L&S.- El climaterio y la menopausia forman parte de una transición hormonal de la mujer, no simplemente del momento en que desaparece la regla. Durante esos años cambia progresivamente el funcionamiento de los ovarios y, con él, el entorno hormonal de todo el organismo. Durante esos años cambia progresivamente el funcionamiento de los ovarios y, con él, el entorno hormonal de todo el organismo. La menstruación es una de las señales más visibles de ese proceso cuando existe útero, pero no es el proceso en sí.
Para algunas mujeres esta transición pasa casi inadvertida. Para otras puede convertirse en una etapa profundamente desconcertante. El cuerpo empieza a responder de otra manera y pueden aparecer síntomas físicos y emocionales que nunca habían experimentado: sofocos, alteraciones del sueño, cambios de humor, molestias articulares, sequedad vaginal, cambios en la sexualidad, aumento de la grasa abdominal o sensación de que el propio cuerpo ya no funciona exactamente como antes.
Una de las dificultades es precisamente esa: los síntomas pueden aparecer poco a poco y afectar a aspectos muy diferentes. Muchas mujeres no saben relacionarlos entre sí y llegan a pensar que están acumulando problemas independientes. Comprender lo que está ocurriendo no significa atribuirlo todo a la menopausia, sino disponer de un mapa para saber qué puede pertenecer a esta etapa y qué merece estudiarse por separado.
Climaterio y menopausia: no son exactamente lo mismo
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La perimenopausia es la etapa de transición que precede a la menopausia y puede prolongarse durante varios años. Los ovarios van modificando su funcionamiento, la ovulación se hace menos regular y los niveles de estrógenos y progesterona pueden fluctuar considerablemente.
Por eso no se trata simplemente de que las hormonas vayan descendiendo de forma ordenada. Durante esta etapa pueden producirse subidas y bajadas importantes y, cuando existe menstruación, los ciclos pueden acortarse, alargarse, desaparecer durante unos meses y regresar después.
La menopausia corresponde al momento en que la función ovárica ha cambiado de forma suficiente como para poner fin a la etapa reproductiva. En mujeres que conservan el útero suele identificarse retrospectivamente cuando han transcurrido doce meses consecutivos sin menstruación.
Pero esa definición práctica no explica por sí sola todo el proceso. Una mujer a la que se ha realizado una histerectomía pero conserva los ovarios también atraviesa el climaterio y la menopausia. Sus ovarios pueden continuar funcionando durante años y, cuando esa función comienza a disminuir, pueden aparecer los mismos cambios hormonales y muchos de los mismos síntomas, aunque nunca pueda identificar cuál habría sido su última regla.
A partir de la menopausia hablamos de posmenopausia. Los ovarios producen entonces cantidades mucho menores de estrógenos y progesterona que durante la etapa fértil, aunque el organismo continúa produciendo pequeñas cantidades de hormonas sexuales por otras vías.
¿A qué edad suele comenzar?
No existe una edad exacta para todas las mujeres. La menopausia natural suele producirse alrededor de los 50 años, pero existe una variabilidad considerable. Los primeros cambios de la perimenopausia pueden comenzar varios años antes.
Cuando se produce antes de lo esperado merece una valoración específica. Algunos tratamientos médicos, especialmente determinadas quimioterapias, pueden alterar la función ovárica. También existe una menopausia quirúrgica cuando se extirpan ambos ovarios, en cuyo caso el descenso hormonal es brusco y los síntomas pueden comenzar de forma mucho más repentina.
¿Qué ocurre con las hormonas?
Los estrógenos y la progesterona participan en el funcionamiento del ciclo menstrual, pero su actividad no se limita a la reproducción. Sus receptores se encuentran en numerosos tejidos del organismo, incluido el cerebro, los huesos, el aparato cardiovascular y el sistema genitourinario.
Por eso una transición hormonal que comienza en los ovarios puede sentirse en lugares aparentemente alejados de ellos. Esto ayuda a entender por qué el climaterio puede incluir síntomas físicos, metabólicos, sexuales y emocionales.
Síntomas del climaterio y la menopausia
No existe una única forma de vivir el climaterio y la menopausia. Algunas mujeres tienen pocos síntomas; otras atraviesan una etapa considerablemente difícil. Tampoco todos aparecen al mismo tiempo ni tienen la misma duración.
Entre los más frecuentes se encuentran:
- Irregularidad de las menstruaciones durante la perimenopausia.
- Sofocos y sensación súbita de calor.
- Sudoración nocturna.
- Alteraciones del sueño e insomnio.
- Cambios de humor, irritabilidad, ansiedad o mayor sensibilidad emocional.
- Palpitaciones en algunas mujeres.
- Cambios en la memoria, la concentración o la sensación de claridad mental.
- Dolores musculares o articulares.
- Cambios en la distribución de la grasa corporal.
- Sequedad vaginal y molestias genitourinarias.
- Cambios en la libido y en la respuesta sexual.
Precisamente porque la lista puede ser amplia, conviene no caer en el extremo contrario y atribuir cualquier síntoma nuevo a la menopausia. Cansancio, cambios de peso, palpitaciones, tristeza persistente o alteraciones del sueño también pueden tener otras causas y, cuando son intensos o nuevos, merecen estudiarse.
Cuando una mujer siente que su cuerpo ha cambiado
Algo que muchas mujeres describen durante estos años es una sensación difícil de explicar: “mi cuerpo ya no responde como antes”. A veces comen aproximadamente igual y, sin embargo, aumenta el perímetro de la cintura. O duermen peor, pierden músculo con mayor facilidad, se sienten más cansadas o descubren que determinadas comidas afectan de otra manera a su peso o a su glucosa.
No existe un único mecanismo que explique todo esto, pero sí sabemos que la transición menopáusica puede modificar la composición corporal y favorecer una mayor acumulación de grasa alrededor del abdomen y los órganos internos.
Esto no convierte a la menopausia en una enfermedad metabólica. Pero en algunas mujeres puede desplazar el organismo hacia un terreno metabólico menos favorable.
La conocida “barriga” de la menopausia
Muchas mujeres observan que, aunque el aumento total de peso no sea extraordinario, cambia la forma de su cuerpo. La cintura pierde definición y la grasa tiende a acumularse más alrededor del abdomen y el tronco.
Este fenómeno tiene importancia más allá de la estética porque la grasa visceral es metabólicamente activa y se relaciona con resistencia a la insulina y mayor riesgo cardiometabólico.
Por eso durante estos años merece la pena prestar atención no solamente al peso, sino también al perímetro abdominal, la masa muscular, la actividad física, la presión arterial, los triglicéridos y la glucosa.
En nuestro artículo sobre diabetes y menopausia explicamos con más detalle esta relación.
Cambios de humor y cerebro
Las fluctuaciones hormonales también pueden relacionarse con irritabilidad, ansiedad, mayor sensibilidad emocional o cambios del estado de ánimo. No significa que cualquier emoción durante esta etapa sea “culpa de las hormonas”, pero tampoco resulta razonable ignorar su participación.
El sueño, los sofocos, el estrés, las circunstancias vitales y la susceptibilidad individual interactúan con ese nuevo entorno hormonal. Por eso dos mujeres en momentos hormonales parecidos pueden vivir experiencias completamente diferentes.
Puede ampliarse esta información en estrógenos y cambios de humor.
Sexualidad, vagina y suelo pélvico
La reducción mantenida de estrógenos puede producir cambios en los tejidos vaginales y urinarios. Puede aparecer sequedad, menor elasticidad, sensación de irritación, molestias al mantener relaciones sexuales o mayor vulnerabilidad urinaria.
Actualmente estos cambios suelen agruparse bajo el concepto de síndrome genitourinario de la menopausia. A diferencia de los sofocos, que con frecuencia disminuyen con el paso del tiempo, los síntomas vaginales y urinarios pueden persistir o progresar si no se tratan.
En determinadas mujeres también pueden aparecer dolor durante las relaciones sexuales, incontinencia urinaria o problemas relacionados con el suelo pélvico.
Los ejercicios de suelo pélvico pueden ser útiles cuando están bien indicados, pero no todas las alteraciones se solucionan simplemente “fortaleciendo”. En algunas mujeres existe exceso de tensión y conviene una valoración específica antes de comenzar a ejercitarlo intensamente.
Huesos y masa muscular
Los estrógenos participan también en el mantenimiento del hueso. Después de la menopausia se acelera la pérdida de masa ósea, especialmente durante los primeros años, lo que aumenta progresivamente el riesgo de osteoporosis y fracturas.
El ejercicio de fuerza, la actividad física habitual, una alimentación adecuada y un aporte suficiente de proteínas, calcio y vitamina D forman parte del cuidado de huesos y músculos. La necesidad de realizar una densitometría ósea depende de la edad y de los factores de riesgo individuales.
Qué puede hacer una mujer durante el climaterio
La primera herramienta no tiene por qué ser un medicamento. Entender lo que está ocurriendo, observar patrones y cuidar las condiciones básicas del organismo puede marcar una diferencia importante.
Mantenerse físicamente activa, conservar masa muscular mediante ejercicios de fuerza adaptados, dormir lo mejor posible, limitar el alcohol, no fumar y mantener una alimentación basada principalmente en alimentos reconocibles y poco procesados puede ayudar tanto al bienestar diario como a la salud metabólica, cardiovascular y ósea.
También resulta útil observar qué síntomas son realmente molestos. Una mujer puede tener sofocos pero dormir bien; otra puede tener pocos sofocos y sufrir un insomnio incapacitante; otra puede considerar que su principal problema es la sequedad vaginal o el cambio emocional. El tratamiento debería orientarse a la mujer concreta, no a una lista estándar.
Opciones naturales: ni milagros ni desprecio automático
Muchas mujeres prefieren comenzar por opciones naturales antes de recurrir a tratamientos farmacológicos, especialmente cuando los síntomas son leves o moderados. Entre las plantas y complementos utilizados tradicionalmente durante el climaterio se encuentran la maca andina, la salvia, el vitex o sauzgatillo y el dong quai.
No todas cuentan con la misma evidencia.
La maca andina (Lepidium meyenii) dispone de pequeños ensayos clínicos en mujeres peri y posmenopáusicas. Una revisión sistemática encontró resultados favorables en los estudios disponibles, aunque el número de ensayos y participantes era demasiado pequeño para extraer conclusiones firmes.
El vitex o sauzgatillo (Vitex agnus-castus) también cuenta con investigación clínica limitada. Un pequeño ensayo controlado encontró mejorías en determinados síntomas, especialmente ansiedad y síntomas vasomotores, aunque no en todos los dominios estudiados.
La salvia (Salvia officinalis) ha mostrado resultados interesantes para sofocos y sudoración en pequeños estudios clínicos. Hay que señalar, sin embargo, que parte de esta investigación se ha realizado con preparados comerciales concretos y no permite asumir que cualquier producto de salvia vaya a producir el mismo efecto.
Con el dong quai (Angelica sinensis) la situación es diferente: pese a su larga tradición de uso, un ensayo controlado con placebo no encontró que utilizado solo mejorara los sofocos ni produjera efectos estrogénicos apreciables.
Estos resultados muestran por qué no resulta útil meter todos los tratamientos naturales en el mismo saco. La falta de grandes ensayos no demuestra que una planta carezca de utilidad, pero una tradición de uso tampoco demuestra por sí sola su eficacia. Lo razonable es distinguir entre lo que cuenta con indicios clínicos, lo prometedor, lo contradictorio y lo todavía poco estudiado.
¿Y la terapia hormonal de la menopausia?
La terapia hormonal fue durante años objeto de mensajes muy contradictorios. Primero se utilizó ampliamente y después determinados estudios hicieron que muchas mujeres la percibieran casi exclusivamente como peligrosa. Hoy la interpretación es bastante más matizada.
Es el tratamiento más eficaz disponible para los sofocos y otros síntomas vasomotores y también puede ser muy eficaz frente a determinados síntomas genitourinarios. Además ayuda a prevenir la pérdida de masa ósea mientras se utiliza.
Pero no es apropiada para todas las mujeres. Sus beneficios y riesgos dependen, entre otras cosas, de la edad, del tiempo transcurrido desde la menopausia, del tipo de hormonas empleadas, de la dosis, de la vía de administración y de los antecedentes personales.
Por eso no tendría sentido presentar las hormonas como algo que necesariamente “daña el cuerpo”, pero tampoco como una solución universal. Hay mujeres para las que pueden aportar un beneficio muy importante y otras en las que existen motivos para evitarlas o buscar alternativas.
Menopausia no significa resignación
Que el climaterio sea una etapa natural no significa que sea fácil. Para muchas mujeres puede ser una época muy dura y desconcertante. Pueden sentirse raras, distintas, incluso extrañas dentro de su propio cuerpo, sin comprender por qué duermen peor, sudan, cambian de humor, acumulan grasa de otra manera, pierden deseo sexual o empiezan a notar dolores y molestias que antes no tenían.
Una dificultad reconocida por muchas mujeres es llegar a esta etapa con muy poca información. Algunas saben enseguida que están atravesando el climaterio; otras pasan años intentando comprender síntomas que parecen no tener relación entre sí.
Entender que existe un posible hilo hormonal común no significa atribuirlo todo a la menopausia. Significa tenerla presente para no estudiar cada síntoma como si necesariamente hubiera aparecido solo.
Y quizá esa sea una de las mejores formas de afrontar esta etapa: entender lo que está cambiando, comprobar aquello que necesite comprobarse y elegir qué hacer con información suficiente.
Fuentes y lecturas de interés
- The Menopause Society. Documentos de posición sobre terapia hormonal de la menopausia y valoración individual de beneficios y riesgos. Consultar en The Menopause Society.
- Revisión sistemática sobre la experiencia de las mujeres durante la menopausia, incluyendo la dificultad para reconocer y comprender algunos síntomas y la necesidad de mayor información y apoyo. Consultar en PubMed.
- Fenton A. y colaboradores. Revisión sobre cambios de peso, composición corporal y distribución de la grasa durante la menopausia, incluida la tendencia a una mayor acumulación abdominal y visceral. Consultar en PubMed.
- Lee MS y colaboradores. Revisión sistemática de ensayos clínicos sobre maca (Lepidium meyenii) y síntomas de la menopausia. Los estudios disponibles mostraron resultados favorables, aunque la evidencia se consideró todavía limitada. Consultar en PubMed.
- Naseri R. y colaboradores. Ensayo clínico aleatorizado y doble ciego sobre Vitex agnus-castus en mujeres con síntomas menopáusicos. Consultar en PubMed.
- Moradi M. y colaboradores. Revisión sistemática y metaanálisis sobre Salvia officinalis y sofocos en mujeres posmenopáusicas. Consultar en PubMed.
- Hirata JD y colaboradores. Ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo sobre dong quai (Angelica sinensis) en mujeres posmenopáusicas. Utilizado solo, no mostró diferencias significativas frente a placebo para los sofocos ni efectos estrogénicos apreciables. Consultar en PubMed.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye una valoración médica individual. Los síntomas intensos, persistentes o de nueva aparición deben valorarse para descartar otras causas. Los complementos naturales también pueden tener contraindicaciones e interacciones y no sustituyen tratamientos necesarios.
Sobre la autora
Beatriz es directora de contenido de Línea y Salud. Desde hace años trabaja en divulgación sobre salud, nutrición y bienestar con un enfoque claro, práctico y pensado para lectores no especializados.


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