palparse mediante un tacto rectal, una exploración que permite al médico obtener información sobre su tamaño aproximado, consistencia, simetría y posibles zonas anormales.
Tradicionalmente se compara la próstata normal con una castaña o una nuez. En un adulto joven suele pesar alrededor de 20 o 30 gramos, aunque existe bastante variabilidad individual.
Su aspecto no es exactamente esférico. Puede imaginarse como una estructura algo cónica o redondeada cuya base se encuentra próxima a la vejiga y cuyo extremo inferior se orienta hacia el suelo pélvico.
Además, la próstata no es un tejido uniforme. Se divide en diferentes zonas anatómicas que tienen importancia porque algunas enfermedades tienden a desarrollarse preferentemente en unas zonas y no en otras.
Desde el punto de vista clínico se distinguen varias regiones, entre ellas la zona periférica, la central y la zona de transición.
La zona de transición rodea parte de la uretra y es precisamente donde suele producirse el crecimiento relacionado con la hiperplasia benigna de próstata.
La zona periférica constituye una parte importante del tejido prostático y es también donde se originan muchos cánceres de próstata. Esta distribución explica por qué dos enfermedades distintas pueden afectar a la misma glándula y comportarse de manera muy diferente.
Una de las principales funciones de la próstata es producir líquido prostático, que se mezcla con los espermatozoides procedentes de los testículos y con las secreciones de las vesículas seminales y otras glándulas para formar el semen.
Este líquido contiene enzimas, minerales y otras sustancias que contribuyen a mantener un entorno adecuado para los espermatozoides y a modificar la consistencia del semen después de la eyaculación.
Entre esas sustancias se encuentra el antígeno prostático específico o PSA, una enzima que ayuda a que el semen se vuelva más fluido después de haber sido expulsado.
El PSA también puede pasar en pequeñas cantidades a la sangre. Precisamente por eso puede medirse mediante un análisis, cuestión que explicamos de manera específica en nuestro artículo sobre qué es y para qué sirve el PSA.
Los espermatozoides se producen en los testículos, no en la próstata. Durante la eyaculación viajan a través de los conductos deferentes y se mezclan con las secreciones procedentes de diferentes glándulas.
Las vesículas seminales aportan una parte importante del líquido seminal y la próstata añade su propia secreción. El resultado final es el semen, que contiene los espermatozoides junto con el conjunto de líquidos que facilitan su transporte y supervivencia.
Por tanto, decir que la próstata “produce el semen” sería una simplificación excesiva. Produce una parte del líquido seminal, mientras que otras estructuras también intervienen de forma esencial.
La próstata no se limita a producir secreciones. Su tejido contiene abundante músculo liso que se contrae durante la eyaculación y ayuda a impulsar el líquido prostático hacia la uretra.
En ese momento se coordinan las contracciones de diferentes estructuras del aparato reproductor masculino para que los espermatozoides y las secreciones glandulares se mezclen y sean expulsados al exterior.
También existe un mecanismo de cierre en la zona del cuello de la vejiga que normalmente impide que el semen retroceda hacia ella durante la eyaculación.
La próstata y la erección están relacionadas dentro del conjunto de la función sexual masculina, pero la próstata no produce la erección.
La erección depende fundamentalmente de mecanismos vasculares, nerviosos y musculares que permiten que los cuerpos cavernosos del pene se llenen de sangre. Este proceso lo desarrollamos en nuestro artículo sobre cómo se produce una erección.
Sin embargo, determinadas enfermedades prostáticas, la edad, los factores vasculares y algunos tratamientos para la próstata pueden coexistir con alteraciones de la función sexual. Por eso ambas cuestiones aparecen con frecuencia juntas en la consulta urológica.
En muchos hombres sí. El tejido prostático puede experimentar crecimiento progresivo con el paso de los años, especialmente en la zona de transición.
Esto no significa que todos los hombres desarrollen síntomas ni que la próstata empiece obligatoriamente a crecer a una edad concreta. Tampoco debe atribuirse simplemente a la llamada “andropausia”. El crecimiento prostático depende de múltiples factores relacionados con la edad, las hormonas y el propio tejido.
Cuando ese crecimiento produce síntomas urinarios hablamos de hiperplasia benigna de próstata o HBP, una de las alteraciones prostáticas más frecuentes en hombres de edad media y avanzada.
Aunque se habla muchas veces de “problemas de próstata” como si fueran una sola cosa, existen enfermedades muy diferentes entre sí. Las tres más conocidas son la prostatitis, la hiperplasia benigna y el cáncer de próstata.
La prostatitis engloba distintos cuadros relacionados con inflamación, infección o dolor en la región prostática y pélvica. Algunas formas son bacterianas y otras no están provocadas por una infección demostrable.
Puede producir dolor, molestias al orinar, síntomas urinarios, dolor pélvico y, en algunos casos, alteraciones durante la eyaculación.
La hiperplasia benigna de próstata es un crecimiento no canceroso del tejido prostático. Puede estrechar la uretra y producir síntomas como chorro débil, dificultad para empezar a orinar, urgencia, aumento de la frecuencia y necesidad de levantarse durante la noche.
No es lo mismo que una prostatitis ni es un cáncer. En el artículo sobre hiperplasia de próstata desarrollamos sus causas, síntomas, diagnóstico y tratamientos.
El cáncer de próstata se produce cuando determinadas células prostáticas adquieren alteraciones que les permiten crecer de forma descontrolada.
Muchos tumores prostáticos evolucionan lentamente, pero otros pueden tener un comportamiento más agresivo. Por eso no conviene reducir el cáncer de próstata a la idea de que “todos los hombres mueren con él y no por él”. La evolución depende del tipo de tumor, su extensión, las características biológicas y la situación de cada paciente.
El PSA puede formar parte de la evaluación del riesgo, pero un PSA elevado no significa automáticamente cáncer. La hiperplasia benigna, la prostatitis y otras circunstancias también pueden aumentar sus niveles.
Las enfermedades de próstata no producen necesariamente los mismos síntomas y algunas, especialmente el cáncer localizado, pueden no producir ninguno durante bastante tiempo.
Cuando aparecen molestias, pueden incluir dificultad para comenzar a orinar, chorro débil, necesidad de orinar con mayor frecuencia, urgencia, sensación de vaciado incompleto, levantarse repetidamente durante la noche, dolor al orinar, dolor pélvico o presencia de sangre en orina o semen.
Estos síntomas tampoco permiten saber por sí solos qué enfermedad existe. Una alteración urinaria puede tener su origen en la próstata, la vejiga, la uretra, una infección o incluso determinados medicamentos, por lo que debe valorarse dentro de su contexto.
La evaluación prostática puede incluir distintas pruebas dependiendo del motivo de consulta. No todos los hombres necesitan todas ellas.
El tacto rectal permite explorar directamente la superficie posterior de la próstata y valorar de forma aproximada su tamaño y consistencia. Es una exploración breve y puede aportar información útil, pero no sustituye a otras pruebas cuando estas están indicadas.
El análisis de PSA aporta información adicional, aunque debe interpretarse junto con la edad, antecedentes, exploración, evolución de los valores y otros factores clínicos.
También pueden utilizarse análisis de orina, ecografía, medición del flujo urinario, valoración del residuo que queda en la vejiga después de orinar y, cuando existe sospecha de cáncer, técnicas como la resonancia magnética.
La próstata pertenece al aparato reproductor, pero su posición hace que esté estrechamente relacionada con el sistema urinario. La uretra atraviesa la glándula inmediatamente después de salir de la vejiga.
Por eso, cuando la próstata aumenta de tamaño o existe inflamación, puede aumentar la resistencia al paso de la orina. Esto explica muchos de los síntomas asociados a enfermedades prostáticas.
Sin embargo, conviene recordar que tener problemas para orinar no significa necesariamente tener una enfermedad de próstata. La vejiga y otras partes del aparato urinario también pueden ser responsables.
Sí. La próstata puede extirparse completamente en determinadas situaciones, especialmente en algunos tratamientos del cáncer de próstata, y el hombre puede continuar viviendo sin ella.
Sin embargo, su ausencia modifica la función reproductiva. Tras una prostatectomía radical ya no se expulsa semen de la forma habitual, aunque puede mantenerse la sensación de orgasmo.
La cirugía también puede afectar a la continencia urinaria y a la función eréctil, dependiendo de múltiples factores, entre ellos el tipo de intervención, las características del tumor, la preservación de los nervios y la situación previa del paciente.
No. La mayor parte de la testosterona masculina se produce en los testículos. La próstata responde a los andrógenos y en su interior la testosterona puede transformarse en dihidrotestosterona o DHT, una hormona con gran actividad sobre el tejido prostático.
Esa relación hormonal explica por qué algunos medicamentos utilizados para tratar la hiperplasia benigna actúan reduciendo la formación de DHT.
Las mujeres no tienen una próstata idéntica a la masculina, pero poseen glándulas parauretrales, conocidas tradicionalmente como glándulas de Skene, situadas alrededor de la uretra.
Estos tejidos presentan semejanzas anatómicas y bioquímicas con la próstata masculina y pueden producir sustancias como PSA. Por esa razón parte de la literatura científica utiliza la expresión “próstata femenina”.
El tema tiene mucha más complejidad de la que parece y merece tratarse por separado: anatomía, secreciones, relación con la respuesta sexual, eyaculación femenina y enfermedades propias de estas glándulas. Todo ello lo desarrollamos en nuestro artículo específico sobre la próstata femenina.
Cuando se pregunta qué es la próstata, resulta fácil quedarse únicamente con dos ideas: que aumenta de tamaño con la edad y que puede desarrollar cáncer. Pero su función normal es mucho más interesante.
La próstata participa en la composición del semen, interviene activamente durante la eyaculación, rodea una parte fundamental de la uretra y responde de manera muy sensible a las hormonas sexuales masculinas.
Precisamente esa posición privilegiada entre aparato urinario y reproductor explica que un órgano pequeño pueda tener tanta repercusión en la calidad de vida de un hombre cuando aparece una enfermedad.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración médica individual. La aparición de síntomas urinarios, sangre en la orina o el semen, dolor persistente o cambios importantes en la función urinaria debe consultarse con un profesional sanitario.
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.
L&S.- La sarcoidosis es una enfermedad poco frecuente y bastante desconocida que puede afectar a…
La belleza en el siglo XXI ha cambiado mucho en pocas décadas. Lo que antes…
L&S.- La pubertad es la etapa en la que el cuerpo infantil comienza a transformarse…
L&S.- El taichi tiene algo curioso: visto desde fuera parece que apenas ocurre nada. Una…
L&S.- La recuperación deportiva forma parte del entrenamiento. Después del esfuerzo, el organismo necesita tiempo…
L&S.- El sobreentrenamiento no es simplemente estar cansado después de hacer ejercicio ni necesitar uno…