L&S.- El entrenamiento de fuerza consiste en hacer trabajar los músculos contra una resistencia. Esa resistencia puede proceder de unas mancuernas, una máquina de gimnasio, una banda elástica, el propio peso corporal o incluso de movimientos cotidianos que obligan a empujar, levantar, cargar o sostener un peso.
No es una actividad reservada a culturistas ni a personas jóvenes. La fuerza es una capacidad que utilizamos todos los días para levantarnos de una silla, subir escaleras, cargar la compra, mover un objeto pesado o mantener nuestra autonomía a medida que pasan los años.
Por eso, entrenarla no significa necesariamente intentar desarrollar grandes músculos. Para muchas personas significa, sencillamente, conservar la capacidad de hacer con solvencia aquello que la vida cotidiana les exige.
Qué es el entrenamiento de fuerza
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Cuando un músculo tiene que vencer, sostener o controlar una resistencia, genera tensión. Si ese estímulo se repite de manera adecuada y progresiva, el organismo se adapta: puede aumentar la fuerza, mejorar la función muscular y, dependiendo del tipo de entrenamiento, favorecer también el aumento o la conservación de la masa muscular.
La resistencia puede obtenerse de muchas maneras. Levantar mancuernas es entrenamiento de fuerza, pero también pueden serlo las sentadillas, levantarse repetidamente de una silla, realizar flexiones apoyadas en una pared, utilizar bandas elásticas o trabajar con máquinas.
Esto explica por qué no es imprescindible acudir a un gimnasio para entrenar la fuerza. Lo importante es que exista una resistencia suficiente para que el músculo tenga que trabajar y que el ejercicio pueda progresar a medida que mejora nuestra capacidad.
Para qué sirve el entrenamiento de fuerza
El entrenamiento de fuerza mejora principalmente la capacidad del sistema neuromuscular para producir fuerza. Además, puede contribuir a conservar o aumentar la masa muscular, mejorar la función física y facilitar actividades cotidianas que requieren levantarse, cargar, empujar, tirar o mantener una postura.
Forma parte de las recomendaciones generales de actividad física para adultos. Tanto la Organización Mundial de la Salud como los organismos de salud pública incluyen el fortalecimiento muscular junto al ejercicio aeróbico, en lugar de considerarlos alternativas entre las que haya que escoger.
En otras palabras: caminar es excelente, pero caminar y entrenar la fuerza no producen exactamente el mismo estímulo.
La fuerza también forma parte de la vida cotidiana
Antes de que existieran gimnasios, rutinas y nombres para cada ejercicio, las personas ya utilizaban su fuerza constantemente. Transportar objetos, trabajar con las manos, levantarse del suelo, subir una carga o mover algo pesado forman parte del repertorio natural del movimiento humano.
La vida moderna puede reducir muchos de esos esfuerzos. Podemos desplazarnos en coche, utilizar ascensores, recibir la compra en casa y pasar buena parte del día sentados. El entrenamiento permite recuperar de forma deliberada estímulos que antes aparecían espontáneamente con mayor frecuencia.
Eso no significa convertir cualquier tarea doméstica en una sesión de gimnasio. Significa entender que la capacidad de hacer fuerza tiene una utilidad que va mucho más allá del aspecto físico.
Entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico no son rivales
Una de las dudas más frecuentes es si hay que elegir entre ejercicio cardiovascular y fuerza. No es necesario.
El cuerpo utiliza capacidades diferentes según la actividad. Caminar a buen ritmo exige sobre todo resistencia aeróbica; levantar una carga exige en mayor medida fuerza y vías energéticas anaeróbicas. En la vida cotidiana ambas aparecen continuamente y también pueden combinarse dentro de un programa de ejercicio.
En ejercicio aeróbico y anaeróbico explicamos por qué estos sistemas no funcionan como dos compartimentos aislados y cómo pueden combinarse.
Una persona puede, por ejemplo, caminar varios días a la semana y realizar ejercicios de fuerza dos o tres días. También puede hacer ambas cosas en una misma sesión si su condición física y sus objetivos lo permiten.
Cómo empezar a entrenar la fuerza
Para empezar no hace falta buscar la rutina perfecta. Es más importante aprender unos pocos movimientos, realizarlos con buena técnica y aumentar gradualmente la dificultad.
Un programa sencillo puede incluir movimientos para las piernas, caderas, espalda, pecho, hombros, brazos y zona central del cuerpo. La resistencia inicial debe permitir controlar el movimiento sin obligarnos a sacrificar la técnica.
Con el tiempo, el organismo se adapta. Entonces puede progresarse aumentando algo la resistencia, las repeticiones, las series o la dificultad del ejercicio. Esa progresión es una de las bases del entrenamiento: si siempre hacemos exactamente aquello que ya resulta fácil, el estímulo acaba siendo pequeño.
Pero progresar tampoco significa añadir peso continuamente ni entrenar hasta el agotamiento en cada sesión. La regularidad y una carga adecuada suelen ser mucho más importantes que convertir cada entrenamiento en una prueba máxima.
¿Cuántos días a la semana?
Las recomendaciones generales para adultos incluyen actividades de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana.
Eso no significa que todo el mundo deba seguir exactamente la misma rutina. La frecuencia adecuada depende de la experiencia, la intensidad, el volumen de entrenamiento, otros deportes que se practiquen y la capacidad de recuperación.
Para una persona que empieza por salud, dos sesiones semanales bien planteadas pueden constituir una base perfectamente razonable. A partir de ahí se puede adaptar el entrenamiento a las necesidades y objetivos personales.
Entrenamiento de fuerza a partir de los 50 o 60 años
Con el paso de los años tienden a disminuir la masa muscular, la fuerza y la potencia si no se utilizan suficientemente. Por eso el entrenamiento de fuerza adquiere una importancia especial en la edad adulta y avanzada.
No se trata de competir con la fuerza que se tenía a los veinte años. Se trata de conservar la capacidad para levantarse, caminar con seguridad, subir escalones, transportar objetos y mantener la mayor independencia posible.
Las recomendaciones actuales para las personas mayores incluyen actividad aeróbica, fortalecimiento muscular y trabajo del equilibrio. La edad, por sí sola, no convierte el ejercicio de fuerza en algo inapropiado; lo que puede ser necesario es adaptar los ejercicios, la resistencia, la amplitud del movimiento y la progresión.
¿Hace falta levantar mucho peso?
No necesariamente. La resistencia adecuada depende del objetivo y de la capacidad de cada persona.
Quien pretende maximizar su fuerza deportiva puede necesitar cargas altas y una programación específica. Quien busca salud, función y mantenimiento muscular puede beneficiarse de una gama mucho más amplia de resistencias.
Bandas elásticas, mancuernas ligeras, máquinas o el propio peso corporal pueden ser herramientas útiles. El elemento decisivo no es que el material parezca más o menos profesional, sino que el músculo reciba un estímulo suficiente y progresivo.
Preguntas frecuentes sobre entrenamiento de fuerza
¿Se puede hacer entrenamiento de fuerza en casa?
Sí. Se puede entrenar utilizando el propio peso corporal, bandas elásticas, mancuernas u otras resistencias. No es imprescindible disponer de máquinas ni acudir a un gimnasio.
¿Es recomendable el entrenamiento de fuerza para mayores de 50 o 60 años?
Sí. Mantener la fuerza muscular cobra especial importancia con la edad porque ayuda a conservar la función física y la autonomía. En personas con enfermedades, lesiones o limitaciones importantes puede ser conveniente adaptar previamente los ejercicios con ayuda profesional.
¿Cómo empezar un entrenamiento de fuerza si soy principiante?
Conviene comenzar con pocos ejercicios, aprender bien los movimientos y utilizar una resistencia que pueda controlarse. La dificultad puede aumentarse progresivamente a medida que mejora la capacidad.
¿El entrenamiento de fuerza es diferente para las mujeres?
Los principios fundamentales del entrenamiento son los mismos. La elección de ejercicios, resistencia, volumen y progresión debe adaptarse a cada persona y a sus objetivos, no simplemente a su sexo.
¿Se puede combinar entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico?
Sí. Pueden realizarse en días diferentes o incluso en una misma sesión. La distribución dependerá del objetivo, la intensidad de cada actividad y la recuperación disponible.
¿Hace falta llegar al fallo muscular?
No. Entrenar hasta ser incapaz de realizar otra repetición puede utilizarse en determinados contextos, pero no es un requisito para obtener beneficios. Especialmente al empezar, resulta más importante mantener una técnica segura, progresar y ser constante.
La fuerza se entrena para utilizarla
El objetivo del entrenamiento de fuerza no tiene por qué ser levantar cada vez más kilos. Puede ser tan sencillo y tan importante como conservar una capacidad que necesitamos durante toda la vida.
Caminar, correr o montar en bicicleta desarrollan unas cualidades; empujar, levantar, cargar y vencer resistencias desarrollan otras. Un cuerpo funcional necesita más de una.
Entrenar la fuerza es preparar al cuerpo para seguir haciendo aquello que queremos y necesitamos hacer.
Fuentes y referencias
Organización Mundial de la Salud. Recomendaciones sobre actividad física.
Centers for Disease Control and Prevention. Actividad física en adultos mayores.
Este contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario. Las personas con enfermedades cardiovasculares, lesiones, dolor persistente u otras limitaciones pueden necesitar adaptar el entrenamiento a su situación.

