Exfoliar con suavidad, hidratar bien y protegerse del sol ayuda a preparar la piel para el verano y mantenerla más cuidada.
L&S.- Preparar la piel para el verano no significa broncearla antes de tiempo ni someterla a una batería de tratamientos. Significa llegar a los meses de más sol, calor, baños, cloro y vida al aire libre con una piel bien hidratada, una barrera cutánea en buen estado y una rutina de protección solar que podamos mantener de verdad.
El verano cambia nuestros hábitos y también las necesidades de la piel. Pasamos más tiempo al exterior, sudamos más, nos bañamos en piscinas o en el mar, utilizamos aire acondicionado y dejamos al descubierto zonas que han pasado meses cubiertas. Todo eso puede favorecer sequedad, irritación, manchas y daño solar si no adaptamos un poco los cuidados.
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La mejor preparación empieza unas semanas antes, pero tampoco hace falta seguir un calendario rígido. Lo importante es revisar tres pilares: hidratación, exfoliación suave y fotoprotección. A eso podemos añadir una alimentación variada, descanso suficiente y cuidados específicos para aquellas zonas que suelen resentirse más, como rostro, escote, pies y cabello.
No se trata de hacer más cosas, sino de hacer mejor las importantes.
La exfoliación puede ayudar a retirar células córneas superficiales y dejar la piel más lisa, pero no es imprescindible para todo el mundo ni debe convertirse en una agresión repetida. La American Academy of Dermatology recuerda que una exfoliación demasiado intensa puede provocar enrojecimiento, irritación y empeorar la sequedad o el acné.
Si elegimos una exfoliación mecánica, conviene utilizar movimientos suaves y no frotar durante mucho tiempo. Si empleamos ácidos exfoliantes, es importante respetar la concentración y frecuencia recomendadas y tener en cuenta otros productos que ya estemos usando, como retinol o tratamientos que puedan sensibilizar la piel.
Después de exfoliar, la hidratación es especialmente importante. También conviene evitar exfoliar una piel quemada por el sol, irritada o con heridas.
Después del invierno algunas personas llegan a la primavera con la piel seca, áspera o descamada. Una crema o loción hidratante aplicada después de la ducha puede ayudar a recuperar suavidad y mejorar la función de barrera.
No hace falta buscar ingredientes exóticos. Glicerina, ceramidas, urea en concentraciones adecuadas, ácido hialurónico y distintos emolientes pueden resultar útiles dependiendo del tipo de piel. También pueden utilizarse aceites vegetales, aunque no sustituyen siempre a una crema cuando existe sequedad importante.
Aplicar la hidratante con la piel ligeramente húmeda ayuda a retener agua y puede hacer que la sensación de confort sea mayor.
En verano muchas pieles toleran mejor texturas más ligeras. Una rutina sencilla puede bastar: limpieza suave, hidratación si se necesita y protector solar cada mañana.
No hace falta exfoliar el rostro una o dos veces por semana por obligación. La frecuencia debe adaptarse al tipo de piel. En piel sensible, seca o con tendencia a irritarse, una exfoliación frecuente puede ser contraproducente.
El cuello merece exactamente la misma atención que el rostro, porque también recibe radiación ultravioleta y suele quedar olvidado al aplicar protector solar.
El escote es una de las zonas que más exposición solar recibe cuando llega el buen tiempo y también una de las que más puede mostrar fotodaño con los años. No necesita una crema “push-up” para protegerse, sino algo mucho más sencillo: hidratación si la piel está seca y fotoprotección adecuada.
Si vamos a llevar prendas escotadas, el protector solar debe extenderse también por pecho, hombros y parte superior del tórax. Esa zona se quema con facilidad y muchas personas se acuerdan de proteger la cara pero no el escote.
Puede ampliar esta parte en nuestro artículo sobre cremas reafirmantes de senos y qué pueden hacer realmente.
Si hay un cuidado realmente decisivo para preparar la piel para el verano, es este. La exposición acumulada a radiación ultravioleta contribuye al envejecimiento cutáneo y aumenta el riesgo de cáncer de piel.
La American Academy of Dermatology recomienda utilizar un protector solar de amplio espectro, resistente al agua y con SPF 30 o superior. También recuerda que debe reaplicarse aproximadamente cada dos horas cuando estamos al aire libre y después de nadar o sudar.
La fotoprotección no depende únicamente de la crema. Sombra, ropa, sombrero de ala ancha y gafas de sol forman parte de la estrategia. El CDC aconseja reforzar estas medidas cuando el índice UV es 3 o superior.
Puede consultar también nuestro artículo sobre protectores solares.
El artículo antiguo hablaba de filtros solares “herbales” frente a productos supuestamente dañinos. Esa distinción no es correcta. Todos los protectores solares están formulados con sustancias químicas, incluidas las minerales.
Lo importante es que el producto esté autorizado, ofrezca protección de amplio espectro y se utilice correctamente. Los filtros minerales y orgánicos tienen mecanismos y formulaciones diferentes, pero ambos pueden formar parte de una buena fotoprotección.
No existe una forma saludable de “preparar” la piel provocando un bronceado previo. El CDC recuerda que cualquier cambio de color producido por radiación UV es señal de daño cutáneo, no de salud, y que el llamado bronceado base no protege frente a las quemaduras.
Por tanto, no conviene utilizar cabinas de bronceado ni exponerse deliberadamente al sol antes de las vacaciones con la idea de crear una protección natural.
Cuando llegan las sandalias descubrimos rápidamente cómo han pasado el invierno nuestros pies. Talones secos, durezas y uñas descuidadas pueden mejorar con un mantenimiento sencillo.
Después de una ducha o baño, cuando la piel está reblandecida, puede utilizarse suavemente una lima o piedra pómez en las durezas, sin eliminar demasiada piel. Después conviene aplicar una crema hidratante, especialmente en talones y zonas secas.
La urea es un ingrediente muy útil en cremas para pies secos. También puede consultar nuestro artículo sobre cómo mantener unos pies bonitos, cuidados y saludables.
El cabello también sufre cambios en verano. Radiación solar, cloro, agua salada y lavados más frecuentes pueden favorecer sequedad, pérdida de brillo y mayor fragilidad, especialmente en cabellos teñidos o previamente dañados.
Una estrategia sencilla consiste en utilizar acondicionador, reducir el uso de calor intenso cuando sea posible y aclarar el cabello con agua dulce después de bañarse en piscina o mar. Los sombreros también protegen cuero cabelludo y cabello de la radiación directa.
Puede ampliar información en nuestro artículo sobre cuidado del cabello.
La manteca de karité puede funcionar como emoliente y ayudar a suavizar cabello o piel, pero no debe utilizarse como sustituto del protector solar.
Que un ingrediente vegetal contenga compuestos antioxidantes no significa que proporcione una protección UV suficiente ni cuantificada. Para exponerse al sol necesitamos un producto específicamente formulado y probado como protector solar.
Frutas y verduras de temporada aportan vitaminas, minerales, agua y numerosos compuestos vegetales. Una alimentación variada es beneficiosa para la salud general y también proporciona nutrientes necesarios para el mantenimiento de la piel.
Tomates, sandía, frutos rojos, melón, albaricoques, zanahorias y verduras de hoja son buenas opciones dentro de una dieta equilibrada. Puede consultar más información sobre antioxidantes naturales.
Eso no significa que comer antioxidantes permita exponerse más tiempo al sol. Ningún alimento sustituye a la sombra, la ropa ni el protector solar.
En una persona sana con una alimentación variada no existe una necesidad general de tomar suplementos específicos para “preparar la piel para el verano”. Tampoco puede afirmarse que un suplemento vaya a estimular de forma relevante la producción de colágeno y elastina hasta el punto de proteger frente al daño solar.
Los complementos pueden estar indicados en situaciones concretas, pero deben valorarse según necesidades reales, no como sustitutos de la fotoprotección o de una alimentación equilibrada.
El verano no es solo sol. El sudor puede irritar zonas de roce, mientras que el aire acondicionado puede aumentar la sensación de sequedad en algunas personas.
Las duchas después de sudar, la ropa transpirable y los limpiadores suaves pueden ayudar. Si la piel está seca, conviene hidratarla; si está grasa, no hace falta eliminar por completo los lípidos con limpiadores agresivos.
No necesitamos veinte productos. Una preparación razonable puede resumirse en limpiar sin agredir, hidratar cuando la piel lo necesita, exfoliar con suavidad y poca frecuencia si nos resulta beneficioso, cuidar pies y cabello y, sobre todo, adquirir antes de las vacaciones el hábito de protegernos correctamente del sol.
Preparar la piel para el verano significa llegar a la época de mayor exposición con una barrera cutánea sana y con buenos hábitos ya incorporados, no intentar reparar después una quemadura que podríamos haber evitado.
No existe una fecha concreta. Unas semanas antes del verano puede ser buen momento para revisar hidratación, productos, pies y hábitos de fotoprotección, aunque el cuidado de la piel debería mantenerse durante todo el año.
La exfoliación puede mejorar la textura superficial, pero no protege frente al sol. Debe realizarse con suavidad y nunca sobre piel irritada o quemada.
La American Academy of Dermatology recomienda protector solar de amplio espectro, resistente al agua y SPF 30 o superior.
No. El bronceado producido por radiación ultravioleta es una señal de daño cutáneo y no proporciona una protección suficiente frente a las quemaduras.
Sí. Cuando estamos al aire libre debe reaplicarse aproximadamente cada dos horas y después de nadar o sudar, independientemente de que el SPF sea alto.
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Cuidados de la piel
Ya llegó el verano y los cuidados de la piel son muy importantes, para evitar daños graves. Me gustaron mucho estos consejos.