BMP8B y grasa parda: una prometedora vía contra la obesidad que sigue en estudio
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L&S.- En 2012 una investigación publicada en la revista Cell llamó mucho la atención porque parecía haber encontrado una nueva pieza en el complicado mecanismo que regula nuestro gasto de energía.
La protagonista era una proteína llamada BMP8B. Los investigadores observaron en animales que esta proteína podía aumentar la actividad de la grasa parda, un tipo de grasa bastante peculiar porque, en lugar de estar especializada principalmente en guardar energía, tiene la capacidad de gastarla produciendo calor.
La idea resultaba muy atractiva: si pudiéramos aumentar de forma segura esa capacidad de gastar energía, quizá se abriría una nueva vía para combatir la obesidad.
Han pasado catorce años desde aquel descubrimiento. La investigación ha continuado, sabemos bastante más sobre BMP8B y sobre la grasa parda, pero aquella posibilidad todavía no se ha convertido en un tratamiento para adelgazar.
Primero: ¿qué tiene de especial la grasa parda?
Cuando pensamos en la grasa corporal solemos imaginar la que se acumula bajo la piel, en el abdomen, las caderas o los muslos. Esa es fundamentalmente grasa blanca, cuya función principal es almacenar energía para cuando el organismo la necesite.
La grasa parda hace algo diferente. Sus células contienen una gran cantidad de mitocondrias, unas pequeñas estructuras que podríamos comparar con las centrales energéticas de las células. En la grasa parda, parte de esa energía no se aprovecha para realizar trabajo celular, sino que se libera en forma de calor.
Dicho de una forma sencilla: mientras la grasa blanca se parece más a un almacén, la grasa parda se comporta en parte como una pequeña caldera.
A este proceso de producir calor utilizando energía se le llama termogénesis.
¿Tenemos grasa parda los adultos?
Sí. Durante mucho tiempo se pensó que era importante sobre todo en recién nacidos y determinados animales, porque ayuda a mantener la temperatura corporal. Sin embargo, las técnicas modernas de imagen permitieron comprobar que también existen depósitos de grasa parda activa en personas adultas. Su cantidad y actividad varían mucho entre individuos y pueden verse influidas por factores como la temperatura ambiental, la edad y el estado metabólico.
Ese descubrimiento renovó el interés científico por este tejido. Si la grasa parda utiliza energía para producir calor, era lógico preguntarse si aumentar su actividad podría contribuir a aumentar el gasto energético. Esa posibilidad sigue investigándose, pero todavía está lejos de significar que tengamos un método sencillo para adelgazar activando la grasa parda.
¿Qué descubrieron sobre BMP8B?
El estudio de 2012 se realizó principalmente con ratones y encontró algo muy interesante: BMP8B parecía participar en la regulación de la grasa parda por dos caminos.
- Por un lado, ayudaba al propio tejido pardo a responder mejor a las señales que le indican que debe producir calor.
- Por otro, también intervenía a través del cerebro, en una zona llamada hipotálamo, que participa entre otras cosas en la regulación del hambre, la temperatura y el equilibrio energético.
Es decir, BMP8B parecía actuar tanto sobre la “caldera” como sobre parte del sistema que decide cuándo encenderla.
Los ratones que carecían de esta proteína mostraban una menor capacidad para producir calor y una mayor tendencia a desarrollar obesidad cuando recibían una alimentación rica en grasa.
¿Habíamos encontrado entonces un interruptor para quemar grasa?
No exactamente. Aquellos resultados permitían comprender mejor un mecanismo del metabolismo, pero estaban obtenidos en animales. Entre descubrir que una proteína modifica el gasto energético de un ratón y conseguir un medicamento seguro y eficaz para personas hay un camino enorme.
Hay que comprobar si el mismo mecanismo funciona de manera suficiente en humanos, cómo podría estimularse, qué otros efectos tendría en el organismo y si los posibles beneficios compensarían los riesgos.
Por eso conviene ser prudentes cuando una investigación prometedora se presenta como si estuviera a punto de convertirse en un tratamiento.
¿Y qué ocurrió después?
BMP8B no desapareció de los laboratorios. Investigaciones posteriores profundizaron en la manera en que esta proteína participa en las señales entre el cerebro y el tejido adiposo. También se observó en animales que puede favorecer cambios en determinados depósitos de grasa blanca para que algunas de sus células adquieran características más propias de las células que producen calor.
Otros trabajos mostraron que BMP8B también participa en la adaptación de los vasos sanguíneos y de los nervios que llegan al tejido adiposo, algo importante porque una grasa muy activa necesita recibir oxígeno, nutrientes y señales nerviosas adecuadas.
Pero la historia se fue complicando. En 2022, un grupo de investigadores observó que la obesidad podía hacer que determinadas zonas del cerebro de los animales respondieran peor a BMP8B. Dicho de otro modo: precisamente en una situación de obesidad, una parte del mecanismo que se pretendía aprovechar podía volverse menos sensible.
La supuesta llave no abría una cerradura tan sencilla como parecía.
Entonces, ¿BMP8B sirve para adelgazar?
Actualmente no existe un tratamiento para adelgazar basado en administrar BMP8B. Eso no convierte aquel descubrimiento en un fracaso. La investigación científica muchas veces avanza precisamente así: un hallazgo abre una puerta, esa puerta conduce a otras preguntas y poco a poco se entiende mejor cómo funciona el organismo.
BMP8B ha servido para conocer mejor la comunicación entre cerebro, sistema nervioso y tejido adiposo pardo. Pero la obesidad no depende de una sola proteína ni de un único interruptor metabólico.
¿Puede la grasa parda convertirse algún día en una ayuda contra la obesidad?
Es posible que el conocimiento de la grasa parda termine contribuyendo al desarrollo de tratamientos metabólicos, y por eso sigue siendo un campo de investigación activo.
Pero aumentar el gasto energético del organismo sin producir otros efectos no es sencillo. Incluso algunos medicamentos capaces de estimular la actividad de la grasa parda también pueden aumentar la frecuencia cardiaca o la presión arterial, lo que muestra hasta qué punto estos mecanismos están conectados con otras funciones corporales.
Además, nuestro organismo tiene una extraordinaria capacidad para compensar los cambios. Si aumenta el gasto energético puede cambiar también el apetito, la actividad espontánea u otros mecanismos que intentan mantener el equilibrio.
Por eso la grasa parda es una línea científica muy interesante, pero no debería convertirse en otra versión moderna del “quemagrasas milagroso”.
Una noticia de 2012 vista desde hoy
Quizá ahí esté lo más interesante de recuperar este artículo tantos años después.
En 2012 BMP8B aparecía como una posible nueva vía para luchar contra la obesidad. En 2026 podemos mirar aquella noticia con más perspectiva: el descubrimiento era real, abrió una línea de investigación importante y permitió conocer mejor cómo regula el organismo el gasto de energía.
Pero también nos recuerda algo que conviene tener presente cuando hablamos de salud: un descubrimiento prometedor no es todavía un tratamiento.
Si quiere entender con más detalle dónde encajan la grasa blanca, la parda y la beige, puede leer nuestro artículo sobre qué es el tejido adiposo.
Y si su interés es saber qué puede hacerse realmente para reducir la grasa acumulada en el abdomen, puede consultar cómo perder grasa abdominal: qué funciona de verdad.
Fuentes y referencias
Whittle AJ, et al. BMP8B increases brown adipose tissue thermogenesis through both central and peripheral actions. Cell. 2012. Consultar estudio
Martins L, et al. A Functional Link between AMPK and Orexin Mediates the Effect of BMP8B on Energy Balance. Cell Reports. 2016. Consultar estudio
Pellegrinelli V, et al. Adipocyte-secreted BMP8b mediates adrenergic-induced remodeling of the neuro-vascular network in adipose tissue. Nature Communications. 2018. Consultar estudio
Rial-Pensado E, et al. Obesity induces resistance to central action of BMP8B through a mechanism involving the BBSome. Molecular Metabolism. 2022. Consultar estudio
Ghesmati Z, et al. An update on the secretory functions of brown, white, and beige adipose tissues. 2024. Consultar estudio


Grasa parda
Muy interesante el descubrimiento pero interesante seria también saber que alimentos promueven la activación del bmp8b.