L&S.- Preguntarse qué atrae a los hombres de las mujeres parece sencillo. Si la pregunta se limita al físico, probablemente aparecerán los ojos, el pecho, el trasero, las piernas, la boca, el pelo o una determinada silueta. Pero una cosa es lo que creemos que nos atrae y otra, a veces muy distinta, lo que acaba atrayéndonos cuando tenemos delante a una persona real.
Porque el atractivo no depende solamente de una lista de rasgos. También puede aparecer en una forma de caminar, una mirada, una voz, un perfume, una sonrisa, la seguridad con la que alguien se mueve o una mezcla de pequeños detalles que, por separado, quizá ni siquiera llamarían nuestra atención.
Qué atrae a los hombres de las mujeres físicamente
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Cuando hablamos de atracción física, el cuerpo cuenta. Negarlo sería absurdo. A un hombre puede llamarle especialmente la atención el pecho; a otro, las piernas; a otro, los ojos, el trasero, la boca o una determinada forma corporal.
El problema empieza cuando intentamos convertir esas preferencias en una fórmula. No existe un cuerpo femenino que resulte atractivo para todos los hombres. A uno pueden gustarle las mujeres altas y a otro las bajas; uno puede sentirse atraído por una silueta muy delgada y otro justamente por lo contrario.
Incluso el mismo hombre puede sentirse atraído a lo largo de su vida por mujeres físicamente muy diferentes. Por eso los estudios sobre proporciones corporales pueden encontrar determinadas tendencias, pero una tendencia estadística no es una ley del deseo.
Lo que creemos que nos gusta y lo que termina gustándonos
Ahí empieza la parte más interesante. Un hombre puede tener muy claro su supuesto ideal: morena, alta, delgada, con determinado cuerpo y determinada manera de vestir. Y después sentirse poderosamente atraído por una mujer que no cumple prácticamente ninguno de esos requisitos.
Una mujer puede no llamar especialmente la atención al entrar en una habitación y, después de escucharla hablar, verla reír o pasar un rato con ella, empezar a parecernos tremendamente atractiva. También puede ocurrir al revés: alguien físicamente espectacular puede perder buena parte de su atractivo después de diez minutos de conversación.
A veces no nos atrae una persona únicamente por lo que vemos, sino por lo que despierta en nosotros.
Una mirada, una voz o una forma de moverse
Cuando intentamos explicar qué atrae a los hombres de las mujeres, aparecen detalles que difícilmente entrarían en una lista preparada de antemano. Una determinada forma de mirar, caminar, hablar, sonreír o moverse puede resultar enormemente atractiva para una persona y pasar completamente inadvertida para otra.
También puede llamar la atención la seguridad. Y no hablamos necesariamente de una mujer extrovertida o llamativa. Hay personas discretas que, sin embargo, transmiten una forma de estar y relacionarse que capta la atención inmediatamente.
Es esa clase de atractivo que resulta difícil describir. Sabemos que alguien nos gusta, pero si nos preguntan exactamente por qué, quizá no sepamos contestar.
El olor también puede resultar atractivo
Un perfume puede producir una reacción sorprendentemente intensa. Algunas veces porque simplemente nos gusta y otras porque, sin ser plenamente conscientes de ello, lo asociamos a una persona, una época o una experiencia anterior.
El olfato mantiene una relación muy estrecha con la memoria y las emociones. Un olor puede devolvernos durante unos segundos a una fiesta, una relación pasada o una etapa de nuestra vida y despertar sensaciones que creíamos completamente olvidadas.
También interviene el olor corporal. Eso no significa que podamos reducir el atractivo humano a unas supuestas feromonas irresistibles que hacen el trabajo por nosotros. La relación entre olor, memoria, emoción y atracción es bastante más compleja.
El atractivo depende también del momento
Basta observar lo que ocurre cualquier sábado por la noche. Al comienzo, cuando todo el mundo acaba de llegar y se ha puesto sus mejores galas, las preferencias parecen bastante claras: se mira, se elige y también se descarta. Conforme pasan las horas, aquellas preferencias pueden hacerse bastante más flexibles.
El alcohol puede participar en ese cambio. Reduce las inhibiciones y puede modificar nuestra percepción y nuestro juicio. Algunos estudios han encontrado que su consumo puede aumentar ligeramente la valoración del atractivo físico de otras personas.
Pero tampoco hace falta explicarlo todo por las copas. Cambian el ambiente, la confianza, las expectativas, las oportunidades de acercamiento, la reciprocidad e incluso algo tan sencillo como que las personas que inicialmente parecían más interesantes ya hayan encontrado compañía.
La vara de medir con la que llegamos a una fiesta no siempre es exactamente la misma con la que nos marchamos.
¿Vestir de rojo hace más atractiva a una mujer?
El viejo tópico de la mujer vestida de rojo tiene cierto respaldo experimental, aunque bastante menos espectacular de lo que algunas veces se cuenta. Algunos estudios han observado pequeñas diferencias en la valoración del atractivo cuando una mujer aparece asociada al color rojo.
Eso no significa que ponerse un vestido rojo convierta automáticamente a nadie en irresistible. El efecto observado es pequeño y variable. El color puede participar en una impresión, pero siguen importando mucho más la mujer, el hombre que la mira y todo lo que ocurre entre ambos.
El atractivo cambia con la edad
Tampoco nos atraen necesariamente las mismas personas a los quince años que a los treinta, cuarenta, cincuenta o sesenta. Cambiamos nosotros y cambia nuestra forma de mirar.
Las experiencias van dejando referencias. Una película, un personaje de un libro, alguien que nos gustó muchísimo en una determinada etapa, una voz, una manera de vestir o incluso un perfume pueden quedar asociados a una sensación agradable y reaparecer años después.
Por eso a veces nos atrae una persona que no responde en absoluto al ideal físico que creíamos tener. Puede haber algo familiar, emocionante o deseable que reconocemos sin saber exactamente de dónde procede.
Entonces, ¿qué atrae a los hombres de las mujeres?
El físico cuenta y puede provocar una atracción inmediata. El rostro, el pecho, el trasero, las piernas, la silueta, la boca o los ojos pueden ser lo primero que llame la atención. Pero explicar qué atrae a los hombres de las mujeres únicamente mediante esas partes del cuerpo sería quedarse a medio camino.
Después aparecen la expresión, la voz, el olor, el movimiento, la actitud, el contexto y la reacción concreta que esa mujer produce en ese hombre.
Por eso el atractivo no es una propiedad fija que una mujer posea en determinada cantidad. También depende de quién mira, de cuándo mira y de las circunstancias en las que lo hace.
Y quizá por eso resulte tan difícil explicarlo. Algunas veces sabemos perfectamente qué nos gusta. Otras, simplemente ocurre.
Referencias
Meta-analysis of the effect of red on perceived attractiveness.
Perception of physical attractiveness when consuming and not consuming alcohol: a meta-analysis.
The role of body odors and olfactory ability in romantic relationships.
Última revisión: septiembre de 2026.
Nota: Este artículo tiene carácter divulgativo. El atractivo es una experiencia subjetiva y cambiante. Los estudios citados describen tendencias observadas en grupos y no reglas aplicables a cada persona.
Acerca de Beatriz
Posgrado en Nutrición Humana por la Universidad Juan Carlos 1º y por el Colegio de Nutricionistas de Madrid. Experta en Nutrición aplicada a la salud por la Universidad de Almería (UAL).
Diplomada en Medicina Ortomolecular y diplomada en Nutrición deportiva por la UAL.
Redactora especializada en artículos de salud desde 2009 en diversos medios.

